Número 200 - Zaragoza - Agosto 2017
LEITMOTIVACIONES 

LA CABALGATA DE LAS WALKYRIAS (I)

El mes pasado dejamos esta sección cuando hablábamos del motivo de las walkyrias. Vale la pena señalar que Wagner destaca la segunda nota del motivo con un acento, cosa que rara vez se suele notar en las interpretaciones convencionales, donde se destacan más las últimas dos notas. Para aclarar esto, John Culshaw (productor del "Anillo" de Solti) explicaba el fenómeno en su libro "Ring Resounding" con una frase sin sentido en inglés, de la cual voy a hacer una traducción libre.

Si pronunciamos el motivo de las walkyrias con la frase: "Me doy una vuelta, doy otra vuelta, doy otra vuelta y vuelvo a caer" acentuada correctamente según la partitura, veremos que la palabra que destaca es "doy", mientras que en muchas grabaciones la melodía se acentúa incorrectamente en las dos sílabas "vuel-ta". El único momento en que se percibe perfectamente esta prosodia es cuando se juntan todas las walkyrias, momento en que los platillos refuerzan este acento. Pero no nos adelantemos.

Ya hemos visto que el motivo de las walkyrias empieza en la tonalidad de Si menor y acaba en Re mayor. Después se repite en Re mayor y acaba en Fa sostenido mayor.

Seguidamente se escuchan unas variaciones melódicas del motivo, que conservan el mismo ritmo y acaban con el motivo generador.

La primera variación melódica acaba en Si menor, mientras que la segunda acaba en Si mayor, lo cual da un aire más triunfal.

A continuación se escucha una reexposición de las dos frases construidas con el motivo de las walkyrias, pero esta vez a cargo de los trombones, en vez de las trompetas.

Tras estas dos frases, se escucha una melodía realmente espectacular y de emisión difícil para cualquier cantante: el grito de la walkyria (aquí interpretado por un oboe).

Estos dos primeros compases todavía llevan el acompañamiento del motivo de las walkyrias, en la trompeta baja y en las cuatro últimas trompas. Los dos últimos compases, en cambio, van acompañados de una curiosa figura de la cuerda aguda (violines primeros y segundos, y violas).

Esta figura es puramente ilustrativa, onomatopéyica, y no constituye un motivo. Muchos la identifican con la risa de las walkyrias, pues también suena cuando éstas se carcajean al final de la "cabalgata". Pero si nos fijamos, tiene la misma estructura que el relincho de los caballos: un principio tremolante y un final descendente. El talento de Wagner para las onomatopeyas orquestales es soberbio y este caso no es una excepción.

Quisiera destacar en este pasaje el hábil juego de "disonancias bellas" que hace Wagner. Durante el relincho de la cuerda, se tiene la sensación de estar en Mi mayor (con un omnipresente Sol sostenido); pero cuando Gerhilde pronuncia la última sílaba del "Heiha!", canta un Sol natural, lo cual genera una bella disonancia que causa sorpresa al oído y nos mantiene atentos al cambio tonal.

Aunque la voz de Gerhilde sigue declamando el texto, la orquesta sigue repitiendo el grito de la walkyria, en los violines primeros, también acompañada por el motivo de las walkyrias en la trompeta baja y las cuatro últimas trompas.

En ese momento, Helmwige responde con la variación más espectacular del grito de la walkyria, la que incluye el salto de octava al final, que constituye todo un reto para la cantante: debe apoyar muy bien la semicorchea y saltar a un Si4 y a un Do5.

Con el "Heiaha!" vuelve a repetirse toda la frase musical de la cabalgata, aunque esta vez empieza en Si mayor, en vez de en Si menor. Por eso suena más triunfal.

Una espectacular escala descendente de la cuerda (que se repite una octava más grave) culmina esta segunda repetición.

Sigue ahora un diálogo entre las walkyrias, construido sobre el motivo de la cabalgata, y con sólo unos acordes para ayudar a los cantantes. Las walkyrias comentan que sus caballos cargan con los cuerpos de dos enemigos; en el momento en que los caballos se enfrentan, se vuelve a escuchar el mismo acompañamiento del grito de la walkyria: los violines imitan ese grito, el fagot y las trompas marcan el motivo de las walkyrias, y luego la cuerda imita el relincho de los caballos.

Y por fin el último relincho enlaza con el trémolo de las maderas con el que empezaba esta pieza. El mes que viene veremos por qué vuelve a escucharse este motivo y terminaremos de explicar lo que queda de la cabalgata.


Bibliografía:

- Deryck Cooke, Der Ring des Nibelungen – An introduction, DECCA 443581-2.
- Richard Wagner Museum / Archiv, Bayreuth.
- Martin Gregor-Dellin, Richard Wagner, Alianza Editorial, Madrid, 1983.
- Richard Wagner, Die Walküre, Dover, Nueva York, 1978.
- John Culshaw, Ring Resounding, Secker & Warburg, Londres, 1967