Número 194 - Zaragoza - Febrero 2017
IN FERNEM LAND... 

LA ESTIRPE DE GIBICH
 

Queda el fruto de la Malicia
Bermejo y sabroso;
El Cuervo ha construido su nido
En lo más profundo de su sombra.

El hombre esencial. W. Blake.

 

 
El palacio de Gibich. B. Brüggemann

Mientras el héroe deja la roca de Brünnhilde soñando con la gloria de futuras hazañas, en el escenario de la Colina Verde, la sala de un hermoso palacio se abre a las riberas del Padre Rin. Sobre dos tronos, Gunther y Gutrunne, los hijos de Grimhild y Gibich. Frente a ellos, Hagen, el bastardo, hijo de Grimhild y del enano Alberich. Su siniestro tema domina una orquesta que no tarda en dejarnos intuir la magia engañosa del Tarnhelm, del Filtro y de la Trampa del amor (Liebesschlinge). Resulta difícil evitar un escalofrío cuando resuenan, tan cerca el uno del otro, los motivos de Siegfried y de la Maldición.

Pero a estos nuevos personajes de la Tetralogía wagneriana la tradición del Gran Norte no nos los presenta, ni mucho menos, tan deplorables. Muy al contrario: ellos también son auténticos héroes que encarnan todas las virtudes germánicas. Lo que no debemos olvidar es que estas virtudes no tienen por qué adaptarse a nuestra propia valoración moral de los acontecimientos o corresponder con lo que la cultura a la que pertenecemos etiqueta bajo la dictadura de lo “políticamente correcto”.

Freyia. J. Penrose

 

Los hijos de Giuki

Ya aparece el nombre de Gúnnar (equivalente escandinavo de Gunther) en el Hyndluljód (Canto de Hyndla), una de las más sorprendentes creaciones de la Edda Mayor,  en la que Freyia, la diosa del amor y de la magia (Un osado y joven dios), convierte a su amante Óttar en un jabalí de crines de oro (haciéndole, pues, pasar por uno de los emblemas de su hermano Frey, como vimos en El poder y la gloria); cabalgándole, visita a una giganta para que, gracias a su videncia, relate la genealogía del joven y, así, éste pueda ganar una apuesta sobre la legitimidad de su patrimonio. Hyndla descubre el engaño de Freyia, pero accede a regañadientes a su deseo, y es en su relación de dioses y héroes emparentados con Óttar en donde encontramos, por primera vez en las Eddas, a Gúnnar y a Hogni (el Hagen germánico), hijos y herederos de Giuki (Gibich) y a su hermana Gutrun (Gutrunne). Lo curioso es que en la estrofa que se refiere a estos héroes, se menciona también a Góttorm, recalcando que aunque se trate del hermano de los anteriores, no es, sin embargo hijo de Giuki como ellos. Podríamos pensar que, en los poemas éddicos, se separa al que va a ser el asesino de Sígurd de la estirpe legítima de Giuki, pero no es así. El que Góttorm aparezca como hermanastro de los anteriores evita el parentesco entre él y Sígurd, tras su matrimonio con Gutrun, y, así, Gúnnar y Hogni podrán pedirle que mate al héroe, cumpliendo la ley de la venganza, que reclama Brýnhild, sin contravenir por ello la del honor familiar. Pero esta historia, que también recogen Snorri, en el Skáldskaparmál (Lenguaje del arte escáldico) de su Edda Menor, y diez de los cantos heroicos de la Edda Poética, se nos relata, con ligerísimas variaciones pero mayor precisión y coherencia, en la Volsunga Saga.

La fraternidad sagrada

Justamente la primera variación es que, en el texto noruego, Góttorm sí aparece como hijo de Giuki, pero se encuentra ausente del reino de su padre (que se extendía al sur del Rin) en el momento en el que Sígurd llega a él y jura una fraternidad de sangre con Gúnnar y Hogni. Es por ello por lo que sus hermanos le eligen como vengador de la walkyria, ya que un pacto de estas características era una de las ceremonias más mágicas y sacras que realizaban los pueblos del norte y, de ninguna manera, se podía contravenir.

Hagen. B. Brüggemann.

No se trataba simplemente de mezclar, en el mismo cuerno, la sangre de los juramentados con vino y beber, como nos presenta el Primer Acto del Crepúsculo de los dioses, sino de un rito bastante más elaborado que se conocía como: Fóstbraedralag (Juramento de fraternidad). En esta operación mágica, cada uno de los oficiantes se abría una vena y mezclaba su sangre con la tierra en el lugar mismo en el que se habían arrancado dos trozos de césped que luego se juntaban en forma de V invertida. Los nuevos hermanos, pronunciando una fórmula ritual,  debían de pasar por debajo de esta especie de puente (al que llamaban Collar de Tierra) lo que representaba su nuevo “nacimiento” del seno de la Madre Erda. El lazo que se adquiría a través de esta ceremonia era indisoluble y obligaba a cada uno a abrazar las causas del otro, así como a vengarle, llegado el caso. Éste es precisamente el tema de la Fóstbraedhrasaga (Saga de los Hermanos Jurados) en la que el protagonista llega hasta Groenlandia con el único fin de restituir el honor de su fallecido hermano de sangre por medio de una venganza.

Durante la Tercera Jornada de la Tetralogía, en el espléndido momento musical, a la vez juvenil y alegre pero también profundamente inquietante, en el que Siegfried y Gunther juran su hermandad, Hagen rehúsa participar en la ceremonia aludiendo a la impureza de su sangre. Como estamos viendo, su referente mítico es doble, Wagner reúne en uno solo los personajes de Góttorm y Hogni: del primero sólo sabemos que mata a Sígurd, instigado por sus hermanos, en un acto que dicta el honor; Hógni, como veremos, es, en los antiguos poemas del Gran Norte, un ejemplo de nobleza y de valentía. Por lo tanto, lo único que tienen en común sus ancestros poéticos con el personaje wagneriano es el hecho de inmolar al héroe. En el muy cortesano Nibelungenlied, Hagen, noble caballero, no se presentará como hermano de Gunther sino como su vasallo pero también pondrá fin a la vida de Sigfrid para vengar a su reina por la afrenta sufrida (Promesas).

Gutrune y Siegfried. A Rackham

Estos hechos, aunque en principio puedan parecen algo enrevesados, nos desvelan el férreo sentido del honor que dominaba la existencia en las civilizaciones del Gran Norte. Resulta patente en la Volsunga Saga: Gúnnar, como esposo de Brýnhil, y Hógni como hermano de éste, para salvaguardar su honor, no pueden hacer oídos sordos a lo que se les presenta como la traición de Sígurd (recordemos que la venganza no es un derecho sino un deber en los códigos jurídico y ético germano-escandinavos); sin embargo, habiendo una fraternidad de sangre por medio, ese mismo honor les prohibe ser la mano ejecutora. Así que convencen a su joven hermano Góttorm, aumentando su fiereza por medio de un filtro mágico (compuesto por carne de lobo y de serpiente) y prometiéndole engrandecer su patrimonio y su fama. Góttorm entrará en la habitación de Sígurd, mientras el héroe duerme, y, aunque le falle el valor por dos veces, a la tercera llegará a traspasar el  jergón bajo el cuerpo de Sígurd, con su espada. Pero aún tiene tiempo y fuerza el moribundo para lanzar la suya, Gram, contra el asesino y partirle en dos frente al quicio de la puerta. Gutrun despierta bañada en la sangre de su esposo que, entonces, le asegura que nunca engañó a Gúnnar y que mantuvo su juramento de no ser, de Brýnhild, más amigo de lo necesario. Y esto es (junto con una aceptación tan serena de la muerte como lo fue la de todo su destino) lo que hace de Sígurd el auténtico arquetipo del héroe germano: ha perdido amigos, parientes, amores y, al fin, la vida, pero hasta ese último momento ha vengado a los muertos de su clan (recordemos cómo Fáfnir, el dragón, asesinó a su propio padre, del que el héroe es descendiente directo), ha permanecido, en conciencia, fiel a la palabra dada y a su juramento de fraternidad de sangre. Por la misma razón son también ejemplos del heroísmo del Norte los otros personajes de esta historia, en especial Gutrun, como tendremos ocasión de ver.

Grímhild y los filtros

Grimhilde y Alberich. A. Rackham

Si, en los textos por los que conocemos a los viejos pueblos germánicos, el honor es la más esencial de sus virtudes, nos será difícil encontrar un canto o una saga en los que no se recurra a algún tipo de magia, de la más benéfica a la más oscura. Recordemos (El alma antigua del mundo) que estamos frente a una civilización de señores de la guerra tanto como de poetas y de hechiceros. Lo demuestra el dios supremo de su panteón, Odín, Padre de las Victorias, de la Poesía y de la Magia.

Acabamos de ver en la Volsunga Saga, aunque también recogen este detalle las Eddas, cómo Góttorm necesita de un filtro que le infunda fiereza y, tratándose de pócimas mágicas, Grímhild, su madre, no podía andar muy lejos. Efectivamente, ésta se va a unir a la acción que provocará la muerte del héroe, aunque sólo se trate del desenlace fatal de su primera intriga. Todos los textos nos presentan a los hijos de Giuki como príncipes capaces de las más grandes hazañas a la vez que destacan la gran crueldad de su madre y la definen como experta en artes de hechicería.

Cuando Sígurd llega al palacio de Giuki, causa tal admiración en los hombres del rey que uno exclama: Creo que ha llegado uno de los dioses. Ese hombre va completamente cubierto de oro. Su caballo es el más grande de su especie, y lleva consigo armas extraordinarias. Es el más alto de los mortales y les saca un buen trozo al resto de ellos. Ni la fuerza ni la riqueza del recién llegado le pasan desapercibidas a la ambiciosa reina Grímhild, que tampoco tarda en descubrir el gran amor del héroe por la walkyria, al no dejar éste de repetir lo mucho que la añora. Como semejante pasión no cuadra bien con los planes de casarle con su hija Gutrun, para que ni su valor ni  su tesoro vayan a parar al, ya rico y poderoso, reino de Budli, padre de Brýnhild  y de Atli (Atila), la reina le ofrece a Sígurd una poción de tal fuerza mágica que, con el primer sorbo, le hace olvidar a la mujer que despertó tras la muralla de fuego.

En el Ocaso de los dioses será la propia Gutrunne la que ofrezca a Siegfried el brebaje, instigada por su hermano bastardo. Grimhilde no aparece en escena, pero es citada varias veces como madre de Hagen. Ella fue la única mujer que, por oro, se entregó a Alberich. El enano que había renunciado al amor le engendró un hijo con la única intención de recuperar, a través de él, el poder del Anillo y someter, por el rencor y la ira, a esa Naturaleza, a ese Mundo inocente que un día, jugando, le tentó y, a la vez, se opuso a su deseo. El Hagen wagneriano tiene poco que ver con los héroes nórdicos que están en la base épica de su personaje; sin embargo, es el perfecto reflejo, el digno heredero de la Grimhild legendaria: la reina hechicera cruel y ambiciosa, por quien se cumplirá el sangriento destino del más grande de los héroes. Llegará pronto.

Mientras Siegfried apura el filtro del olvido, Brünnhilde recuerda...

Brünnhilde besa el anillo que le regaló Siegfried. A. Rackham

 

Bibliografía

Cantar de los Nibelungos; Madrid, Cátedra, 1998.
Edda Mayor; Madrid, Alianza Editorial, 2000.
L’Edda poétique (Textos presentados y traducidos por Régis Boyer); París, Fayard, 1992.
Saga de los Volsungos; Madrid, Gredos, 1998.
Sturluson, S.; Edda Menor. Madrid, Alianza Editorial, 2000.
Wagner, R.; El ocaso de los dioses. Madrid, Turner Música, 1986.