Número 202 - Zaragoza - Octubre 2017
IN FERNEM LAND... 

EL SANTO GRIAL
PARSIFAL

 

Yo no supe donde entraba
pero cuando allí me vi
sin saber donde me estaba
grandes cosas entendí
no diré lo que sentí
que me quedé no sabiendo
toda sciencia tracendiendo.
San Juan de la Cruz.
Coplas.

                En el Teatro de la Colina Verde, Parsifal sigue absorto y mudo, como arrebatado por un éxtasis, ante la ceremonia que acaba de presenciar. Resuena el motivo del amor, en forma de cántico mientras, a  media altura de la cúpula, se escucha:

La sangre, el cuerpo de la ofrenda sagrada,
el Espíritu de amor que santamente consuela,
los convierte, para reconfortaros,
en este vino, que se os ha servido,
en este pan que hoy os alimenta.

Grial conservado en la catedral de Valencia. Se sitúa su origen en Palestina o Egipto entre los siglos IV a.C. y I d.C. La vara, las dos asas y las incrustaciones de piedras preciosas y perlas fueron añadidas en la Edad Media

 

El Evangelio de Nicodemo

Nicodemo y José de Arimatea

            En los primeros tiempos del cristianismo, y paralelos a los Evangelios canónicos (que obedecían al canon −“regla”, “modelo” o “ley”, en griego− establecido por la Iglesia; en otras palabras, que fueron reconocidos como oficiales por las diferentes confesiones cristianas), proliferaron una serie de escritos en torno a la vida de Jesús, a los hechos de los apóstoles y a la Apocalipsis, que presentaban variaciones y añadidos, con respecto al Nuevo Testamento y, en algunas ocasiones, doctrinas consideradas heréticas, como la de la secta gnóstica, que utilizaba textos que debían permanecer secretos, sustraídos a la mirada, ocultos, que es lo que significa, en griego, la palabra apócrifo. Con el tiempo, así se llamaron a todas aquellas obras no reconocidas por el canon de la Iglesia, y el término vino a adquirir el sentido de falso.

            Entre la abundante literatura apócrifa cristiana, destacan, como complemento a la Pasión de Cristo, las Acta Pilati (Actas de Pilato), conocidas desde la Edad Media, en la que fueron muy populares, como el Evangelio de Nicodemo, ya que a este personaje se le atribuía su supuesta redacción en hebreo, si bien el original está redactado en griego. Se trata de un curioso texto, que los estudiosos sitúan al rededor del siglo IV, dividido en dos partes, y al que, posteriormente, se le añadió un apéndice. La primera parte (capítulos 1-11) relata el juicio de Cristo, basado en el Evangelio de San Lucas; la segunda (capítulos 11-16) trata de la Resurrección y los enfrentamientos de Nicodemo y José de Arimatea con el Sanedrín, del encierro de este último y de la visita que le hizo, en su prisión, el mismo Redentor para salvarle milagrosamente de una muerte segura. Por último, en el apéndice, dos resucitados narran el viaje de Cristo a los infiernos y la redención de los justos que en él se encontraban. Pero lo que, aquí, más nos interesa es que en la segunda parte del Evangelio de Nicodemo se encuentran los primeros indicios de lo que será la cristianización definitiva del mito del Grial; aunque, y al contrario de lo que se suele afirmar, no se halle en este texto ninguna referencia a la reliquia que recogió la sangre de Jesús de Nazaret.

José de Arimatea. Glastonbury

Como ya hemos adelantado (La Materia de Bretaña), Robert de Boron será quien dé el paso decisivo en la cristianización del Grial, gracias a una trilogía rimada (ca. 1190-1210): Joseph d'Arimathie (José de Arimatea) –también conocido como L'estoire dou Graal (La historia del Grial)–, que se ha podido conservar íntegramente; Merlin, del que sólo nos quedan quinientos cuatro versos, y un Perceval, que se perdió. Sin embargo, podemos conocer todo lo que el escritor francés nos relataba en los tres poemas, gracias a sus adaptaciones en prosa, probablemente, compuestas por el mismo Robert de Boron (ca. 1200-1210). Pero lo que resulta realmente novedoso, en esta saga que tiene al Grial como hilo conductor, no es sólo el presentar los orígenes de tan misterioso objeto, sino, y sobre todo, crear el más claro nexo de unión entre la materia de Bretaña y la tradición cristiana a través de la figura celta de Merlín (muy inspirada en el Roman de Brut de Wace) y el personaje bíblico de José de Arimatea, directamente extraído del Evangelio de Nicodemo y otros textos posteriores, pero muy unidos a éste por su temática, como la Vindicta Salvatoris (Venganza del Salvador) o la Cura sanitatis Tiberii (Curación de Tiberio). Sin embargo, hay que repetir que, en ninguno de estos apócrifos, aparece nada semejante a un recipiente en donde se guardara la sangre de Cristo. La única reliquia de la que se habla, y sólo en las dos últimas narraciones, es la de la Santa Faz de la Verónica, que, eso sí,  bien pudo servirle, a Robert de Boron, de modelo para su Grial, en calidad de objeto sagrado y símbolo de redención.

José y Merlín

Cristo ante Pilato. Tintoretto

            Con la considerable maestría narrativa de quien sabe administrar el suspense, el poeta francés nos va introduciendo en los misterios del Grial, pero a ligeras pinceladas, desde el inicio de su historia (inicio que, después de situarnos brevemente en la historia sagrada, sigue muy de cerca al Evangelio de Nicodemo, salvo en que, en éste, no se hace mención ni al prendimiento, ya que empieza cuando Jesús comparece ante Pilato, ni al Grial). La reliquia se mencionará, por primera vez, si bien con el nombre común de veissel (del diminutivo del bajo latín vascelum, que significa “vaso pequeño”, “recipiente”), cuando Cristo es arrestado, hecho que Robert sitúa, al igual que la Última Cena (y, en ambos casos, a diferencia de los Evangelios canónicos), en la casa de Simón. Entonces, un judío se hace con él y se lo entrega a Pilato en el momento en el que se lava las manos. Más tarde, el gobernador se lo ofrecerá, a su vez, a José de Arimatea junto con el cuerpo de Cristo, en recompensa por sus muchos servicios, cuando éste le pide que le entregue el cadáver del ajusticiado para enterrarlo en su propio sepulcro. Finalmente, José se servirá de él para recoger la sangre que aún manaba de las heridas del Hijo de Dios. Sin embargo, el vaso sólo revestirá su verdadera dimensión de objeto sacro en las manos del propio Cristo resucitado: cuando los judíos encierran al de Arimatea, acusándole de haber robado el cuerpo de Jesús, éste se le aparece en su prisión y le hace entrega del mismo vaso que guardó su sangre y del que emana, ahora, una gran claridad que simboliza la gracia del Espíritu Santo. Al final de este episodio, va a aparecer, por primera vez en el texto de Robert de Boron, la palabra Graal, cuya procedencia y significado, también se explicará tanto en la Estoire dou Graal como en el Perceval en prosa: Lo llamamos Graal porque agrada (de agreer, “satisfacer”, “proporcionar gracia”) a todos los hombres de bien y a todos los que pueden permanecer en su presencia. Y ya que acabamos de hacer alusión al Perceval de Boron, cabría recalcar que, en esta versión del mito, por primera vez, totalmente cristianizado, durante el cortejo del Grial que se desarrolla en el castillo del Rico Rey Pescador, el que lo sostiene es un hombre joven y todos se inclinan a su paso, a diferencia, como recordaremos, de los poemas de Chrétien y Wolfram, en los que la que portaba el Grial era una mujer, mientras que, a su paso, ni el soberano ni el huésped interrumpían su animada conversación  (El cortejo del Grial).

La Última Cena, L. da Vinci

 

Merlín y Arturo. N. C. Wyeth

            Si, en su Joseph d'Arimathie, Robert de Boron cuenta el origen del Grial, cómo fue entregado a este personaje por el propio Cristo; cómo aquél instaura, cumpliendo órdenes del Espíritu Santo, la Mesa del Grial en recuerdo de la Mesa de la Última Cena y cómo el santo Vaso fue llevado hasta la Gran Bretaña (literalmente, a “los valles de Avalón”) por su cuñado Bron, para legarlo “al hijo de su hijo” y terminar así, en el espacio y en el tiempo, la trayectoria mundana del Grial; en el Merlin, el clérigo francés engarza este personaje fundamental de la Materia de Bretaña con la leyenda cristiana: un consejo de demonios decide dar vida al anticristo, engendrándolo en una muchacha inocente, y acabar así con la obra de la redención. Pero la misma pureza de la joven y la fe de Blaise, su confesor, dan al traste con estas pretensiones y nace un niño que si bien tiene la facultad de conocer el pasado, por su condición diabólica; también, pero esta vez por la gracia divina, puede predecir el futuro. Refugiado periódicamente en el bosque de Brocelandia (en donde vive sus amores con Viviana, mientras la instruye en artes mágicas), Merlín empezará a intervenir en la historia de Bretaña (hasta propiciar el nacimiento de Arturo, a quien educará) e instituye la Mesa Redonda, con el fin de formar una nueva caballería cristiana; sus más dignos componentes serán los que formen la Mesa del Grial, fundada por José de Arimatea en conmemoración de la Mesa de la Última Cena. Para afianzar, aún más, el puente entre paganismo y cristianismo, Boron hará que el mismo Merlín le dicte a Blaise el Libro del Grial, en el que se resumen los tiempos pasados (la historia de José de Arimatea), presentes (la crónica de los reyes de Bretaña, su lucha contra los sajones) y futuros (la búsqueda de Perceval, durante el reinado de Arturo, siendo el propio Merlín el que, en todo momento, oriente esa búsqueda). Tenemos así resumida la materia íntegra de la trilogía de Robert de Boron que narra desde los primeros avatares del Grial hasta su desaparición de este mundo, junto con su último custodio, Perceval, que, convertido en el nuevo Rey Pescador, después de haberle hecho la pregunta de rigor a Bron (el padre de su padre, con lo que el caballero resulta ser sobrino nieto del mismo José de Arimatea), pronto se aleja, junto con Blaise, de la vida del mundo y de la caballería para dedicarse a la adoración de Dios. En su último retiro, en el que a veces le visita el Espíritu Santo, será informado por Merlín del final de la Mesa Redonda y de cómo, después de la terrible batalla de Cardueil, el moribundo Arturo fue llevado, por Morgana, hasta Avalón.

            No deja de ser significativa la conversión a prosa de la primitiva trilogía poética de Robert de Boron. Hay que recordar que, en la Edad Media, la narración en verso se destinaba a la frivolidad de la Materia de Bretaña, mientras que la prosa se empleaba en las crónicas latinas de cuya veracidad histórica no se dudaba. El paso, pues, del verso a la prosa en las narraciones griálicas nos está indicando la seriedad que el tema adquiere en el momento de su definitiva cristianización, ésa que no era nada evidente en Chrétien y sí, en cambio, en la mayoría de sus continuadores puesto que ya conocían la obra de Robert  de Boron.

Continuará...

Lanzarote y Ginebra. D. Giancola

            El hecho de que Chrétien dejara inconclusa su última obra, en el verso 9234, propició una cadena de continuaciones, también en octosílabos pareados, que, según Martín de Riquer, se inicia muy poco después de la muerte del poeta de Troyes y finaliza en el segundo o tercer decenio del siglo XIII. Son cuatro e intervienen en ellas, al menos, otros tantos narradores. La primera, anónima y conocida como Continuación Gauvain, sigue las aventuras de este personaje, dejando de lado a Perceval. Como él, fracasa en su primera visita al Castillo del Grial,  donde el misterioso objeto es portado por una llorosa muchacha. En la siguiente visita  (que conlleva el segundo fracaso), el Grial se desplaza solo, mientras sirve comida a los cortesanos. Esta última circunstancia presenta al Grial  más próximo del caldero celta de la abundancia que del santo Vaso; aunque, en esta continuación, el Rey Pescador desvele la  piadosa historia de José de Arimatea que encontramos por primera vez en los escritos de Robert.

La segunda continuación es la llamada Continuación Perceval, parece ser obra de Wauchier de Denain y enlaza con la última aparición del caballero en el texto de Chrétien. Perceval volverá a Belrepeire y renovará sus amores con Blancheflor; visitará, de nuevo, la Yerma Floresta Solitaria, así como la ermita de su tío y el castillo del Rey Pescador. Pero, allí, aunque une las dos partes de la espada rota, lo hace de manera imperfecta lo que significa que, aunque es el mejor caballero del mundo, aún no es digno de que le sean desvelados los secretos de la lanza y el grial.

Otros dos poetas prosiguieron con esta continuación, pero desconociéndose mutuamente, por ello tenemos dos terceras continuaciones: la de Manessier (1214-1227), escrita gracias al auspicio de Juana de Flandes (sobrina nieta del conde de Flandes, Felipe de Lorena, a quien Chrétien dedicó su obra), enlaza con la Continuación Perceval: cuando, en el Castillo del Grial, nuestro héroe asiste de nuevo al cortejo, el Rey Pescador le descubre que la lanza que sangra es la de Longinos y el Grial el vaso en el que José de Arimatea, el fundador de su linaje, recogió la sangre de Cristo. El caballero continúa sus aventuras, vuelve a Belrepeire, pero no se casa con Blancheflor, y vuelve también al castillo del Rey Pescador, pero no acepta ni su reino ni sus bienes mientras el soberano siga vivo. A su muerte, es coronado, pero después de siete años se retira a una ermita, se ordena sacerdote y vive diez más, alimentado únicamente por la presencia del Grial, hasta que con él y la lanza asciende al cielo.

La otra tercera continuación (1226-1230) es la conocida como de Gerbert, que se identifica con Gerbert de Montreuil; comienza cuando el Rico Pescador le dice a su huésped que no será digno de conocer los secretos de la lanza y el Grial, hasta que la espada no esté perfectamente reconstruida. Perceval se la lleva al herrero Triboet que la recompone. Inmediatamente después, se dirige a la corte de Arturo y consigue ocupar el asiento peligroso, lo que demuestra que será el mejor de los caballeros y se le darán a conocer los secretos del cortejo del Grial. Después de algunas aventuras, entre ellas un encuentro con Tristán en la corte del rey Marcos, vuelve a Belrepeire en donde se casa con Blancheflor. Ambos hacen el voto de conservar su virginidad, pero una voz celeste profetiza que, de su linaje, descenderán tres varones y, con el paso del tiempo, conquistarán Jerusalén. El héroe reemprende una vida de aventuras que se detiene, junto con el poema, cuando el Rey Pescador se dispone a revelarle los inquietantes secretos de la lanza y el Grial.

La visión del Santo Grial. E. Burne-Jones

            Pero no se cerró aquí el camino abierto por Chrétien de Troyes, entre aproximadamente 1215 y 1235, se elabora un gran ciclo en prosa compuesto por cinco obras que, por orden de escritura son: Lancelot (Lanzarote), La Quête du Saint Graal (La Demanda del Santo Grial), La mort le roi Artus (La muerte del rey Arturo), además de una Estoire del Saint Graal (Historia del Santo Grial) y Estoire Merlin  (Historia de Merlín), que no son las de Robert de Boron. Se trata del famoso Ciclo de la Vulgata, también conocido como Ciclo de Lanzarote-Grial y Ciclo de Pseudo-Map. Aquí, el mejor caballero del mundo es Lanzarote y por eso parece ser el destinado a alcanzar el Santo Grial, pero su adulterio con la reina Ginebra le alejará de esta meta y será su hijo Galaad, “puro entre los puros”, el que consiga llevar a término la más grande de las aventuras: Gallad, Perceval y Boores, porque siempre se han mantenido castos, pueden llegar al castillo del rey Pelés en donde asisten a una misa celebrada por Josofes, el hijo de José de Arimatea que desciende del cielo para el sacrificio. Durante la consagración, Cristo sale del Grial y da de comulgar al celebrante y a los caballeros elegidos; a su lado, unos ángeles sostienen la lanza de Longinos que aún gotea sangre. Más tarde, Galaad morirá en éxtasis, presenciando los más altos secretos del Grial.

            Finalmente, cabría hacer una pequeña referencia a uno de los primeros romans franceses en prosa, datado, con toda probabilidad, hacia el año 1215 y de autor anónimo; se trata del Perlesvaus. Li hauz livres du Graal (El alto libro del Grial). Comienza así: La historia del santísimo vaso al que llaman Graal, donde fue derramada la sangre del Salvador en el día en que fue crucificado para librar al pueblo del infierno, fue recordada por Josefés a través de la voz de un ángel, para que con su escrito y testimonio supieran la verdad caballeros y prohombres, desearan soportar penas y sufrimientos, y ensalzaran así la Ley de Jesucristo que Él renovó con su muerte y crucifixión.

En el Teatro de la Colina Verde, los caballeros forman, de nuevo, una solemne comitiva que abandona lentamente la sala. Se cierran las puertas. Cuando el lamento de Amfortas se hace más intenso, Parsifal se lleva la mano al corazón y allí la mantiene fuertemente apretada. Gurnemanz le zarandea y le pregunta, malhumorado, si sabe lo que ha visto, pero el muchacho niega moviendo tímidamente la cabeza. Se enfada con él, le llama loco y le expulsa, pero desde las alturas se escucha:

Sapiente por compasión,
el  puro loco.

 

Bibliografía

AA.VV.; La légende arthurienne. Le Graal et la table ronde. (Robert de Boron; Merlin-Perceval) París, Robert Laffont, 1989, pp: 311-430.
Boron, R. de; L'estoire du Graal: http://www.possessionstudios.com/library/acrobook3/8graa.pdf
El
Cuento del grial de Chrétien de Troyes y sus Continuaciones (Introducción y traducción del Cuento del grial de Martín de Riquer. Traducción de las Continuaciones e Índices de Isabel de Riquer). Madrid, Siruela, 2000.
El Evangelio de Nicodemo:  http://escrituras.tripod.com/Textos/EvNicodemo.htm
La búsqueda del Santo Grial
(Introducción del Carlos Alvar). Madrid, Alianza Editorial, 1986.
La venganza del salvador: http://escrituras.tripod.com/Textos/Vindicta.htm
Perlesvaus o el alto libro del Graal (Edición a cargo de Victoria Cirlot); Madrid, Siruela, 1986.
Troyes, Chr. de; Romans. París, Librairie Génerale Française, 1994.