Número 197 - Zaragoza - Mayo 2017
LEITMOTIVACIONES 

OBERTURA DE TANNHÄUSER (I)

Este mes empezamos el análisis de una nueva obra. La elección más adecuada me ha parecido Tannhäuser, ya que la trajeron al Teatro Real en junio y se ha estrenado una nueva producción de dicha obra en Bayreuth. Además, ha sido una de las obras más populares de Wagner (en ocasiones, la prensa de su época se refirió a él como “el revolucionario compositor de Tannhäuser”). Y dentro de esta obra, nada más famoso que su obertura.

Me he decidido por la versión llamada “de Dresde”, no sólo porque ha sido la versión escogida tanto en el Teatro Real como en el Festspielhaus, sino porque musicalmente es más homogénea y resume mejor la trama de la obra (al acabar con la redención de Tannhäuser).

Antes de empezar, quisiera advertir que, al ser Tannhäuser una ópera romántica y no un drama musical, no tiene unos leitmotivs que funcionen de la misma forma en que lo harán a partir de El oro del Rin; por ello también resulta más difícil su etiquetado. No obstante, a la hora de nombrar los temas o motivos, me basaré en las indicaciones del Libro de los motivos  (ver bibliografía).

La obertura empieza con el tema de la salvación celestial.

La orquestación es oscura (2 trompas de válvulas, 2 clarinetes y 2 fagots), para figurar el canto lejano de los peregrinos. (Como anécdota, quisiera comentar que Wagner especificó que quería dos trompas de válvulas y dos trompas naturales; hasta este punto cuidaba Wagner el color en su orquestación). Este frase se repite una vez más, variada, un tono más aguda.

La segunda parte de este tema de la salvación celestial es una melodía sencilla, basada en dos notas.

Podría sonar monótona, pero con el complemento de la armonía, resulta magistral.

Y por fin se llega al tercer y último segmento de este tema, que está basado en elementos rítmicos del primero (negra en anacrusa seguida de blanca, tresillo de corcheas seguido de tres negras).

Tras dos compases de cadencia y transición, aparecen los violonchelos, con el tema de la penitencia, cantado por los peregrinos cuando hacen su aparición.

El acompañamiento también es característico.

Esta primera vez suena en Mi menor; luego se repite una segunda vez en Sol menor; y una tercera vez en Si bemol menor. Después sigue con una melodía cadencial que desciende y asciende.

Ahora se repite este tema de la penitencia, pero con una orquestación más clara. La melodía la llevan los violines (a dos octavas) y las violas, mientras que la armonía está a cargo de los oboes, clarinetes y chelos, y el bajo lo hacen los contrabajos y los fagots.

Entonces aparece una melodía en los oboes, sobre un ritmo en tresillos de la cuerda, que lleva directamente a una nueva exposición del tema de la salvación (conocida popularmente como “coro de los peregrinos”), pero esta vez ya con toda la orquesta. La melodía queda a cargo de los trombones; violas, maderas y trompas hacen la armonía y marcan el ritmo, mientras que contrabajos, chelos y tuba hacen el bajo. Los violines primeros y segundos van marcando un figura ágil que parece representar el sufrimiento que conlleva la penitencia del pecador. A falta de otro nombre (el Libro de los motivos no lo incluye), me referiré a esta figura con la etiqueta “tema del sufrimiento”.

Con tal significado aparecerá dicha figura en el preludio del tercer acto, que describe la peregrinación de Tannhäuser a Roma.

Dicha figura no es más que una ligera extensión, a mucha más velocidad, del tema de la penitencia, que ya hemos escuchado con anterioridad (basada en un salto de octava ascendente y luego varios pasos descendentes por grados conjuntos).

A modo de curiosidad, vale la pena mencionar que este salto de octava ascendente con descenso por grados conjuntos se repite en otra obra de Wagner muy posterior: Parsifal. Concretamente, en el “Encantamiento del Viernes Santo”, cuando Gurnemanz pronuncia las palabras: “doch wohl, wie Gott mit himmlischer Geduld sich sein erbarmt’ und für ihn litt”.

Pero volvamos a la obertura. Tras los dieciséis compases que dura el coro de los peregrinos, se vuelve al tema de la penitencia (interpretado por violines segundos y violas), acompañado por el tema del sufrimiento en los violines primeros, mientras la armonía queda a cargo de las maderas y trompas. En la segunda repetición, para dar más impresión de alejamiento (los peregrinos que se marchan), la orquestación se hace más oscura: la melodía pasa a los chelos, una octava más grave; de las maderas han desaparecido los instrumentos más brillantes, quedando sólo los fagots y los clarinetes; y el tema del sufrimiento pasa de los violines segundos a las violas.

Por fin, se repite entonces, con suma delicadeza, el tema de la salvación celestial en piano, casi de idéntica forma a como se interpretó en los primeros compases de la obertura y exactamente con la misma orquestación. Cada cuatro compases aparece la indicación più p, para aumentar la sensación de lejanía. Tras ocho compases, las trompas dejan de sonar, quedando así sólo los clarinetes y los fagots; el menor volumen de estos respecto del de las trompas, contribuye aún más a esa sensación de alejamiento.

Es en este momento cuando empieza la música del Venusberg, pero esto será el tema de nuestro próximo artículo, el mes que viene.

 

Bibliografía

- Richard Wagner, Tannhäuser, Dover, Nueva York, 1984.
- Richard Wagner, Parsifal, Dover, Nueva York, 1986.
- Das Buch der Motive (El libro de los motivos), volumen 1, Schott, Mainz, 1920.