Número 199 - Zaragoza - Julio 2017
IN FERNEM LAND... 

GRATO PESAR. AMARGA DULZURA

Tristan und Isolde

Quisiera Dios que la noche no acabase nunca
para que mi amor no se separara de mí
ni el vigía avistara el día o la aurora.
¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Qué deprisa llega el alba!
Canción de alba medieval anónima.

 

   

 

El beso. G. Klimt

         Si, antes de abrirse el telón en el Teatro de la colina Verde, esa ola, que materialmente nos arrebata en el preludio orquestal, dejara que fuéramos algo más que pura emoción, si permitiera un solo pensamiento, es muy probable que se pareciera a éste de Feuerbach: No habría amor perfecto si no existiera la muerte

Desde las brumas celtas

Es probable que su propio sentido de la fatalidad hiciera que los pueblos celtas, valientes, arrogantes y guerreros, que habían conquistado toda la Europa occidental hacia el siglo V antes de Cristo, desaparecieran casi sin dejar rastro, bajo el poder de las legiones romanas y el empuje germánico. Pero, si los celtas desaparecieron, como tales, de la historia de Europa, su espíritu perduró en los mitos que la configuran a ella y al alma variopinta de sus gentes. Éstos aún conservan el sabor agridulce de una nostalgia que habla de tiempos que nunca volverán a ser, en los que la magia aún era posible, aunque no liberaba del dolor, la muerte ni el olvido. Uno de ellos, que se convertirá en obra cumbre del arte universal, es el que nos narra los trágicos amores de Tristán e Isolda, recogiendo un tema muy común en la mitología celta (especialmente insular): el del triángulo amoroso entre un joven, una doncella y un anciano pretendiente. Lo encontramos, entre otras, en las leyendas de Deirdre y Noise y de Diarmaid y Graine. En ambas, a las dificultades que interpone el destino para vivir libremente el amor se añadirá el recurso al hechizo en forma de geis: un terrible conjuro, una orden mágica de obligado cumplimiento, bajo amenaza de muerte o de deshonra (lo que, para un celta, es aún más grave). Ya veremos cómo el filtro de nuestra historia y el geis de las que, muy probablemente, fueron sus orígenes, tienen mucho en común.

El galo moribundo. Copia romana del bronce original

Antes del nacimiento de Deirdre (heroína irlandesa de la que tenemos noticia por un texto del siglo IX, aunque su leyenda fue posteriormente incorporada al Ciclo del Ulster), un druida profetiza que será muy hermosa pero provocará enormes desgracias. El rey Conchobar ordena que se críe apartada del mundo hasta que alcance la edad de convertirse en su esposa. Pero, llegado ese momento, se enamora de Noise que, recordando la profecía, la rechaza. Entonces le lanza un mágico geis, mediante el que consigue hacerse amar por el joven con quien huye. Por una traición del viejo rey, Noise muere y Deirdre le es devuelta, pero fallece, poco después, de tristeza y desesperación.

Triskel celta

A pesar de los evidentes parecidos con esta historia, está aún más cerca del mito de Tristán e Isolda, la leyenda de Diarmaid y Graine (de la que empezamos a tener noticia escrita en el Libro de Leinster del siglo X, aunque, después, sería incorporada al Ciclo de Fionn). Finn mac Cumail, jefe de la misteriosa y guerrera milicia de los Fianna, ya cercano a la vejez, se casa con la joven Graine, hija del rey supremo de Irlanda, pero ésta, en el banquete de bodas, hace que su criada le traiga un cáliz de oro y piedras preciosas en el que vierte un filtro mágico que, al beberlo, hace dormir a todos los invitados, con excepción de Ossian y Diarmaid. Cuando propone al primero, que es hijo de Finn, huir con ella, éste se niega ya que está obligado, por un geis, a no compartir ninguna mujer con su padre. Entonces se dirige a Diarmaid, uno de los tenientes de Finn, con el que le une un voto de lealtad y que, por ello, también rechaza los requerimientos de la joven. Pero también apela a la magia de un geis: ¡Caiga la deshonra sobre ti si esta noche no me llevas contigo!, al que no se puede resistir y que lo hechiza. Poco después, Graine le confesará que hacía ya tiempo que le amaba. La pareja huye al bosque y será perseguida durante años, hasta que el viejo jefe guerrero parece aceptar su unión e invita a Diarmaid a una cacería en la que morirá, después de ser herido por un jabalí. Finn podría haberle salvado, ya que tenía el poder de sanar a cualquiera con sólo darle agua a beber, pero niega el socorro a su rival. Se conservan versiones diferentes de esta leyenda y finales distintos, sin embargo el que nos va a resultar más cercano es el que narra cómo Graine muere de dolor al conocer la muerte de su amante y es enterrada en la misma tumba que él.

La noche, el sol, la luna

El rey Marc e Isolda. R, Flint

Para Jean Markale, comparando ambos relatos, no hay duda en que Grainne (el nombre proviene de la palabra gaélica grian, que significa “sol” -femenino para los celtas-) es el referente mítico de Isolda la Rubia, imagen, a su vez, de la antigua diosa solar céltica que da vida y calor a su amante. Por lógica, Diarmaid representaría a la luna (masculina para los celtas) y sería el modelo primitivo del  Tristán medieval. Así mismo, en Marc, el rey semilegendario de Cornualles, se puede reconocer a una primitiva divinidad de la noche y de la muerte, representada mediante la figura de un caballo (que es precisamente lo que significa su nombre en bretón y galés), que retiene prisionero a un sol que, a su vez, le será arrebatado por la luna. Recordemos que en la leyenda medieval (más concretamente en el texto anglonormando de Béroul), Marc aparece con orejas de caballo. El estudioso también aventura la hipótesis de que Tristán fuera un personaje histórico de Cornualles (como parece indicar la Piedra de Tristán, un monolito funerario de la Alta Edad Media, que se encuentra entre Tintagel y Bodmin, donde se le llama Hijo de Conomorus, otro apelativo del rey Marc, según textos hagiográficos latinos), aunque el origen de su nombre, Drustan, sea picto (es decir, de Escocia: Drus-tanos, que significa roble-fuego). Sea como fuere, se trasluce en ambas leyendas, un origen que atañe a todo el antiguo territorio céltico, aunque sólo nos fijemos en las distintas etimologías de los nombres que en ellas aparecen (salvo el de Isolda que proviene de un antiguo Ishild en el que se puede reconocer al germánico hild que significa muchacha, lo que no descartaría una influencia escandinava en la leyenda, recordemos que hay una Tristams Saga islandesa del siglo XIII).

Piedra de Tristán. Cornualles.
Siglo VI

Pero el mito de Tristán e Isolda, tal y como hoy se conoce, nos llegó a través de textos medievales, que, aunque fragmentarios, obedecen a una misma trama argumental. No sabemos si existió una narración completa de la historia que les sirviera de modelo; en cambio, si hay refundiciones de este monumental fresco: la primera y la más célebre se la debemos a Joseph Bédier en 1922: Le roman de Tristan et Yseult. Naturalmente, Wagner no llegó a conocerla, se sirvió de los poemas fragmentados medievales, especialmente del de Gottfried von Strassburg, pero no únicamente de él.

Las luces del medievo

Aquél que aún crea que la medieval es una época oscura y bárbara está condenado a ignorar la maravilla artística y cultural que fue el siglo XII en Europa; no es, por lo tanto, extraño que, en su segunda mitad, se escribieran  los primeros poemas que conforman el mito que mejor y con más belleza representa el concepto de amor en Occidente. Tal fue su éxito que, desde ese mismo instante, en todas las lenguas europeas empezaron a proliferar versiones en prosa, a la vez que no sólo todos los géneros literarios, de los más cultos a los más populares, hacían alusiones a la historia, también se dejó representar por las demás artes, hasta las meramente decorativas: no resulta excepcional encontrar en peines, tapices o cerámicas, el recuerdo trágico de los  amores de Tristán y de Isolda. 

Manuscrito del Tristán de Gottfried

Hasta principios del siglo XIII esta historia fue recogida por cuatro grandes poemas, dos franceses y dos alemanes; el primero compuesto en dialecto anglonormando (el normando importado del continente) por un autor conocido como Thomas d’Angleterre hacia 1155-1160. Desgraciadamente, sólo se conservan unos pocos fragmentos de esta versión: el final de la historia y un episodio intermedio. Como bien señala Isabel de Riquer, se trata  del lado triste de la leyenda: Tristán e Iseo viviendo separados; el matrimonio sin amor de Tristán con Iseo de las Blancas Manos y la muerte de los dos amantes. Sin embargo, podemos hacernos una idea más completa de este poema gracias a la versión en prosa que de él nos dejó, un siglo más tarde, un monje islandés: la Tristams Saga, a la que ya se ha hecho alusión. Probablemente a losa finales del siglo XII debemos la composición, también anglonormanda, de un escritor del que sólo sabemos que dice llamarse Béroul (tampoco conocemos más de sus compañeros) y de la que únicamente se han conservado 4485 versos, sin principio ni final, que corresponden a la vida de los amantes en el bosque de Morrois. El primer poema en lengua alemana corresponde al sajón Eilhart von Oberg. Del texto original, fechado hacia 1200, sólo nos quedan unos pocos fragmentos, pero conocemos la versión completa gracias a dos manuscritos del siglo XV que muestran bastantes diferencias estilísticas, pero pocas en lo que se refiere a la historia en sí. Finalmente, debemos el cuarto poema altomedieval a Gottfried von Strassburg, un alsaciano (o al menos vivió en Alsacia) que lo compuso probablemente en torno al año 1210. Su monumental obra, basada en la de Thomas d’Angleterre, como él mismo indica en los versos iniciales, quizá sea la más brillante de las cuatro; pero tampoco nos ha llegado en su totalidad, se interrumpe aproximadamente donde empiezan los fragmentos que conservamos del relato de Thomas. Como indica Victor Millet, hay quien ha defendido que Gottfried interrumpió voluntariamente su composición, pero no es verosímil que un autor medieval pudiera concebir un final abierto para su relato y menos que el público se lo permitiera. Así, lo más probable es que la muerte del autor o de su mecenas mutilara, por siempre, la obra que fue una auténtica escuela de estilística y arte narrativa para muchas generaciones de escritores, además del referente literario más directo de otra obra monumental: Tristan und Isolde de Richard Wagner.

Tristan e Isolda. Maître Luces. S. XV

Se abre el telón en el Teatro de la Colina Verde: el navío de Tristan se acerca, majestuoso, a las verdes costas de Cornualles. El rey Mark, su tío, espera impaciente la llegada del héroe: desde Irlanda le trae a Isolde, la prometida que ganó para él. Pero la melancólica canción de un marinero hiere e irrita a la futura soberana que, cuanto más próximo ve el final del viaje, más honda siente la traición de aquél a quien, por el embrujo de una mirada, eligió y perdió. Sólo queda un camino: ¡Venganza y muerte!

Isolda. F.F.B. Dicksee

 

Bibliografía

Eilhart von Oberg y Gottfried von Strassburg; Tristán e Isolda. Madrid, Siruela, 2001.
Markale, J.; La femme celte. Mythe et sociologie. París, Payot, 1972.
Markale, J.; Pequeño diccionario de mitología céltica. Barcelona, Olañeta, 1993.
Riquer I. de (Edición  cargo de); La leyenda de Tristán e Iseo. Madrid, Siruela, 1996.