Número 202 - Zaragoza - Octubre 2017
LEITMOTIVACIONES 

WAGNER EN OTELLO DE VERDI

Esbozos para un estudio de la posible influencia de Wagner en el Otello de Verdi

Antes de empezar, quisiera dejar claro que muchas de las ideas que voy a plasmar en este artículo son meras hipótesis, que necesitarían de una confirmación mediante el estudio de numerosos documentos biográficos y de la época.

La controversia sobre la influencia de Wagner en el último Verdi no es nueva, si bien en muchos casos no es más que una sucesión de tópicos, por lo general no muy razonados. Los partidarios de Verdi se suelen defender diciendo que Verdi no tuvo mucho conocimiento de las obras de Wagner: es ya un tópico la anécdota que relata que en Viena escuchó la obertura de Tannhäuser y le pareció “un disparate”. Cuando Verdi asistió a una representación de Lohengrin en Bolonia, el 19 de noviembre de 1871, también se llevó una impresión general negativa. Sin embargo, no le veo sentido que un hombre que se refirió a Wagner (al día siguiente de su muerte) como “un nombre que deja tras sí una profunda huella en la historia” siguiera pensando que la obertura de Tannhäuser era un disparate. Parece lógico pensar que hubo algo entre 1875 y 1883 que hizo a Verdi cambiar de opinión.

¿Qué pudo ser?

Las posibilidades podrían ser muy variadas. Sería interesante hacer un seguimiento minucioso de los conciertos y las representaciones a las que acudió Verdi, puesto que quizá pudo escuchar más música de Wagner. No olvidemos que, sólo en Bolonia, hasta 1883 ya se habían representado Lohengrin, Tannhäuser, Rienzi, y El holandés errante, Por otro lado, es muy probable que el contacto entre Verdi y Boito, renovado desde que se juntaron en 1879 para trabajar en Otello, implicara un conocimiento más profundo de la música de Wagner por parte de Verdi, pues Boito fue un gran admirador de Wagner y es de suponer que tendría partituras del compositor alemán.

Pero centrémonos ya en la obra. ¿Qué hay en Otello que pudiera asociarse con Wagner?

En el plano dramático-musical, es evidente que esta ópera supuso un enorme avance de Verdi en la unión del drama y la música. Hay menos números aislados que en Aida y el desarrollo dramático apenas se ve interrumpido por estos. No obstante, sería muy superficial tildar este hecho de “influencia wagneriana”, puesto que la evolución de la ópera en el siglo XIX tendía a este fin.

También sería superficial afirmar que el fenomenal carácter descriptivo de la música de Verdi en muchos momentos de Otello (como el tormentoso inicio de la ópera) se debe a Wagner, pues ya hay momentos descriptivos muy logrados en obras muy anteriores (como el coro a boca cerrada que imita el viento en Rigoletto). No obstante, aquí ya se puede empezar a hacer ciertas puntualizaciones. Por ejemplo, cabría preguntarse si el “cluster” de pedal de órgano (Do-Do sostenido-Re graves), que se alarga desde ese tormentoso principio de Otello durante 255 compases, habría sido posible sin el “osado” precedente del pedal de Mi bemol de 157 compases, con el que empieza El oro del Rin. Pese a todo, esto es una pregunta de imposible respuesta y jamás podría constituir prueba de una presunta influencia wagneriana.

Otro detalle curioso es que el papel de Otello tiene unos requisitos vocales que se ajusta más al canon wagneriano: es de una extensión temible y exige una resistencia y matices parecidos a los que puede acometer un heldentenor. Grandes tenores wagnerianos han sido intérpretes históricos de Otello: Melchior, Lorenz, Windgassen y Vinay. Sin embargo, esto tampoco permite hablar de clara influencia wagneriana, pues el compositor pudo sentirse simplemente impelido a escribir la música que su instinto dramático le pedía, despreocupándose de si habría alguna voz que pudiera cantarlo (aunque alguien podría decir que esta actitud es semejante a la de Wagner, cuando compuso el Anillo).

Pasemos ya a la partitura. En ella sí se pueden observar ciertos momentos en los que la música tiene influencias wagnerianas. José María Martín Triana defendía que Otello no debía nada a Wagner “a pesar de que determinados críticos afirmen lo contrario basándose únicamente en el sonido wagneriano del tema del beso”. Por mi parte, me pregunto cómo es posible que los críticos sólo perciban el sonido “wagneriano” de ese tema, cuando hay más coincidencias.

El tema del beso tiene una gran influencia de Wagner, concretamente del interludio orquestal que, en los “Adioses de Wotan”, sigue a las palabras “als ich, der Gott”. Si ahí nos fijamos en la orquestación, veremos que la melodía en Wagner la ejecutan 3 flautas, 3 oboes, el corno inglés, 3 clarinetes y el clarinete bajo, mientras los acordes corren a cargo de las trompas, los fagots y la cuerda en trémolo. En el tema del beso verdiano, la melodía está en el oboe, el clarinete y los violines primeros, mientras los acordes los marcan las trompas, los fagots y la cuerda en trémolo. Evidentemente la orquestación de Verdi es menor, pero el color es muy semejante: viento madera para la melodía sobre acordes de trompas y cuerda en trémolo.

Tanto el tema verdiano como el wagneriano están en Mi mayor.

El tema verdiano, al igual que el wagneriano, consta de una frase de dos compases y en el segundo compás siempre hay dos notas descendentes en grados conjuntos, la primera de las cuales es la nota más alta de la frase musical, y que aparece tras un salto ascendente.

A continuación, ambos temas siguen repitiendo esa misma frase ascendiendo un poco más.

La última frase de los dos temas se diferencia en la longitud (2 compases la de Verdi, 6 la de Wagner), pero en todo caso sigue habiendo semejanzas: en ambos casos se empieza en la misma nota de la primera frase (Do sostenido en el tema verdiano, Mi en el wagneriano) y se alcanza el clímax en la nota más aguda, siendo esta un Do sostenido, al que sigue luego el siguiente descenso: Si, Sol sostenido, Mi, Si grave.

Así pues, es evidente que entre el tema del beso de Otello y este interludio orquestal de los “Adioses de Wotan” hay algo más que un “sonido wagneriano”.

Como puntos comunes adicionales, podría hablarse de su armonía cromática y de su línea de bajo que se desplaza por grados conjuntos. Sin embargo, esta semejanza es más superficial y no refleja una influencia tan clara como la anterior.

El mes que viene seguiremos viendo más ejemplos de música del Otello verdiano con posible influencia wagneriana.

 

Bibliografía:

- Richard Wagner, Die Walküre, Dover, Nueva York, 1978.
- Giuseppe Verdi, Otello, Dover, Nueva York, 1986.
- Charles Osborne, Verdi, Salvat Editores, Barcelona, 1987.
- José María Martín Triana, El libro de la ópera, Alianza Editorial, Madrid, 1987.
- Richard Wagner, Das Rheingold, Dover, Nueva York, 1985.
- http://www.comune.bologna.it/iperbole/accfilbo/testi/wagner_e_wagnerismo.htm