Número 195 - Zaragoza - Marzo 2017
IN FERNEM LAND... 

LOS ROSTROS DEL DESTINO
 

Tejemos, tejemos
La tela de la lanza.
Allí donde avanza el estandarte
De los viriles combatientes,
No dejaremos
Que sus vidas se nos escapen.
La walkyrias tenemos el derecho
De escoger a los muertos.
Canción de la lanza.
Saga de Njáll.


Brynhild, la walkyria. A. Rackham

Wotan, armado de pies a cabeza, manda a quien es su deseo y su voluntad, a Brünnhilde, a una encarnizada lucha en la que deberá elegir la victoria para Siegmund. El dios ha engendrado una raza de héroes libres que librarán al mundo del odio de Alberich recuperando el anillo maldito. Alegre y orgullosa, la walkyria entona su grito de guerra y se dispone a cumplir la misión que el Padre de los Ejércitos le acaba de encomendar; pero Fricka, la guardiana del matrimonio, entra en escena con razones contundentes: el amor de los völsungos, adúltero e incestuoso, no puede ser bendecido por el que reina gracias a los pactos, y no es libre un hombre protegido e inspirado por un dios; por lo tanto, la victoria ha de ser para Hunding. Pasando del dolor a la desesperación y, de vuelta, al dolor, Wotan exige a la walkyria que, por su obra, caiga el héroe.

Walkyrias           

Cabalgada de las walkyrias. Autor desconocido

Entre las figuras más características, fascinantes y ambiguas de las mitologías del Gran Norte destacan las walkyrias; su nombre define perfectamente su función: Kyria, "la que escoge" (de kjósa, escoger) a los valr: sustantivo genérico que designa a "los muertos", muertos en el combate o en sacrificios a divinidades guerreras. Son, pues, las encargadas de Odín para señalar a los héroes que deben caer en el campo de batalla e, inmediatamente después, llevarlos al Walhall (imagen que nos presenta Wagner en su famosa Cabalgada de las walkyrias (1), en la Primera Jornada del Anillo del Nibelungo), en donde les servirán cerveza e hidromiel, lo que nos hace inmediatamente pensar en las orientales apsarâs, que alegran con danzas y soma embriagador el paraíso de Indra (curiosamente, también eran las emisarias del dios hindú, y su extraordinaria belleza servía para seducir a los ascetas con el fin de que no obtuvieran un poder superior al de él). Pero las apsarâs, antepasadas quizá de las walkyrias, sin embargo no comparten sus atributos guerreros y éstos son precisamente los que las definen por encima de todos los demás: enteramente armadas y blandiendo la lanza odínica, surcando los aires y las aguas con sus caballos mágicos, están en la primera línea de cualquier batalla, enardeciendo con sus encantos el coraje de los héroes y marcándoles su glorioso destino.

 

Walkyria. P. Nicolai

            Al joven guerrero, que aún no quisiera gozar del paraíso de Odín, se le recomienda, como  en el Hávamál (Dichos de Har) de la Edda Mayor, no mirar al cielo durante la lucha, no fuera a ser que llamara la atención de una de estas belicosas divinidades. Sin embargo, no había mayor gloria para el varón nórdico que la de caer en el combate, por lo que las walkyrias no fueron sentidas, en la mayoría de los casos, como figuras temibles y sangrientas, sino como seres sobrenaturales que propiciaban a los valientes el más grande de los destinos: formar parte de la tropa de einherjar (combatientes únicos), la élite guerrera que luchará junto a Odín en la batalla suprema del Ragnarök. Así, no es de extrañar que el héroe del Gran Norte salude a la muerte con una sonrisa, como lo recuerda un viejo poema escáldico:

 Pronto beberé          la bebida de los dioses.
Las horas de vida     han transcurrido,
caigo, pero              moriré sonriendo.

Sin embargo, no se puede descartar, sobre todo mediante el estudio del significado de sus nombres (se han encontrado 38, entre Eddas y Sagas), que, en tradiciones anteriores a las escritas, en el estadio más primitivo de la mitología escandinava, estas figuras míticas pudieran haber representado, en un primer momento, a almas de cadáveres que proveían de otros muertos el Más Allá y, posteriormente, a feroces espíritus hembra al servicio de los dioses de la guerra (Gunnr "Combate", Hildr "Batalla", Sigrún, "Runa del combate", etc.) o bien implacables sacerdotisas que sacrificaban a los poderes de la muerte mediante artes mágicas (Gondul "La que utiliza encantamientos", Herfjötur "La que paraliza el ejército mediante lazos mágicos", etc.).  Ya en una época más avanzada, se iría asentando su naturaleza de mensajeras de la voluntad de Odín (Baudihillie, "La que ordena las Batallas") como señor, no sólo de los combates, sino también de los destinos individuales. Y es precisamente esta característica de divinidades del Destino (esa fuerza suprema del panteón nórdico) la que las sitúa en estrecha relación con:

Las nornas y las disas

            Resulta significativo que, en la Völuspà de la Edda Mayor, se nombre como walkyria a Skuld ("Futuro"), la más joven de las nornas; así que, unas y otras se confuden muy a menudo. Parece ser que la extendida creencia (Wagner pensaba así) de que las nornas fueran únicamente tres (Urdr "Pasado", Verdandi "Presente" y Skuld) se debe a un influjo grecorromano, ya que tanto las moiras como las latinas parcas, las que hilan, tejen y cortan el hilo de la vida de cada uno de los mortales, igual que sus compañeras del Gran Norte, son tres. Pero, el propio Snorri, al hablarnos de estos personajes, en el Gylfaginning, nos recuerda que hay muchas más, pertenecientes a la raza de los dioses, de los elfos y de los enanos. Dependiendo de su bondad o maldad, la vida de los mortales, que "apadrinan" en el momento de nacer (vienen a cada niño que nace para hacerle su vida, tema que aparece en el cuento de la Bella Durmiente), será buena o mala. De lo que no cabe ninguna duda es de que tienen en sus manos el destino de todo lo que vive, incluyendo el de los dioses, y de que sus decisiones son inapelables, lo que las distingue de las walkyrias que deben obedecer ciegamente a la voluntad de Odín, ya que son sus mensajeras (no sus hijas, como en el caso de Wagner; en los textos nórdicos, suelen aparecer como hijas de reyes).

Nornas. von Stassen

Walkyrias. Autor desconocido

De todas formas, vemos los estrechos lazos que emparentan a nornas y walkyrias en la magnífica Darradarljód (Canción de la Lanza) que se encuentra en la Saga de Njáll, compuesta en las islas del Atlántico Norte, en el siglo XIII,  y referida a la batalla de Clontarf (1014) en la que venció y, a la vez, murió el rey irlandés Brian. Poco antes de la famosa contienda, un hombre vio a doce jinetes cabalgar hacia un pabellón de damas, donde desaparecieron. Hasta allí se le ocurrió seguirles y, por una abertura, vio a doce mujeres frente a un tejido montado en un curioso telar; los contrapesos eran calaveras, las tramas y cadenas: intestinos, el batán: una espada y la lanzadera: una flecha. Cuando las singulares tejedoras acabaron su trabajo y acallaron sus cantos salvajes, desprendieron del telar el fatídico tapiz, en el que estaba inscrita la suerte de los combatientes, y cada una guardó un trozo. Apresurándose a ejecutar los designios del destino, galoparon hacia la batalla.

Tan inexorables como nornas y walkyrias, pero con una cara más tranquila, se nos presentan las disas, divinidades tutelares encargadas de velar por la prosperidad de un clan, una familia o un determinado individuo. También de posible origen hindú (estarían emparentadas con las potencias orientales de la fecundidad: las dhísanas), aparecen más en los topónimos (lo que atestigua la importancia del culto que se les rendía) y en las sagas que en las Eddas (donde, sin embargo, la propia Freyia es denominada Disa de los vanes),  y nos siguen mostrando hasta qué punto el hombre del norte reverencia al destino (la antigua lengua escandinava lo expresa con más de catorce palabras distintas) que, del nacimiento a la muerte, del hogar al campo de batalla, del individuo al clan, se le presentaba en forma de seres todopoderosos, fascinantes y sobrenaturales.

Por fin, en una época más reciente y conforme a ese lento proceso de antropomorfización que suelen sufrir las mitologías, las walkyrias se fueron haciendo más humanas: empezaron a cuidar de los guerreros en el Valhall (Ölrún: La que sirve la cerveza), vistieron ropajes de cisne (Svánhvit: La blanca como un cisne), se enamoraron de mortales y alguna hasta desobedeció a Odín.

La mujer-cisne

Wieland el herrero. M. Koch

            El mito que más claramente nos presenta a estas walkyrias es el de Wieland el Herrero: uno de los más extendidos por todos los antiguos territorios germánicos y uno de los más populares durante la Edad Media. La Edda Mayor, en el Völundarkvida (Cantar de Vólundr), nos relata cómo tres hermanos, hijos del rey de laponia, descubren, junto a un lago, a tres mujeres hilando; es decir, rigiendo las suertes de los hombres. Al lado de ellas se encuentran sus vestidos de cisne. Podríamos pensar que se trata de nornas por su actividad (ya hemos visto cómo se confunden ambas figuras míticas), pero los ropajes de cisne nos desvelan su naturaleza de walkyrias, lo que confirma el canto. Los tres hermanos las tomaron por esposas.

Aunque en la Edda esto no se relata, dice la tradición que cuando un hombre se apodera de uno de estos vestidos de plumas y lo esconde, la walkyria, al no poder ponérselo y levantar el vuelo, acepta casarse con él. Sin embargo, al cabo de siete años de matrimonio, las tres mujeres-cisne debieron encontrar sus ropas mágicas porque se fueron volando en busca de batallas y ya no regresaron. Una de ellas, Álvit (Toda sabia), era la esposa de Vólundr (el Wieland germánico) y mientras sus dos hermanos se fueron en busca de sus respectivas mujeres, él se quedó solo en el Ulfdálir (Valle de los Lobos), consagrándose al arte de la forja, en el que llegó a la mayor de las perfecciones, labrando preciosas anillas de oro para su esposa, con la esperanza de que regresara algún día.

Pero el ambicioso rey Nídud secuestró al artesano, adornó a su hija con la joya que debía ser de la walkyria, a instancias de su mujer le hizo cortar los tendones por las corvas y lo recluyó en un islote, donde era obligado a fabricar todo tipo de piezas valiosas. Su venganza no se hizo esperar: mata a los hijos del rey, cortándoles las cabezas que convierte en copas, y se las regala, recubiertas de plata;  talla con sus ojos piedras preciosas que ofrece a la reina y, con sus dientes, labra broches para la hija de ambos, a la que viola antes de emprender el vuelo con unas mágicas alas que sólo su pericia podía forjar.

Wagner llegó a considerar este mito como argumento para una ópera heroica, pero nunca llegó a componer su música.

Ya hemos visto (La sangre de los Völsungos), cómo el más afortunado de los hijos de Sígmund, Helgi, se enamora y se casa con la walkyria Sigrún. Pero aún nos queda por ver cómo uno de estos rostros del destino también puede ser castigado por enfrentarse al Destino mismo.

La espina del sueño

            En un precioso canto de la  Edda Mayor, del que tendremos más ocasiones de hablar: los Sigrdrífumál (Dichos de Sigrdrifa), la walkyria que lleva este nombre (significa La que aporta la victoria), y que también se conoce como Brynhild (La que combate con la coraza, la Brünnhilde germánica), tenía, por mandato del Padre de las Batallas, que darle la victoria en la lucha al rey Gúnnar el del Yelmo, un viejo  y terrible guerrero. Pero al ver a su contrincante, el rey Ágnar, joven y desvalido, tanto se apiadó de él que desobedeció la voluntad del rey de los dioses. Éste, furioso, pinchó a la walkyria con la espina del sueño (algunos dicen que es una varita mágica, grabada con runas, que tiene el poder de rendir la consciencia), no sin antes decirle que ya nunca más daría la victoria en una batalla y que sería entregada en matrimonio, lo que, para una virgen guerrera, no era el más glorioso de los destinos... A no ser que, antes de entregarse al sueño mágico, hiciera un solemne juramento, ¡y Sigrdrifa lo hizo!: no desposarse con hombre alguno que conociera el miedo...       

El dolor de Brünnhilde. A. Rackham Los adioses de Wotan. F. Leeke

     


(1) Empleo el término cabalgada y no el erróneamente extendido de cabalgata, a causa de su carácter bélico. Según el diccionario de la R.A.E. (el único normativo en nuestra lengua), "cabalgada" se refiere a: 1. Tropa de gente de a caballo que salía a correr el campo. 2.Servicio que debían hacer los vasallos al rey, saliendo de cabalgada por su orden. 3. Despojo o presa que se hacía en las cabalgadas sobre las tierras del enemigo. 4. Jornada larga a caballo. 5. Larga marcha que realizan varias personas a caballo. 6. Correría de guerra. Todos sabemos que las walkyrias son divinidades guerreras que, por orden del rey de los dioses, salen a correr los campos para hacerse con un botín de héroes muertos. Sin embargo, el término "cabalgata" significa: 1. Reunión de muchas personas que van cabalgando. 2, Desfile de jinetes, carrozas, bandas de música, danzantes, etc. Efectivamente, en la Cabalgada de las Walkyrias de Wagner hay música, pero dista mucho de ser la Cabalgata de Reyes.

Bibliografía

Edda Mayor; Madrid, Alianza Editorial, 2000.
L’Edda poétique. Textes présentés et traduits par Régis Boyer; París, Fayard, 1992.
Sturluson, S.; Edda Menor. Madrid, Alianza Editorial, 2000.

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