Número 193 - Zaragoza - Enero 2017
LEITMOTIVACIONES 

PRELUDIO DEL ACTO I DE LOHENGRIN

Se suele decir que Lohengrin es la última ópera romántica de Wagner y la que marca la transición hacia el drama musical. Escuchando el preludio del primer acto, desde luego, la afirmación se hace indiscutible. Una larga melodía, lenta y deliciosa, se desarrolla desde una mínima orquestación de violines en divisi hasta llegar a toda la orquesta, para luego ir reduciéndose una vez más al mínimo sobre los violines, en uno de los crescendos/diminuendos más logrados de la historia de la música.

El preludio empieza con dos exposiciones (durante cuatro compases) de un acorde de La mayor en los violines en divisi, en oboes y flautas, y luego en los armónicos de cuatro violines solistas. Esta instrumentación es la que consigue lo que Thomas Mann llamaba el “color azul plateado” de esta obra.

A continuación, se escucha el primer motivo.

Como se ve, consta de un salto de cuarta y de otro de segunda. La figura rítmica inicial va a aparecer muchas veces en esta obra.

El siguiente motivo le resultará muy familiar a todo conocedor del Anillo del nibelungo, pues incluye la segunda parte del Motivo de Freia:

Sobre la aparición de este Motivo de Freia en Lohengrin, ya escribí en mi artículo Vocabulario wagneriano, por lo que invito a su lectura al lector interesado.

Además del Motivo de Freia, también se puede observar más intervalos de segunda, así como un tresillo descendente por grados conjuntos (una figura que también se repetirá profusamente durante la obra).

A continuación, se escucha una ligera variación del período musical que acabamos de escuchar, al tiempo que se expande:

Como se ve, se mantiene el intervalo de segunda inicial, así como el Motivo de Freia (con el ritmo ahora en tresillo) y el tresillo descendente por grados conjuntos. La armonía, que hasta ahora había sido sencilla, casi basada en acordes básicos, se hace un poco más compleja.

Seguidamente, suena otra ligera variación del período musical:

que sigue incluyendo el motivo de Freia (variado) y el tresillo descendente por grados conjuntos. La armonía aquí alcanza el máximo de tensión, con pasos cromáticos de gran efecto, y con la parte del bajo que sigue una escala cromática ascendente.

Hasta aquí tendríamos la primera frase (ocho compases) de todo el tema. Ahora, vamos a ver la segunda frase, que consta de otros ocho compases.

En el primer compás de esta segunda frase, volvemos a escuchar el intervalo ascendente de segunda (que nos recuerda la frase anterior), seguido de un arpegio ascendente en Fa sostenido menor.

Sigue un arpegio descendente en Do sostenido mayor y luego Mi mayor, hasta llegar a la nota Si. Desde esa nota sigue una escala en Mi mayor hasta llegar al La. Aquí tenemos una modulación de la dominante doble (Si mayor) a la dominante (Mi mayor), que luego pasa a la dominante con séptima (Mi mayor con séptima menor). Todo esto desemboca una vez más en el La mayor.

Durante todo este pasaje, al contrario que en los anteriores, no parece haber una melodía clara y basada en los motivos principales, parece no ser tan lírico como lo anterior. Pero esto no es tan raro si se piensa que Wagner compuso el preludio después de acabar toda la obra. Este pasaje es en realidad la parte que acompaña a Lohengrin en su narración, cuando habla de la paloma que desciende sobre el Grial.

Inmediatamente después, vuelve el lirismo, de la mano de la célula inicial, con sus saltos de cuarta y segunda ascendentes.

Y por fin, la cadencia se lleva a cabo con un descenso por grados conjuntos (en algunas ocasiones por pasos cromáticos), tanto en la melodía como en el bajo.

Dicho uso de los grados conjuntos y los pasos cromáticos constituye un anuncio del estilo que llevará a una obra tan revolucionaria como Tristán e Isolda. Por otro lado, una de las mayores peculiaridades de este preludio es el uso de las síncopas. Los temas wagnerianos suelen tener los acentos en las partes fuertes del compás, pero este preludio es casi único en la producción de Wagner por las síncopas (esto es, las notas suenan en las partes débiles del compás) que hay, tanto en la melodía como en el acompañamiento.

En el próximo artículo, seguiremos analizando el preludio, donde podremos ver los cambios de color a través de la diferente orquestación y la mayor abundancia de síncopas.

 

Bibliografía:

- Richard Wagner, Lohengrin, Dover, Nueva York, 1982