Número 194 - Zaragoza - Febrero 2017
DISCOS 

LA ISLA DEL TESORO: EL SIEGFRIED DEL SIGLO

LA ISLA DEL TESORO: PRESENTACIÓN

En esta nueva sección irán apareciendo grabaciones en CD de obras de Wagner que, en el momento de su reseña en Wagnermanía.com no estén disponibles en España (salvo error), bien por encontrarse descatalogadas, bien por haber sido editadas por sellos no distribuidos en nuestro país. En algunos casos será  posible, con un poco de suerte, encontrar algún ejemplar en el mercado de discos usados; en otros se podrán adquirir con facilidad en el extranjero o cómodamente desde casa a través de tiendas virtuales. Con gran probabilidad, muchas de las grabaciones reseñadas en esta sección acabarán apareciendo en el mercado nacional en forma de reediciones o acabarán siendo distribuidas en España.

EL TESORO DEL MES DE MARZO

 

Para inaugurar la sección traemos una rareza, el único Sigfrido completo del gran Lauritz Melchior, con un reparto de auténtico lujo: Kirsten Flagstad (Brünnhilde), Friedrich Schorr (Wanderer), Kerstin Thorborg (Erda), Karl Laufkötter (Mime), Eduard Habich (Alberich), Emanuel List (Fafner) y Stella Andreva (Walvogel). Se trata de una toma en vivo de la representación celebrada el 30 de Enero de 1937 en la Metropolitan Opera House (MET) de Nueva York, con dirección musical de Artur Bodanzky. Ha sido editada el año pasado (2000) por el sello alemán ARCHIPEL RECORDS (Ref. ARPCD 006-3).

EL SIEGFRIED DEL SIGLO

Lauritz Melchior como Siegfried

Lauritz Melchior fue posiblemente (1) el mejor tenor heroico del siglo XX. Por desgracia, aunque se conservan varios ejemplos de sus asimismo inigualables Siegmund o Tristan (sólo con Kirsten Flagstad como Isolde se conocen 9 Tristanes completos y un Segundo Acto), éste es el único ejemplo completo conocido de su interpretación de Siegfried en el drama homónimo. La grabación procede de una toma en vivo de la función del 30 de Enero de 1937 celebrada en el MET, que fue retransmitida por radio. El conjunto de retransmisiones radiofónicas del MET (desde 1934) constituye uno de los legados más importantes, por su cantidad y por su calidad, de la historia del sonido grabado. Hablo de varios centenares de grabaciones que cubren un amplísimo repertorio (incluidos títulos hoy día apenas conocidos como L’amore dei tre re de Italo Montemezzi o Anthony and Cleopatra de Samuel Barber), cantantes que van desde los Lauritz Melchior, Kirsten Flagstad, Helen Traubel, Astrid Varnay, Giovanni Martinelli, Jüssi Björling, Lawrence Tibbett,  Ezio Pinza, Friedrich Schorr, Rosa Ponselle, Lucrecia Bori, Alexander Kipnis, Leonard Warren, etc hasta los actuales y batutas desde los Artur Bodanzky, Erich Leinsdorf o Ettore Panizza hasta los Carlos Kleiber, Herbert von Karajan, George Solti o James Levine, pasando por nombres como Sir Thomas Beecham, George Szell o Karl Böhm, entre otros.

La grabación que nos ocupa no es novedad. Apareció en vinilo en los sellos EJS (UORC 173(4)) y Discocorp, precursora de Music & Arts (IGI 373). En CD hubo una edición en el sello Music & Arts (CD-696), que gozó de una distribución limitada en Europa y que, según tengo entendido, fue retirada de la venta en los EE.UU. por presiones legales del MET. De no haber rescindido el contrato con el sello Naxos, seguramente este Sigfrido habría aparecido en la serie Naxos Immortal Broadcasts en cuidada restauración de Richard Caniell, de la Immortal Performances Recorded Music Society (IPRMS), sociedad no lucrativa radicada en Canadá dedicada al archivo y restauración de grabaciones históricas, fuente inagotable del sello Naxos hasta 1999. Curiosamente, la rotura de relaciones entre Naxos y la IPRMS tuvo como causa el tratamiento a que Naxos sometía algunos de los productos surgidos del estudio de Caniell. Así, éste asegura que Naxos arruinó su restauración del Ocaso de los Dioses del MET del 11 de Enero de 1936 (con Lauritz Melchior, Marjorie Lawrence, Friedrich Schorr, etc.), que incluso fue retirada del mercado. Ciertamente el sonido era lamentable. También sufrieron tratamientos adicionales algunas de las retransmisiones radiofónicas de Toscanini aparecidas en la magnífica serie Toscanini Broadcast Legacy.

Los discos sobre los que se grabaron las funciones del MET de los años 30, fueron copiados en cinta magnética en los años 40, utilizando un magnetófono Ampex desarrollado por los ingenieros de la RCA. Estas cintas y copias de enésima generación de las mismas son la fuente de las ediciones en vinilo o CD de los materiales del MET de fechas tempranas (hasta principios de los 40 básicamente) que han aparecido en multitud de sellos (Melodram, VAI, Legato, Walhall, Gebhardt, Eklipse, Naxos...). En sus comienzos, el paso a cinta era muy problemático. La irregular velocidad de arrastre y la deformación de la cinta provocaban cambios en la afinación. Esto, unido a unos discos en ocasiones mal conservados, incluso con deterioro irreversible en algunos surcos, convierte la restauración de estos materiales en un problema muy complicado. Un filtrado excesivo eliminará el ruido de superficie y disimulará los defectos debidos a los surcos defectuosos, pero también restará frecuencias a la música y a las voces, que sonarán poco naturales y con timbres metálicos. Un filtrado suave respetará la naturalidad del sonido, pero a costa de un ruido excesivo. Los buenos catadores de estos testimonios históricos prefieren esto último, y acaban acostumbrándose a la fritura continua con tal de escuchar las voces en su gloriosa plenitud tímbrica o una orquesta sinfónica o de foso como Dios manda, en vez de con unos violines de restaurante (o de puerta del Auditorio Nacional) o unos vientos que parecen kazús. El aficionado medio, con poco entrenamiento, no atinará a escuchar voces ni orquesta, y se quedará en lo que se cuece, encontrando estas grabaciones completamente inútiles.

Según el propio Richard Caniell, el sonido de la edición en CD Music & Arts de este Sigfrido es prácticamente el mismo que el de su restauración para la IPRMS, que utiliza material de primera calidad (las mejores copias disponibles de cada grabación). Ignoro (aunque me lo imagino) de dónde ha salido el material de partida empleado en esta edición, por lo que no puedo asegurar si lo que aquí se escucha es la última palabra. Espero que el sonido sea mejorable, porque los resultados artísticos son superlativos. El sonido es irregular. A falta de un estudio técnico, podríamos decir que va de lo bastante aceptable a lo mediocre, con algunos fragmentos (afortunadamente puntuales, como cuando Siegfried se tumba bajo el tilo al final del Segundo Acto) de sonido que podríamos denominar atroz o inadmisible. Por aceptable quiero decir pasajes con escaso ruido de fondo, que no han requerido mucho filtrado, y en los que se escucha a la orquesta con nitidez, sin distorsiones, y las voces muestran el timbre que conocemos por grabaciones de superior calidad técnica. Que nadie espere algo parecido a lo conseguido por Golden Melodram con los Anillos bayreuthianos de 1956 y 1957 (especialmente este último, comentado en los dos primeros números de Wagnermanía). Por fortuna, abundan los momentos tranquilos, en los que la música llega a nuestros oídos sin interferencias, y lo que se escucha es extraordinario. No es poco. Hay también pasajes con mucho ruido de fondo, algún que otro lloro de la cinta que no ha sido corregido y pasajes en los que no se entiende lo que dicen los cantantes. Desde mi punto de vista, el balance es positivo.

En el aspecto artístico, ya lo he mencionado más arriba, los resultados son sobresalientes. Se trata de una representación de compañía, ¡pero menuda plantilla la del MET de aquellos años dorados! Comencemos con la dirección. El vienés Artur Bodanzky (1877-1939) fue asistente de Gustav Mahler en la Ópera de Viena (1903). Desde 1915 hasta su temprana muerte en 1939 estuvo al frente del repertorio alemán del MET, puesto en el que sucedió a Alfred Hertz. En 1939 se hizo cargo del puesto un jovencísimo Erich Leinsdorf, también vienés que contaba entonces 27 años. Bodanzky  era un director muy competente, conocedor, un concertador eficaz y, por momentos, realmente inspirado. Como diría el crítico Arturo Reverter, ya le quisiéramos hoy para los días de fiesta. Aquí construye con seguridad, dosifica las tensiones (escúchese la introducción orquestal justo antes de la primera intervención de Brünnhilde, desde 8’25’’ en la pista 9 del CD3 hasta el comienzo de la pista 10), acompaña por lo general con atención. Tenía tendencia a los tempi atléticos (especialidad velocidad pura). Escúchense la entrada de Siegfried en la Primera Escena del Primer Acto (pista 3, CD1), o el final de los Actos Primero y Segundo. Era proclive a aligerar las obras, infringiendo cortes más o menos amplios. A esta afición no era ajeno el hecho de que, sobrepasada la medianoche, las horas extra del personal del teatro eran bastante cuantiosas, por lo que, en aras de la economía, se procuraba finiquitar la faena antes de la hora de Cenicienta. Quizá la costumbre se extendió también a las matinés, como es el caso de la función que estamos comentando (comenzó a las 12 del mediodía: el 30 de Enero de 1937 era sábado). Entre unas cosas y otras, quedan aquí 3 horas y 24 minutos de Sigfrido. Que cada cual compare con lo que tenga a mano. Las mutilaciones son dos y ambas en el Tercer Acto. En la Segunda Escena (encuentro Siegfried-Wanderer) hay un corte que va desde la frase de Siegfried “Mich wies ein singend Waldvöglein, / das gab mir gute Kunde” hasta la frase del Wanderer “Den Weg, den es zeigte, / sollst du nicht ziehn!” (pista 6, CD3). En el dúo Siegfried-Brünnhilde de la Tercera Escena, hay un corte que va desde la frase de Siegfried “in mächtigen Banden” hasta la frase, también de Siegfried, “Schweige die schäumende Wut!”, siguiendo con la frase de Brünnhilde “Kein Gott nahte mir je!” (pista 11, CD3). Señalaré algunos momentos excelentes de Bodanzky; sólo en el Tercer Acto, el final de la Primera Escena (pista 4, CD3), la introducción de la Tercera Escena (pista 9, CD3) o los instantes anteriores al despertar de Brünnhilde (pista 9, CD3, desde 8’00’’ aprox. hasta el final de la pista). En este último fragmento se escuchan en las cuerdas algunos portamentos, hoy en desuso.

El reparto vocal admite pocas posibilidades de mejora: Lauritz Melchior (Siegfried), Kirsten Flagstad (Brünnhilde), Friedrich Schorr (Wanderer), Kerstin Thorborg (Erda), Karl Laufkötter (Mime), Eduard Habich (Alberich), Emanuel List (Fafner) y Stella Andreva (Walvogel), prácticamente todos ellos en magnífica forma. Karl Laufkötter (1900-?), natural de Düsseldorf, gran amigo de Lauritz Melchior, debutó en el MET en 1936 como Pastor en Tristan e Isolda, permaneciendo en la compañía 11 temporadas, en las que cantó 22 papeles, interviniendo en 246 representaciones. Laufkötter, que había debutado el papel el 22 de Enero (2), tan sólo una semana antes de esta representación, compone un Mime espléndido, que se sitúa entre las grandes interpretaciones de este rol. Es una voz importante, con más cuerpo y volumen de lo habitual en esta parte. Como muestra, escúchese su intervención “Siegfried, mein Sohn” (pista 10, CD2).

Friedrich Schorr como El Holandés

El húngaro de nacimiento Friedrich Schorr (1888-1953) debutó en Graz en 1912 como Wotan en La Walkyria. Fue el primer barítono-bajo wagneriano de la Ópera Estatal de Berlín de 1923 a 1933. Debutó en el MET en 1924, cantando regularmente en el teatro neoyorkino hasta su retirada en 1943. Schorr está aquí sorprendentemente bien para la fecha de grabación. La parte del Wanderer es la menos exigente de entre las tres apariciones del dios en la Tetralogía, y aquí la debilidad del registro agudo de Schorr (estamos en 1937) pasa casi desapercibida. La voz es de gran belleza, dúctil, tiene volumen sobrado y Schorr la maneja con un legato prodigioso. Escúchese su primera intervención, en la Segunda Escena del Primer Acto (pista 7, CD1). Suena con autoridad, como en “Auf der Erde Rücken / wuchtet der Riesen  Geschlecht.” (pista 8, CD1, 4’00’’) o en su llamada a Erda, “Erwache!”, en la Primera Escena del Tercer Acto (pista 2, CD3). Apiana a la perfección en “Auf wolkigen Höhn / wohnen die Götter.” (pista8, CD1, 5’57’’). En el lado negativo, algún sonido fijo, como en “der sollte dir Welt ihm gewinnen” (pista 2, CD1, 3’01’’) y algunos agudos (no hay muchos en la partitura) excesivamente breves, como en “des Speeres starken Herrn” (pista 8, CD1, 8’01’’).

Eduard Habich (1880-1960), natural de Kassel, debutó en Koblenz en 1904, y de 1910 a 1930 cantó en la Ópera Estatal de Berlín. Fue el Alberich insustituible de Bayreuth en el periodo 1911-1931. Debutó en el MET en 1935 como Peter en Hänsel y Gretel, cantando allí un total de 8 papeles en 42 representaciones. Su despedida del MET tuvo lugar el 9 de Abril de 1937, poco más de dos meses después de la función que aquí se comenta. A sus 57 años, el canto de Habich se me antoja algo tosco, poco elegante, sin legato. Cambia la pronunciación de algunas palabras (dice “ef” en vez de “auf”, o “Würgur” en vez de “Würger”). Tiene algún sonido fijo, como en “der Welt walte dann ich” (pista 2, CD2, 6’42’’).  Hay también momentos excelentes, con un punto de histrionismo de gran efecto, pero sin caer en excesos. Me gustaría destacar un pequeño momento, un “Verflucht! Den Ring?” (pista 9, CD2, 2’28’’) dicho con auténtica rabia.

El vienés Emanuel List (1890-1967) debutó como Méphistophélès en el Fausto de Charles Gounod en 1922. En 1934 pasó a formar parte del MET, donde cantó hasta 1950. Su presencia aquí como Fafner es todo un lujo. Bien el Waldvögel de Stella Andreva, soprano habitual en el MET en papeles secundarios (Oscar en Un baile de máscaras, Woglinde en Oro del Rin y El Ocaso de los Dioses).

Kerstin Thorborg como Waltraute

La gran contralto sueca Kerstin Thorborg (1896-1970) debutó como Ortrud en la Ópera Real de Estocolmo en 1924. Desde 1936 actúo como invitada en el MET, pasando a formar parte de la compañía en 1938, en la que permaneció hasta su retirada en 1950. Thorborg es la Erda ideal, con una voz de contralto auténtica, graves perfectamente apoyados y sobrada en el agudo. Escúchese su fantástico “herrscht durch Meineid?” (pista 3, CD3, 1’09’’).

He dejado lo mejor para el final, la fabulosa pareja. La soprano noruega Kirsten Flagstad (1895-1962) debutó el 12 de Diciembre de 1913 en el Teatro Nacional de Oslo en el papel de Nuri de la ópera Tierra Baja (Tiefland) de Eugene d’Albert. Debutó en Bayreuth el 25 de Julio de 1933 como Ortlinde en La Walkyria. Su debut en el MET tuvo lugar el 2 de Febrero de 1935 como Sieglinde (3). Hasta 1941 actúo regularmente en el MET. Interpretó la Brünnhilde del Sigfrido un total de 30 ocasiones, desde que debutara el papel el 6 de Noviembre de 1935 en el MET. El verdadero protagonista de la grabación es, obviamente, el danés Lauritz Melchior (1890-1973), para muchos el mejor tenor heroico del siglo pasado. Un dato curioso, el día de su nacimiento, 20 de Marzo, vio también la luz otro gran tenor, Beniamino Gigli. Melchior debutó como barítono en 1913 en la Ópera Real de Copenhague, en el papel de Silvio en Payasos, de Ruggero Leocavallo (4). En 1917 y 1918 reeducó su voz, debutando ya en la cuerda de tenor el 8 de Octubre de 1918, de nuevo en la Ópera Real de Copenhague, como Tannhäuser. Debutó en el Festspielhaus de Bayreuth en 1924 como Siegmund y Parsifal. En el MET actúo por primera vez el 17 de Febrero de 1926 en el papel de Tannhäuser. Tras un breve periodo en la compañía de la Ópera Estatal de Hamburgo y actuaciones en otros teatros europeos, durante el cual pulió su estilo y amplió su repertorio, regresó al MET el 20 de Marzo de 1929, causando sensación su Tristan. Desde entonces hasta su despedida, el 2 de Febrero de 1950 (Lohengrin) actuó regularmente en el MET, con apariciones en otros teatros: Buenos Aires (1931-1943), San Francisco (1934-1945) y Chicago (1934-1945). Melchior interpretó el papel de joven Siegfried en 128 ocasiones, desde que lo encarnase por vez primera en Magdeburgo el 25 de Noviembre de 1925 (con 35 años) hasta su despedida del papel en una función del MET de Nueva York en 1948, ya próximo a su jubilación forzosa. Quienes piensan que Melchior fue tan solo un fenómeno de la naturaleza, un tenor de voz voluminosa y oscura, imponente squillo, agudo fácil y fiato de Guiness, proclive a los calderones atléticos (5) pero de escasos matices, deberían escuchar este Sigfrido. Melchior no es sólo único, insuperable en los momentos que requieren cualidades heroicas, como en la Tercera Escena del Primer Acto, con la temible  canción de la fragua (pista 12, CD1), o en el dúo final. Aquí tenemos un tenor que dice, frasea, apiana, domina la mezza voce (6). Un par de ejemplos para apreciar la técnica de Melchior: su “Es sangen die Vöglein” (pista 5, CD1), compendio de virtudes o la espléndida frase “Im Schlafe liegt eine Frau” (pista 9, CD3, 5’54’’), que podría servir de paradigma del uso de la mezza voce.

Flagstad como Brünnhilde

El dúo final es un verdadero festín vocal, para degustar repetidas veces. Aunque el principio de la escena tiene un sonido terrible, con algún esfuerzo puede apreciarse que Melchior comienza (pista 9, CD3) magníficamente, con una voz bellísima (Ach! Wie Schön), perfecto control de la emisión y con el fuelle intacto. Resultar fascinante contrastar la expresividad de la Flagstad, podríamos decir casi intelectual, siempre controlando, con la entrega total de ese volcán que era Astrid Varnay. Flagstad comienza como reflejando el aturdimiento después de largo y profundo sueño y la sorpresa ante la nueva situación. Así, en sus “Heil dir, Sonne!” y “Heil dir, Licht!” (pista 10, CD3) la voz es radiante, luminosa, pero muestra cierta timidez. Su “Heil euch, Götter!” es ya una explosión de luz. En “O, Siegfried!” (pista 11, CD3) hay pasión, pero la brida está firmemente sujeta. Lástima el corte mencionado más arriba, que nos priva de unos minutos más de disfrute. Como colofón, tres “Sei mein!” (pista 12, CD3, 5’18’’) pletóricos de Melchior y una conservadora Flagstad que elude el comprometido Do5 de cierre en “lachender Tod!”, optando por el alternativo Do4, menos brillante pero previsto en la partitura.

 

 

BALANCE FINAL

A pesar del sonido irregular, la recomendación es total. Estamos ante el único Siegfried casi completo de Lauritz Melchior (7), rodeado de un importantísimo reparto y con la competente dirección de Bodanzky. Tratándose de un testimonio capital del Wagner que se hacía en el MET en la llamada edad de oro, sorprende la escasa difusión de la grabación. El sello alemán ARCHIPEL RECORDS en el que ha aparecido es aparentemente filial de GEBHARDT (www.gebhardtmedien.de), este último literalmente heredero de los extintos WALHALL y EKLIPSE) y con un creciente catálogo de grabaciones históricas. Sería deseable que algún distribuidor nacional (¿Diverdi?) explorase la posibilidad de traerlo a España. Hasta entonces, y recordando un viejo anuncio de TV: “busque, compare y, si encuentra algo mejor...”

 

(1) Para evitar suspicacias, seremos prudentes, como en un anuncio de una conocida marca de cerveza.
(2) Ese día Laufkötter se llevó dos sorpresas. La primera, una specialité de la maison de Melchior, desconocida para el nuevo Mime: durante la forja de la espada, un juguetón Siegfried lanzaba trozos de carbón a Mime, entretenido en otra parte de la escena preparando su brebaje. La segunda, al finalizar el Segundo Acto, y durante el ritual saludo de conjunto a telón bajado, la fornida manaza que antes le lanzó carbón, agarró a Laufkötter por el cuello y le empujó hacia adelante para que pudiera recoger en solitario  las ovaciones del público, entusiasmado con el nuevo Mime del MET.
(3) La función fue retransmitida por radio y hay grabación en CD (Walhall WHL21)
(4) Otro dato curioso: el director musical de aquella velada fue el compositor Carl Nielsen.
(5) Recuérdense sus interminables “Wälse!” (16 segundos y 14 segundos) en una de las Walkyrias de 1940 en Boston (Myto Records).
(6) No confundir la mezza voce, media voz, o emisión con volumen restringido, con mezza di voce o capacidad para regular la intensidad (crescendo-diminuendo) durante la emisión de una nota.
(7) Entre 1929 y 1932, Melchior grabó para HMV-EMI extensos fragmentos de la obra, incluyendo la canción de la fragua y el dúo final (con Florence Easton). De este documento excepcional hay edición en CD, en un álbum de 7 discos del sello Pearl (The potted Ring), con extraordinario reprocesado de Mark Obert-Thorn, que será comentado próximamente en la sección La isla del tesoro de www.wagnermanía.com.