Número 193 - Zaragoza - Enero 2017
IN FERNEM LAND... 

PROMESAS

Males me aguardan,
Gran desvarío
Si para otro
A la virgen gloriosa

lo veo muy claro;
será el de Sígurd
de esposa pido
que tanto amo.


La Predicciones de Grípir. Edda Mayor.

 

                    

    

Siegfried y Brünnhilde. A. Rakcham

Las Nornas han bajado, por siempre, a la Madre y, en el escenario de la Colina Verde, a la oscuridad de su noche, sucede un amanecer radiante. El interludio orquestal que une las dos partes del Prólogo del Ocaso de los dioses evoluciona alrededor de los temas musicales de Siegfried y Brünnhilde: el primero, poderoso y viril; el segundo, tan ardiente y pasional que no deja dudas sobre la metamorfosis de la walkyria. Cuando el sol luce en lo más alto, los dos protagonistas salen de su aposento de piedra: el héroe enteramente armado, la antigua diosa sujetando por las riendas a Grane. La pareja celebra su amor heroico (Heldenliebe), muy diferente del amor contemplativo de Tristán e Isolda que se desenvuelve en la noche, aislado de un universo del que nada quiere saber. Éste, por el contrario, se proyecta sobre él, en pleno día, consciente y orgulloso de ser el motor de las mayores gestas, de las más valerosas hazañas; aunque ahora los amantes ignoren que todas ellas se resumirán en una: la redención del mundo.

Pero nadie dijo que el camino estuviera libre de obstáculos...

Sígurd y Brýnhild

Gudrum. Engels

Los textos éddicos que describen el encuentro y el amor entre Sígurd y Brýnhild son algo desconcertantes y confusos, ya que en ellos se mezclan dos tradiciones diferentes: la primera es la que describe cómo el héroe traspasa la muralla de fuego, despierta a la walkyria de su sueño mágico, aprende su ciencia rúnica y le da una palabra de casamiento que no cumple a causa del filtro de olvido que le sirve Grimhild, la esposa del rey Giuli, para que se case con su hija Gudrum (llevará el nombre de Kriemhild en el Nibelungenlied y de Gutrune en la Tetralogía wagneriana).

La segunda tradición nos presenta al héroe, ya casado con Gudrum, acompañando a su cuñado Gúnnar (el Gunther germánico), que pretende a la walkyria, en busca de ésta. Pero, al ser el caballo del príncipe incapaz de traspasar la muralla de fuego que guarda a la virgen guerrera, Sígurd adopta su apariencia, cruza con Grani la ardiente defensa y gana a Brýnhild para Gúnnar. Aunque duerma una, tres u ocho noches (según las versiones) con ella, lo hará en absoluta castidad, colocando entre ambos su espada.

Esta última tradición se considera como la más estrictamente germánica, ya que el amor desdichado de Brýnhild por Sígurd podría ser un añadido tardío de la poesía islandesa, lo que parece confirmarse cuando en el Nibelungenlied  encontramos precisamente esta segunda versión, sin bien, como todo el cantar, teñida del ambiente caballeresco propio del género y de la época en el que fue compuesto (S. XIII). En él, Gunther ofrece a Sigfrid la mano de Kriemhield, de quien está perdidamente enamorado, a condición de que le ayude a conquistar a Brünhild, la extraordinariamente hermosa y fuerte reina de Islandia que somete a sus pretendientes a terribles pruebas. Con la ayuda del Tarnkappe (manto de invisibilidad), es en realidad Sigfrid quien ejecuta las proezas que Gunther simula realizar, hasta que Brünhild se confiesa vencida y consiente en el matrimonio. 

Siegfried. A. Kampf

Pero volvamos a las Eddas. Si los Sigrdrífumál (Dichos de Sigrdrifa), el Brot af Sigurdarkvidu (Fragmento del Cantar de Sígurd), el Sigurdarkvida in skamma (Cantar breve de Sígurd) y el Helreid Brynhildar (Viaje al Hel de Brýnhild), se inclinan hacia una u otra tradición, sin embargo, las Grípisspá (Predicciones de Grípir) aúnan ambas, como también lo harán Snorri en el Skádskaparmál (Lenguaje del arte escáldico) de su Edda Menor, la Völsunga Saga y el propio Wagner, aunque hay que subrayar que es este último quien lo hace con mayor maestría y credibilidad, ya que, a veces, en los textos éddicos, resulta difícil comprender que los que acaban de encontrarse tras una muralla de fuego, poco después, se comporten como absolutos desconocidos.

Los anillos

Brünhild y Gunther. Cantar de los Nibelungos, 1440. Biblioteca Estatal de Berlín (pág. 24).

Snorri nos relata muy brevemente el primer encuentro entre el héroe y la walkyria, obviando cualquier tipo de relación amorosa entre ambos personajes, y se centra en la segunda tradición, a la que suma un detalle que no aparece en los textos de la Edda Mayor y que adquirirá una gran importancia, por su poder simbólico, en la Tetralogía: cuando Sígurd gana a Brýnhild para su cuñado, como regalo de su casta noche de bodas, le entrega el anillo de oro que Loki le había arrebatado a Andvari (La seducción y el oro), el anillo  maldito que, más tarde, será la prueba de la traición del héroe y la causa de su muerte.

Siguiendo su costumbre, Wagner utiliza un símbolo o una estructura simbólica extraídos del material mítico que le sirve de hilo argumental para darle un sentido muy diferente al de sus fuentes o para profundizar en él: al final del Prólogo del Ocaso de los dioses, Siegfried le ofrecerá a Brünnhilde el anillo de Alberich, el anillo del odio y la ambición de poder, como prueba de amor y fidelidad. Éste será, a su vez, correspondido con Grane, el caballo sobre el que, en otros tiempos, la virgen guerrera elegía a los héroes que debían morir en combate y que, como ella, fue sometido al sueño mágico y a un destino mortal.

El autor anónimo de la Völsunga Saga también unifica las dos tradiciones, redoblando incluso el motivo del juramento, ya que, antes de que la reina Grimhild le dé a beber la poción del olvido, el héroe tuvo dos encuentros con la walkyria y cerró, en ambos, su compromiso matrimonial. Lo curioso es que, en el segundo, lo hace con el anillo de Andvari, aunque, en ese momento, el texto no lo especifique. Cuando, por efecto del filtro, ya nada recuerde de sus antiguos amores, se haya casado con  Gudrum y consiga a Brýnhild para su cuñado, compartirá el lecho de la walkyria pero separado de ella por su espada Gram; entonces, le quitará el anillo de Andvari y se lo cambiará por otro del tesoro de Fáfnir, lo que, más adelante, va a provocar el descubrimiento del engaño y, en consecuencia, la muerte del héroe.

Por lo tanto, si en los cantos de la Edda Mayor, son el dolor ciego y los celos de la walkyria los que llevan, en venganza, al asesinato de Sígurd, tanto en el relato de Snorri como en la Völsunga Saga, con la introducción del motivo del anillo de Andvari, se recalca la afrenta que sufre Brünhild y la culpabilidad del que ha perjurado. Poco importa lo que hoy llamaríamos su “inocencia moral”, la falta de intencionalidad en su acción; lo importante es la acción en sí y el deshonor consiguiente que sólo puede ser redimido por medio de la sangre. La walkyria se lo había advertido al transmitirle su sabiduría: No jures en vano, pues a una promesa rota sigue una venganza, si bien, inmediatamente después, ambos cerraban su primer compromiso. Así se cumplirá el destino final, que, como es característica del héroe germánico, éste conoce previamente y lleva con gallardía hasta sus ultimas consecuencias (Tiempo de héroes).

Brünhild contempla a Ghunter, suspendido. J.H. Füssli

Acabamos de ver que en el Nibelungenlied desaparece por completo el motivo del encuentro tras el muro de fuego y que, gracias a la Tarnkappe, Sigfrid vence la fortaleza de la reina de Irlanda, conquistándola (también en el sentido bélico del término) para su cuñado Gunther. Así y todo, éste, en la noche de bodas, no lo va tener nada fácil, ya que Brünhild, algo remisa a perder su doncellez, tras una salvaje lucha, le reduce, le ata de pies y manos con su cinturón y, de esta guisa, le deja colgado en un clavo de la pared de la cámara nupcial. De nuevo, Gunther tendrá que recurrir a la fuerza de Sigfrid para vencer a la reina guerrera, previo juramento de no aprovechar la peculiar situación, lo que el héroe, en este caso, cumple. La treta volverá a surtir efecto y, después de otra encarnizada pelea, Sigfrid doblegará, por segunda vez, a Brünhild, despojándola, en un descuido, de su cinturón y de un anillo que, también, con el tiempo, serán las pruebas del terrible ultraje que desate el odio y la venganza de la reina de Islandia. Aquí es Sigfrid el que arrebata el anillo a la mujer y no el que se lo regala como símbolo de su unión, por casta que sea esta última.

 

Áslaug

Estamos viendo, pues, la diversidad de versiones que ofrece el antiguo mito de los amores entre el más grande de los héroes germánicos y la walkyria a la que Odín pinchó con la espina del sueño. Todas ellas, salvo la de Wagner, parecen apuntar a que las circunstancias y la espada de Sígurd impidieron que este amor fuera más allá de un juramento, de una promesa de matrimonio. Sin embargo no debió de ser del todo así ya que la Völsunga Saga nos relata cómo, después de que Sígurd pasara, por segunda vez, la muralla de fuego, con la apariencia de Gúnnar, Brýnhild se dirigió a casa de su tutor Héimir, le comentó los últimos acontecimientos y le dejó, para que allí la criara, a la hija que había tenido con Sígurd: Áslaug. Después se casó con Gúnnar y, aunque justo entonces el héroe recuperó la memoria, al ver a los nuevos esposos felices, decidió callar.

Despedida de Brünnhilde y Siegfried. A. Rackham

Ya se hacía una brevísima referencia a Áslaug en la Edda de Snorri, como hija de Sígurd y, aunque nada se dice en el texto acerca de quién fue su madre, sí se nos indica, en cambio, que se crió con Héimir, que aparece en la Edda Mayor, más concretamente en las Grípisspá, como el tutor de Brýnhild. La Völsunga Saga es más explícita con respecto a este personaje, quizá porque es precisamente el que sirve de lazo de unión entre esta obra y la que aparece en la segunda parte del mismo manuscrito: la Saga Ragnars lodbrókar (Saga de Ragnar Calzas Peludas), en la  que la hija del héroe y la walkyria será la segunda esposa del rey Ragnar (con lo que estas dos sagas reconstruyen la genealogía mítica de los reyes de Noruega, partiendo del propio Odín). Pero, para que eso sea posible, el viejo Héimir salvará a la niña de las malas intenciones de sus enemigos, llevándosela en un arpa hasta un paraje rodeado de arroyos y cataratas que oculten el ruido de sus llantos y en donde, a su vez, pueda consolarla con su música. Pero ésta sería otra historia...

Brünnhilde mira el anillo que Siegfried le acaba de regalar como prenda de amor y símbolo de fidelidad, mientras le acompaña hasta el extremo de la roca. Él lleva por las riendas a Grane y desaparece de nuestra vista tras un último gesto de adiós de la walkyria que sonríe feliz. Poco después, a lo lejos, se escucha el cuerno del héroe. El telón se cierra bruscamente y la orquesta, en progresiva clave de solemnidad, alegría y grandeza, describe el Viaje de Siegfried por el Rin.

 

Bibliografía

Cantar de los Nibelungos; Madrid, Cátedra, 1998.
Edda Mayor; Madrid, Alianza Editorial, 2000.
Saga de los Volsungos; Madrid, Gredos, 1998.
Sturluson, S.; Edda Menor. Madrid, Alianza Editorial, 2000.
Wagner, R.; El ocaso de los dioses. Madrid, Turner Música, 1986.