Número 196 - Zaragoza - Abril 2017
LEITMOTIVACIONES 

MÚSICA FÚNEBRE DE “EL OCASO DE LOS DIOSES” (I)
 

“He compuesto un coro griego, pero un coro que por decirlo así llegará a ser cantado por la orquesta tras la muerte de Siegfried y durante el cambio de escena; sonará el tema de Siegmund, como si el coro dijera: éste fue su padre; después, el motivo de la espada y finalmente el suyo propio.”

Richard Wagner, mañana del 29 de septiembre de 1871

Wagner era muy consciente de lo que hacía y así lo prueba la cita que se acaba de exponer. Al decir que había compuesto un coro griego, el genio de Leipzig se refería al papel que éste tenía en la expresión de sentimientos, en el comentario de la acción, o en el recuerdo de acontecimientos. Así lo expresaba el propio Wagner en Ópera y drama:

“El coro de la tragedia griega ha cedido su importancia para el drama a la orquesta moderna sola, para, libre de toda restricción, desarrollarse en ella en la manifestación más infinitamente variada; pero a cambio de ello su aparición humana real, individual, es trasladada de la orquesta al escenario, arriba, para abrir la semilla de su individualidad humana, subyacente en el coro griego, en la máxima floración independiente como directo partícipe activo y pasivo del drama mismo.”

(Richard Wagner, Ópera y drama, pág. 309-310)

Así pues, en el ideal del drama wagneriano, es la orquesta la que asume el papel del coro griego, y es precisamente usando la técnica del leitmotiv como se logrará la expresión de sentimientos, el comentario de acciones o el recuerdo de acontecimientos que se han mencionado anteriormente: al identificar un tema musical con una situación, un símbolo, o un personaje, el compositor está en condiciones de repetirlo, variado, para recordar al espectador lo que sea conveniente desde el punto de vista dramático. El sistema es tan sencillo que parece incluso simple, pero no lo es en absoluto. De hecho, el uso de esta técnica en El ocaso de los dioses alcanza cotas de complejidad casi inauditas, incluso dentro de la obra de Wagner. No en vano el propio Wagner mostró su agotamiento tras la composición de los últimos compases de El ocaso y declaró su intención de componer cosas más sencillas.

Si hay una pieza que ejemplifica a la perfección este papel comentador de la orquesta es la misma a la que Wagner se refería en el párrafo que da comienzo a este artículo: la música fúnebre en honor de Siegfried. Como tendremos ocasión de ver, la pieza constituye casi una pequeña biografía en música, ya que se nos habla de sus padres (Siegmund y Sieglinde), se nos habla de la espada, del propio Siegfried, hasta que por fin se nos habla de su muerte y de Brünnhilde.

Por este motivo, no es extraño que sea una de las partes más populares de la Tetralogía y sea escuchada como pieza aislada en las salas de conciertos. En 1981 la película Excalibur, de John Boorman, popularizó aún más esta música (que aparecía en numerosas ocasiones a lo largo del largometraje), en la que podría ser una de las bandas sonoras mejor adaptadas de toda la historia del cine.

Tras esta introducción, vamos a empezar ya con el análisis de la “Música fúnebre” de El ocaso de los dioses.

Este “coro griego” se inicia con una pulsación de timbal en Do sostenido, con el ritmo del motivo del asesinato, que se escucha por primera vez cuando Hagen atraviesa a Siegfried con su lanza por la espalda.

Acto seguido, se escucha el segundo segmento del motivo del asesinato, es decir, la parte ascendente que interpreta la cuerda.

Esto enlaza directamente con una variación (interpretada por las tubas wagnerianas y las trompas) del motivo del vínculo de los welsungos (según denominación de Deryck Cooke), que se escucha por primera vez en La walkyria.

Después, el timbal repite solemnemente el primer segmento del motivo del asesinato y la cuerda le responde con el segundo segmento. Los fagots y los clarinetes vuelven a complementar estos compases con una nueva variación del motivo del vínculo de los welsungos.

La razón por la que Wagner escogió este motivo está clara: gracias a ese vínculo entre welsungos, Siegmund y Sieglinde se enamoran y engendran a Siegfried. De esta forma tan sutil, Wagner empieza la “biografía musical” de Siegfried.

El timbal, con su toque ominoso, nos vuelve a recordar que estamos lamentando la muerte del héroe. A continuación, se escuchan tres notas ascendentes, con expresivas pausas entre una y otra, que culminan en una exposición del motivo del asesinato, esta vez en la tonalidad de Do menor, que tiene un color realmente trágico.

Este motivo se repite dos veces más, mientras el acorde de Do menor se va plegando sobre sí mismo (durante toda la música fúnebre, no dejará de aparecer en un momento u otro, para recordarnos la pérdida del héroe). Después surge, en las tubas wagnerianas (a las que luego se añaden las trompas), lo que el musicólogo Deryck Cooke denomina “motivo de la raza de los welsungos”.

Su origen hay que buscarlo en el primer acto de La walkyria, cuando Siegmund, tras narrar su última hazaña desdichada, dice a Sieglinde: “Ahora sabes, mujer inquisitiva, por qué no me llamo Friedmund”. La música que sigue a este comentario constituye la primera aparición del motivo de la raza de los welsungos. El efecto músico-dramático es imponente: es una música que expresa la tragedia del hombre que se siente alienado en una sociedad que lo detesta. Si en La walkyria esta música consigue conmovernos por la soledad de un Siegmund deseoso de compañía y cariño en un mundo carente de amor (y también por la soledad de una Sieglinde que ha sido entregada contra su voluntad a un hombre que no la ama), en la música fúnebre nos recuerda la misma soledad de un Siegfried traicionado por todos (incluso por su buena fe, al confiar en quienes le engañarán y más tarde matarán).

Nótese, además, que, mientras suena este motivo, el timbal sigue insistiendo con el ritmo del motivo del asesinato.

Acto seguido, escuchamos otra vez el enérgico motivo del asesinato, aunque ahora en la subdominante (Fa menor). Y a continuación suena el segmento musical que va unido en La walkyria al motivo de la raza de los welsungos.

Este segmento musical es el que Siegmund canta con las palabras “Nun weißt du, fragende Frau, warum ich Friedmund nicht heiße”, justo antes de que suene el motivo de la raza de los welsungos. Las maderas lo repiten inmediatamente después. Al igual que antes, el timbal sigue marcando el ritmo del motivo del asesinato.

Así pues, vemos que, por ahora, Wagner nos ha recordado ya –en música– que estamos cantando la muerte de un héroe (motivo del asesinato), que el héroe es un welsungo (vínculo de los welsungos), y que fue concebido por dos seres que tenían en común una existencia solitaria y sin cariño, incomprendida por los demás, y un amor sincero el uno por el otro (motivo de la raza de los welsungos).

El mes que viene veremos cómo empiezan a aparecer los recuerdos de la identidad de Siegfried en esta “biografía musical”.

 

Bibliografía:

- Deryck Cooke, Der Ring des Nibelungen – An introduction, DECCA 443581-2.
- Richard Wagner, Die Walküre, Dover, Nueva York, 1978.
- Richard Wagner, Götterdämmerung, Dover, Nueva York, 1982.
- Richard Wagner, Ópera y drama, Centro de documentación de las Artes Escénicas de Andalucía/Asociación sevillana de los amigos de la ópera, Sevilla, 1997. Traducción de Ángel-Fernando Mayo Antoñanzas.
- Martin Gregor-Dellin, Richard Wagner, Alianza Editorial, Madrid, 1983. Traducción de Ángel-Fernando Mayo Antoñanzas.