Número 198 - Zaragoza - Junio 2017
DISCOS 

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS (II)
En plena tarea con este Sigfrido, hice una pausa para descansar tumbado a la sombra de un tilo. Dos meses después me cayó en la cabeza una manzana, como a Newton, y aquel incidente me recordó que ya iba siendo hora acabar lo que empecé allá por Diciembre de 2001, y que lleva visos de convertirse en una odisea espacial, para desesperación del antaño simpático y paciente webmeister y editor, y de alguien más...

SIEGFRIED

Primer Acto

El Preludio, obra maestra de “música psicológica”, es tosido inclementemente por el público del Festspielhaus, que en esta ocasión me recuerda al de Madrid. El entramado de motivos (7) refleja los pensamientos que atormentan a Mime: cómo conseguir el Anillo y convertirse en Amo del Mundo. Nótense las “violas ásperas” (con sordina), que entran en el compás 43 (CD 7, pista 1, 1’17’’).

Gerhard Stolze es un excelente Mime, con buena voz de tenor, menos histriónico que Paul Küen (en las ediciones de 1956 y 57), Mime ejemplar. Stolze se mueve con soltura por el Fa #3 (“wenn Siegfried sehrend ich schwingt. / Und ich kann's nicht schweiβen, / Nothung das Schwert!”, pista 2, 2’36’’) y el Sol 3 (“und schmäht doch, schmied ich ihm nicht!”, 3’24’’). En el Lamento de Mime, “Das ist nun der Liebe / schlimmer Lohn!” (pista 3, 4’20’’) Stolze se muestra firme de voz, con un timbre no ingrato, intención, atención al texto, sin sacrificar la línea de canto aunque sin escamotear sollozos allá donde los pide la partitura (schluchzend.). Es un Mime en la línea de un David de Meistersinger, con un punto cómico pero medido, sin exagerar.

Windgassen entra pletórico (pista 3), quizá un poco apurado en las risas. Resuelve sin problemas el rápido pasaje que va de 2’05’’ a 2’35’’ que comienza con “Da hast du die Stücken”, y sigue de 2’40’’ hasta 2’52’’, y en el que, a pesar del rápido tempo, son notables la dicción y el énfasis puesto en algunas palabras. La caracterización que hace Windgassen del personaje de Siegfried se trasluce hasta en breves frases aisladas, como “Ich kann dich ja nicht leiden; / vergiβ das nicht so leicht” (pista 4, 2’31’’).

Toda esta Primera Escena es vocalmente espléndida, y con una toma de sonido que permite oír muchos detalles en la orquesta. Por ejemplo, préstese atención a los dos primeros minutos de la pista 6, con el relato de Mime del nacimiento de Siegfried y la muerte de Sieglinde, absolutamente prodigiosos, con una orquesta delicadísima y un inspirado Stolze.

Hotter está menos fatigado que el año anterior aunque la voz es algo tremolante en el registro agudo, y al comienzo de la Segunda Escena el Re 3 resulta algo tirante: “nur was ihm not tat / wuβte er nicht: / was ihm frommte, / lieβ ich erfragen: / lohnend lehrt ihn mein Wort” (pista 8, 2’59’’). Después de la frase del Viandante "lös ich's Lehren nicht ein” (pista 8, 4’39’’), nótese el tremendo trémolo de contrabajos. Poco a poco Hotter va calentando, y para cuando comienza el torneo del Saber (pista 9) ya ha colocado mejor la voz, no presenta problemas con el Mi 3 (“der sollte die Welt ihm gewinnen" (pista 9, 1’38’’), exhibe un imponente legato sin muestras de fatiga y el Re 3 es más firme, como en la frase (en pp) “Auf wolkigen Höhn / wohnen die Götter" (pista 10, 0’38’’ a 0’57’’), con respiración antes de “wohnen”. Poco después coloca un par de Fa 3  rotundos, especialmente el segundo: “den Wotans Faust unspannt” (pista 10, 2’36’’) y “des Speeres starkem Herrn” (pista 10, 3’12’’). En la pista 12, cuando el Viandante pregunta a Mime, Kna sigue fielmente las indicaciones de la partitura: comienza “algo retenido” (etwas zurückhaltend), sigue “algo solemne” (Noch etwas gemessener) después de “sag mir zum ersten” (0’19’’) y a partir de 1’16’’ es ya “algo animado” (etwas belebend). Nótese la gracia, con un punto de comicidad, de los tresillos en violas (2’09’’).

Al final de la Segunda Escena (pista 13, desde 1’32’’) y comienzo de la Tercera (pista 14) las figuraciones de la cuerda (viento, fuego --¡Loge!) crean un ambiente sobrecogedor, de gran misterio. Son las mismas figuraciones que aparecen algo más adelante (pista 15), cuando Mime trata de explicar a Siegfried lo que es el miedo. Stolze refleja a la perfección la agitación y el pavor de Mime y, poco más adelante, está sensacional en “Fühltest du nie / im finstren Wald” (pista 15, 0’15’’ hasta fin de pista). Atención al larguísimo crescendo marca de la casa, mantenido desde 0’42’’ hasta 1’12’’, momento en que entra Siegfried. Hay otro ejemplo en pista 15, de 1’13’’ a 1’44’’.

En la canción de la fragua (CD 8, pista 1, 0’47’’), Windgassen sube con facilidad insultante al La 3 en los “Hoho! Hohei!”, y es un Siegfried heroico, con empuje, que no pasa apuros y es escrupuloso con lo escrito: hace todos los tresillos, da todas las notas, respetando su duración y altura, cosa que no puede decirse de todos los Siegfried, especialmente de los actuales. El tercer verso, “Was muβtest du zerspringen” (1’04’’) es “reteniendo” y, a partir del cuarto verso, “a tempo”. Sobre este punto Windgassen y Kna tienen alguna pequeña diferencia de opinión y se produce un ligero desajuste que no pasa de lo anecdótico.

La forja (CD 8, pista 2, 3’24’’) es asimismo convincente, sin alardes vocales (recuerdo ahora una de Max Lorenz, por ejemplo). Compaginar el canto con el yunque resulta casi imposible, por lo que se disculpa que Siegfried se muestre poco escrupuloso con los martillazos. Wagner era muy puntilloso con estas cosas, y en la partitura los martillazos están anotados como un instrumento más de la orquesta. Así, no sólo la nota ha de ser un Fa, sino que deben darse sobre sílabas concretas, con la intensidad y duración indicadas. Windgassen comienza por no dar el martillazo sobre la sílaba “ken” en “Funken” (4’40’’). Más adelante omite otro sobre los “Heiahohohohoho!” y, en la pista 3, 2’29’’, directamente pasa por alto los 12 (!!??) martillazos (3 cuatrillos de corcheas) sobre la la frase de Mime “vor meinem Zorne / zittert sie hin!”.

Segundo Acto

El Preludio (CD 8, pista 4) y la Primera Escena del Segundo Acto, asi como el encuentro Siegfried-Fafner, marcan uno de los escasísimos momentos de relax de Kna. Los temas que se suceden en el Preludio (8) configuran un ambiente sombrío, pero había más tensión en 1956 y 57. El bajo-barítono danés Frans Andersson posee una voz bella, con terciopelo, timbrada, pero por lo general transmite poco dramáticamente. En algunos momentos puntuales en que consigue trascender su natural monotonía se erige como un Alberich importante, como por ejemplo su explosión de ira ante la llegada del Viandante en “Du selbst läβt dich hier sehen?” (pista 6, 0’32’’) o, más adelante (5’10’’) en “Walhalls Höhen / stürm ich mit Hellas Heer: / der Welt walte dann ich”, sobre el tema de la maldición, cuyo final de frase adorna Andersson con una inquietante risa de poseído, no escrita, pero muy eficaz.

Hotter vuelve a mostrar un preocupante vibrato en el Re 3, sobre todo en las notas largas, como en  “Helden nur können mir frommen” (pista 7, 1’36’’). Tampoco apoya suficientemente la voz en los graves (Lab 1 en “band er dich / Bösen mir nicht”, pista 6, 3’25’’). Todas las apariciones del dragón, desde que el Viandante despierta al dragón (pista 8, 0’31’’) hasta que Siegfried lo mata, van acompañadas de efectos especiales, un soplido incesante y muy molesto (especialmente si se escucha con auriculares).

Este tenor no teme al dragón, aún le queda mucho por cantar

En la Segunda Escena asistimos a un recital de variedad expresiva de Windgassen, que cincela cada frase con atención al contexto dramático, al significado de las palabras. Así, en “Soll das etwa Fürchten heiβen?” (pista 11, 3’05’’) es irónico (“¿Por ventura debe llamarse miedo a esto?”). Más adelante, durante los murmullos del bosque, la voz suena con un deje soñador (“nur noch viel schöner!”, pista 13, 1’06’’) o de desamparo (“Ach, möcht ich Sohn / meine Mutter sehen!”, 2’22’’). Excelente el trompa solista, que resuelve con brillantez su difícil parte (desde 1’55’’ en pista 15 hasta 0’30’’ en pista 16), llena de notas en p y corcheas picadas. Josef Greindl es un magnífico dragón, negro, contundente y amenazador, este año en buena forma, sin nasalidades, sin vibrato. Sólo un detalle, escúchese ese salto de octava, Fa 2-Fa 1 sobre “mor-det”, en “wen du gemordet” (pista 17, 1’58’’). Bien Dorothea Siebert como Pájaro del Bosque, una voz ligera, de bello color y volumen suficiente.

Afortunadamente todo está en “on” en la Tercera Escena (CD 9, pistas 2 a 8), Kna parece despertar de su momentáneo letargo y los resultados son prodigiosos. Stolze está magistral en su intento de embaucar a Siegfried. Es verdaderamente retorcido y astuto. Nótese el acompañamiento orquestal, cargado de humor e ironía (9), a las intervenciones de Mime (CD 9, pista 4 y 5). Kna borda este pasaje. Windgassen comienza con un leve titubeo, que hace intervenir al apuntador (“Den Lehrer fand...”, pista 4, 0’25’’). Atención a las frases de Mime “Siegfried, mein Sohn, / das siehst du wohl selbst, / dein Leben muβt du mir lassen” (2’36’’), en la que Stolze escala al La 3 (sobre “mein”) y “Nun (p <), mein (f) Wälsung! (>) / Wolfssohn (p < f) du (>)! / Sauf (fp <) und würg (Sol 3) dich zu Tod!” (pista 5, 3’47’’), en la que Stolze hace todos los reguladores prescritos.

Después de deshacerse de Mime, Windgassen es la imagen misma de la soledad. Su frase “Doch ich bin so allein, / hab’ ich Brüder noch Schwester...” (pista 7, 1’45’’) es conmovedora. Un inspirado Kna le arropa con mimo (pistas 7 y 8), ora delicado, extrayendo de la orquesta sonidos envolventes, vaporosos (pista 7, 0’49’’ a 1’45’’), ora agitado (Lebhaft), apasionado (pista 7, 2’35’’). El final (desde 0’45’’ en pista 8) es fabuloso, la orquesta canta, y hay un aire de candor, jovialidad y alegría.

Tercer Acto

Con Kna, el imponente Preludio (CD 9, pista 9) suena exactamente es como está indicado, “animado, pero pesado” (Lebhaft, doch gewichtig). En la invocación a Erda (pista 10), Hotter es imperioso, y su estado vocal es notoriamente mejor que el año precedente. Es una lástima que pase apuros por encima del Mib 3, de los que hay nada menos que ocho en esta escena. Tiene un ligero despiste en la frase “Der Weckrufer bin ich / und Weisen üb’ ich” (2’44’’), que Hotter convierte en  “Der Weckrufer bin ich / und heusen bin ich”. Maria von Ilosvay cumple discretamente como Erda, pero, al igual que hiciera en 1957, en “herrscht durch Meineid”(pista 12, 1’21’’), el Lab 4 sobre la sílaba “Mein” es tremolante, inestable, feísimo. Nótese cómo mientras el Viandante le cuenta a Erda la marcha de sus planes (Siegfried ya tiene el Anillo), la música es evocadora y feliz (CD 10, pista 1): Wotan ya no teme el fin de los Dioses, y cede el testigo al “por mí elegido”, que aparece de inmediato.

En el encuentro Viandante-Siegfried de la Segunda Escena, a Windgassen le corre la voz fresca, dando la imagen de joven impetuoso, ineducado, curioso, atrevido y tosco (“Doch darunter fehlt dir ein Auge!...”, pista 3, 1’40’’). Préstese atención a la intervención del Viandante “Kenntest du mich, kühner Sproβ” (pista 4), magníficamente servida por un humanísimo Hotter (“Dem ich so hold bin, / Allzuhehrer!”, 1’02’’) y que reproduce el clima de la Tercera Escena (Wotan-Brünnhilde) del Tercer Acto de La Walkyria. El Viandante se duele del trato recibido por Siegfried, quien sólo quiere llegar a la roca de Brünnhilde sin pérdida de tiempo. Para Kna, estos momentos son tan importantes como la cabalgada de las Walkyrias, no hay más que fijarse en la tensión dramática, la expresividad (Ausdrucksvoll) que consigue de la orquesta.

La Tercera Escena, con esa pareja irrepetible que fueron Wolfgang Windgassen y Astrid Varnay es una cima artística. Escúchese la frase “Mutter! Mutter! / Gedenke mein!” (pista 8, 0’50’’), en la que  Windgassen  expresa la vulnerabilidad de Siegfrid, o “Blende mich auch noch der Blick? / Wagt’ es mein Trotz? / Ertrüg’ ich das Licht?”, en la que la voz  suena bella y fresca como si acabase de salir a Escena. O ese prodigio que es “Ist dies das Fürchten? / O Mutter! Mutter! / Dein mutiges Kind! / Im Schlafe liegt eine Frau, / die hat ihn das Fürchten gelehrt” (2’26’’), en la que desfilan agitación (“Ist dies das Fürchten?”), miedo (“Mutter!”), ternura infinita (“Im Schlafe liegt eine Frau”) y asombro (“die hat ihn das Fürchten gelehrt”).

Siegfried-Brünnhilde: Hubo un tiempo en que la gente cantaba como los dioses

 

El despertar de Brünnhilde es para el recuerdo. La voz de Varnay parece desperezarse frase a frase. El saludo al Sol, “Heil dir, Sonne!” (pista 9, 1’45’’) es contenido, algo tímido. En “Heil dir, Licht!” (2’08’’), con uno de esos crescendos interminables de Kna,  se va soltando. En “Heil dir, leuchtender Tag!” (2’32’’), ya sale el sol. Préstese atención al ardor, la pasión amorosa que Windgassen plasma en “Durch brennendes Feuer / fuhr ich zu dir...” (pista 11, 2’55’’), acompañado por un encendido Kna. Uno no sale de su asombro: dos cantantes, uno que lleva encima casi tres horas de función, con un terrible Primer Acto, y otro recién levantado, no muestran signos de cansancio o de falta de calentamiento, y sortean el escollo de este difícil dúo sin pasar ningún apuro. Windgassen llega sobrado de fuelle a los tres (Mi 3, Sol 3, Lab 3) “Sei mein!” (pista 14, 1’38’’). Varnay reparte Si  4 sin esfuerzo, con ese metal suyo, tan bruñido, y nos procura un brillante cierre dando el Do 5 opcional (10) en “Lachender Tod!” (pista 15, 2’46’’).

La estirpe de los cantantes wagnerianos, como la de los wälsungos o la de los dioses, se extinguió hace tiempo.

 

NOTAS
(7) Reflexión, acumulación del tesoro, servidumbre de los Nibelungos, Nibelungos, Anillo (en maderas), dragón, espada...
(8) Fafner, dragón, Anillo, maldición, aniquilación, servidumbre, anillo...
(9) La escritura es transparente: comienza la cuerda grave, a la que se van uniendo clarinete y fagot y, finalmente, dos trompas (en p y con la indicación “dolce”) y violines segundos.
(10) En 1957 le salió algo destemplado, y tampoco estuvo muy fina en el resto del dúo, quizá contagiada por un Aldenhoff inseguro y al límite ya de sus fuerzas.