Número 202 - Zaragoza - Octubre 2017
DISCOS 

WOTAN Y EL WAGNERIANO DE A PIE
Wotan y el wagneriano de a pie

 

En el Tercer Acto de “Sigfrido” hay un encuentro entre el joven e impulsivo Sigfrido, que no le teme a nada, y su abuelo el dios Wotan en guisa de Viandante. Sigfrido no conoce al viejo, y le exhorta a que le indique el camino a la roca donde, sumida en el sueño, reposa una mujer rodeada de mágico fuego, y a dejarle libre el paso. Wotan le pregunta quién le dijo que buscara la roca y aspirase a la mujer. Más adelante, cuando Sigfrido repara en que al anciano le falta un ojo, éste le dice: “con el ojo que a mí me falta ves tu este otro que me quedó.”

Al recordar a Ángel-Fernando Mayo y pensando en este merecido homenaje vino a mi memoria este pasaje de “El Anillo del Nibelungo”, pues dos generaciones de wagnerianos (unos muy jóvenes; otros, ya no tanto) “vemos” a través del “ojo” de Wotan/Mayo, ojo que nos prestó en forma de sus inolvidables artículos y traducciones, de los que ya nos ha hablado Xoan Carreira, y una Guía Wagner que es referencia obligada. Afortunadamente, y a diferencia de Sigfrido, pocos hay (siempre habrá alguno) que no reconozcan su deuda con Ángel, su autoridad y su magisterio. Y no sólo en Wagner, pues su ojo veía también más allá de éste, y nos descubrió a muchos a los Marshner, Weber, Berlioz, Pfitzner, Strauss y un largo etcétera. También por su culpa comenzamos a interesarnos por la figura del director Hans Knappertsbusch. Ángel escribía con tanta pasión y conocimiento sobre las cosas que amaba que era imposible sustraerse a la curiosidad. Contagiados de su entusiasmo, buscamos nuevas rocas, nuevos fuegos mágicos que cruzar.

Por esta indiscutible autoridad, Ángel era visto como una especie de Wotan por esa legión de admiradores anónimos que esperábamos impacientes cada artículo suyo, escritos en ese estilo tan personal, castizo, repletos de guiños a sus seguidores, estilo singular en el panorama de la crítica musical española. Se le nombraba con veneración. Cuando le conocías personalmente, ERA Wotan. La figura de Ángel, oronda, imponente, y su voz algo ronca, infundían más respeto aún. Creo que fue a Juan Lucas a quien primero oí referirse a Ángel como Wotan. Casualmente ayer supe que quien acuñó el cariñoso apelativo fue su amigo Luis del Llano, que acompañó a Ángel a Bayreuth en 1985.

He llegado a conocer a varias personas, wagnerianos de a pie como yo, cuya relación con Ángel siguió sendas parecidas a la mía. Empezamos acercándonos a él por escrito. Ángel cuidaba a sus queridos “corresponsales”, como se refería en el prólogo a la segunda edición de la Guía Wagner a las personas que le escribíamos para ponerle sobre aviso de novedades o reediciones discográficas o aportarle algún dato que pudiera ser de utilidad en alguno de sus proyectos. Un gesto altruista característicamente wagneriano, llegó a escribir.  Cuando llamabas su atención con la correspondencia, Ángel siempre mostraba interés por conocerte en persona y charlar ante unas cervezas (y de un codillo o unos callos, si se terciaba). Un buen día sonaba el teléfono y, al descolgarlo, al otro lado se oía la voz de Wotan: “¡Soy Ángel Mayo!” Los que tuvimos la fortuna de ser honrados con su amistad y tratarle con cierta frecuencia, acabamos reconociendo en él  un ser sensible, generoso y atento con sus amigos, aunque fuéramos de a pie y veintitantos años más jóvenes.

No quisiera extenderme con anécdotas personales, que yo y otros muchos aquí presentes guardamos y llenarían un libro con no pocos episodios jocosos. Mencionaré una, aparentemente sin importancia, pero que he recordado infinidad de ocasiones. Una tarde de 2000 me dirigí a la Parroquia (a estas alturas del homenaje no creo que sea necesario explicar a qué parroquia me refiero) con mi sobrino José Alberto, wagneriano precoz que contaba entonces 18 años, y un amigo. Cuando llegamos, Ángel departía animadamente con un conocido, cuyo nombre he olvidado. Acababa de llegar a España el “Anillo del Nibelungo” que Hans Knappertsbusch dirigió en Bayreuth en 1957. Hechas las presentaciones, y por indicación de Ángel, cogimos un ejemplar de ese “Anillo”, tomamos al asalto el despacho Juan Lucas, nos acomodamos, y escuchamos algunos fragmentos seleccionados mientras Ángel, en trance y con gesto feliz, explicaba éste o aquél detalle de la dirección, hacía comentarios sobre las voces y agitaba los brazos como si estuviera dirigiendo, transfigurado en su adorado “Kna”. Ahí estaba nuestro admirado Wotan, disfrutando como un crío, y haciéndonos pasar una tarde inolvidable, que se prolongó después de la audición, para variar, con unas rondas de cerveza en un bar cercano.

Quisiera terminar este breve recuerdo de Ángel con un fragmento de “Los Maestros Cantores de Nuremberg”, dirigidos por Christian Thielemann en el Festival de Bayreuth  de 2000. Ángel estuvo en aquel festival y volvió fuertemente impresionado por la personalidad y el buen hacer del joven director berlinés, a quien consideró “el heredero legítimo de la Gran Tradición de la dirección de orquesta alemana”. Les dejo con el coral “Wach auf!”, de “Los Maestros Cantores de Nuremberg”. Como todos los presentes sabéis, es una salutación del pueblo de Nuremberg a su amado Hans Sachs, el zapatero-poeta. La versión, como ya he apuntado, corre a cargo del mejor coro del mundo (el del Festival de Bayreuth) y la orquesta del Festival bajo la dirección de Christian Thielemann, un hombre, en palabras de Ángel, “seguro de lo que hace y cómo lo hace”. Como él mismo fue. Estés donde estés, hasta siempre, querido amigo y maestro. Vamos a echar de menos tu ojo privilegiado, que nos descubrió tantas maravillas y nos ayudó a ser más felices.

 

Palabras de Miguel Ángel González Barrio en el homenaje a Ángel-Fernando Mayo, que tuvo lugar el pasado lunes, 30 de junio, en el Teatro Real de Madrid. Una transcripción casi completa del emotivo acto puede leerse en Mundoclasico.com