Número 194 - Zaragoza - Febrero 2017
DISCOS 

EL OTRO WAGNER

ARTURO TOSCANINI—Concierto Wagner del 22 de febrero de 1941

Lohengrin, ‘Preludio al Acto 1’; Tannhaüser, ‘Dich, teure Halle’ (Acto 2); La Walkyria, ‘Acto 1 Escena 3’ Tristán e Isolda, ‘Preludio’ (Final de concierto de 1859 escrito por Richard Wagner); El ocaso de los dioses: ‘Amanecer, dúo y viaje de Sigfrido por el Rin’; ‘Música fúnebre’; ‘Inmolación de Brunilda’

Complemento: La Walkyria, Ensayo de orquesta de la Escena 3 del Primer Acto, del 2 ó 3 de abril de 1947, ‘Der Männer Sippe’; Final.

Siegfried, Lauritz Melchior (ten)
Brünnhilde, Helen Traubel (sop)
NBC Symphony Orchestra/Arturo Toscanini
Carnegie Hall, Nueva York, 22 de febrero de 1941 
Toscanini Broadcast Legacy Series
GUILD GHCD 2242/3 [2CDs: 55.02+75.35]

 

Dirige de un modo completamente diferente al nuestro
pero, a su manera, magnífico.


(Gustav Mahler a Bruno Walter)

 

 

Guild ofrece por vez primera el célebre monográfico Wagner completo, respetando el orden de ejecución y los comentarios radiofónicos de Gene Hamilton (1), que Arturo Toscanini y su orquesta de la NBC ofrecieron en el Carnegie Hall de Nueva York el 22 de febrero de 1941. La Escena Tercera del Primer Acto de La Walkyria y ‘Amanecer, dúo y viaje de Sigfrido por el Rin’ de El ocaso de los dioses aparecieron en los volúmenes 52 y 53 (GD60264 y 09026-60304-2) de la magna Toscanini Collection de RCA en 1991 y 1992. El aria de salida de Elisabeth en el Segundo Acto de Tannhäuser, ‘Dich teure Halle’ ha circulado fugazmente en disco pirata (Memories HR 4161/3) pero, salvo error u omisión, el resto es novedad en CD. Inexplicablemente (2), Toscanini y Traubel volvieron a grabar dos días después del concierto, el 24 de febrero, la ‘Escena de la inmolación de Brunilda’, y esta toma de estudio, y no la registrada en vivo fue la que se editó comercialmente y se incorporó a la Toscanini Collection. A la espera de lo que depare la anunciada edición de Los maestros cantores de Nuremberg de Salzburgo 1937 (única grabación completa de una obra escénica de Wagner dirigida por Toscanini), en el sello Andante, que puede hacer historia si el sonido es bueno, este concierto es uno de los pocos testimonios hoy disponibles para evaluar el Wagner de Toscanini, quien en 1884, con 17 años, tocó el violonchelo en una representación de Lohengrin en Parma,  en 1895 dirigió en Turín el estreno italiano de El ocaso de los dioses, y en 1930 y 1931 asombró en Bayreuth.

El Preludio I de Lohengrin con que se abrió el programa recibe una de las más finas (¡y lentas!) realizaciones de cuantas se conservan de Toscanini (tres grabaciones de estudio y varias tomas en vivo). Comienza con extraordinaria lentitud y delicadeza, poniendo a prueba a los violines de la NBC. El regular sonido de Guild, inferior a los extraordinarios resultados alcanzados por Seth Winner para RCA en las selecciones del concierto que fueron editadas en la Toscanini Collection, no permite apreciar del todo ese aura, esa magia que el Maestro encontraba en este preludio y que lo deslumbró  cuando lo tocó en 1884. Tras un dramático y poderoso clímax, el Preludio concluye entre etéreos pianissimi. Un arco perfecto. El Preludio de Tristán e Isolda arranca con el maestro algo desconcentrado, quizá recordando aún las gloriosas oleadas sonoras procedentes de las gargantas de Traubel y Melchior, lo que propicia algunas vacilaciones de la orquesta. Las cosas se desarrollan más bien rutinariamente hasta 6’44’’, momento en que director y orquesta parecen despertar. No es una gran versión, ni de las mejores de Toscanini (3), pero resulta curiosa porque incorpora el raramente escuchado final de concierto que Richard Wagner compuso en 1859, y que William Youngren, autor de unas magníficas notas (muchos sellos deberían tomar nota) considera “edulcorado”. Yo lo prefiero a la versión habitual, que une la ‘Liebestod’ al Preludio. En concierto, Toscanini solía comenzar la ‘Música fúnebre de Sigfrido’ con la música que acompaña las últimas palabras del agonizante Sigfrido (“Brünnhilde! Heilige Braut!”), 46 compases antes de los golpes de timbal (4’19’’) y los ominosos arpegios ascendentes y descendentes de violonchelos y contrabajos. Es una lástima que con Melchior a mano se optase por tocar la parte orquestal, prescindiendo de la voz del tenor. Aquí hay elevadas dosis de tensión y precisión rítmica, una de las obsesiones del Maestro, pero no se alcanza la grandeza de la grabación de estudio de 1952 (BMG-RCA 74321-59482), una lectura intensa, dramática, de amplio aliento (más de 40 segundos más larga que la que aquí se comenta), una de las grandes grabaciones toscaninianas, que pone sordina a la común creencia de que, con la edad, el Maestro se volvió más brusco y favoreció los tempi más vivos. En el concierto de 1941 hubo también alguna ligera imprecisión, lo que motivó que orquesta y director registraran de nuevo la pieza en estudio el 14 de mayo de 1941, grabación que sí recibió la aprobación de Toscanini para su comercialización (BMG-RCA 09026-60304-2).

Mayor interés presentan las selecciones vocales. Era la tercera vez en cuatro temporadas al frente de la orquesta de la NBC que Toscanini programaba un monográfico Wagner.  El 5 de marzo de 1938 (primera temporada), y el 25 de febrero de 1939 (segunda temporada) ofreció piezas orquestales. Para esta ocasión el maestro parmesano contó con la colaboración de dos solistas de lujo: Lauritz Melchior, el mejor tenor heroico de todos los tiempos, y Helen Traubel, que poco después se convertiría en la primera soprano wagneriana de la MET tras la marcha de Kirsten Flagstad a Europa y la enfermedad de Marjorie Lawrence.

Lauritz Melchior Helen Traubel

 

Helen Traubel puede parecer una Elisabeth demasiado opulenta para los tiempos actuales, en los que sopranos talla 40-42 que otrora harían Susannas y Nannettas (¡y gracias!) incorporan papeles wagnerianos de peso a su repertorio sin tener siquiera las notas, no hablemos del volumen vocal y la resistencia requeridos. La soprano de San Luis canta un excepcional ‘Dich teure Halle’, en el que hay alegría e introspección, fraseo exquisito, todo servido con la hermosísima, radiante voz de una soprano injustamente infravalorada. Esto es auténtico bel canto wagneriano. El acompañamiento del septuagenario maestro es vital y flexible. Atención a ese trémolo de cuerdas (3’33’’) que prepara el final.

Una vez abandonó los teatros de ópera, el fragmento no puramente orquestal de una obra de Wagner que Toscanini dirigió más veces en concierto fue la Escena Tercera del Primer Acto de La Walkyria. Dos veces la interpretó con la Filarmónica de Nueva York: en 1932 (con Paul Althouse y Elsa Ansen), 1934 (Paul Althouse y Gertrude Kapell). Tres con la NBC: esta que nos ocupa de 1941, en 1947 y 1949 (ambos con Set Svanholm y Rose Bampton). A sus cincuenta años Melchior está espléndido de voz, con un registro heroico inigualable, medias voces firmes, bien controladas, perfecto legato y dicción impecable. Toscanini no toleraba los alardes exhibicionistas de Melchior (4); así, sus dos ‘Wälse!’ le duran 7 y 6 segundos. El tenor danés se pliega a la férrea batuta, y se muestra más disciplinado que en otras ocasiones en el “Winterstürme” (CD 1, pista 7). En el segmento final, a partir de “Siegmund heiß ich”, Toscanini imprime un tempo infernal, trepidante, reflejo de la excitación del momento, pero que ahogaría a cualquier otro tenor. Melchior sale airoso, y aunque no ataca correctamente el terrible “Wälsungen-Blut” final, corrige sobre la marcha y resuelve eficazmente. Esta grabación es el único testimonio de la Siglinda de Traubel. Más Brunilda que Siglinda, como gran artista que era logra una convincente caracterización de la welsunga, muy expresiva. En “Der Männer Sippe” (pista 6) alterna el lirismo con las explosiones de júbilo y prodigiosas medias voces. Cuando suelta la voz, sale el sol, pero también es capaz de recogerla en un hilo, como después de “bis zum Heft haftet es drin” (CD 1, pista 6, 1’53’’). La técnica de Traubel es portentosa. En “O laß in Nähe / zu dir mich neigen” (pista 7, 4’45’’) se muestra delicada, femenina, frágil, y cierra esos versos con un hermoso filado sobre “zwingt” en “und so süß die Sinne mir zwingt”.

Durante su etapa norteamericana, Toscanini interpretó en numerosas ocasiones (y lo  grabó tres veces) un arreglo propio de ‘Amanecer y viaje de Sigfrido por el Rin’, del Prólogo de El ocaso de los dioses, que elimina el dúo. Esta es la única vez que dirigió el fragmento completo, dúo incluido. El ‘Amanecer’ (CD 2, pista 1), interludio orquestal entre la escena de las Nornas y el dúo, recibe aquí la interpretación más lenta de cuantas se conocen de Toscanini. El dúo es sensacional. Traubel frasea con nobleza y, sobre todo, con naturalidad: el canto parece su lenguaje materno, todo parece fluido y espontáneo. Melchior es un Sigfrido fogoso. En la parte final del dúo, desde “O heilige Götter!” ambos están pletóricos. La soprano ataca con miedo (Traubel siempre temía el Do agudo) el último “Heil!” y tiene que acortarlo, lo que desluce ligeramente el final. El ‘Viaje de Sigfrido por el Rin’ está animado de mucho impulso, más por la claridad de articulación y la transparencia de la orquesta toscaniniana que por el tempo en sí mismo. Toscanini se muestra en todo momento atento a la precisión rítmica, y su estilo,  comparado con el de los maestros alemanes de la dirección puede resultar poco flexible, metronómico. Algunos ataques resultan secos en exceso. En otros momentos la dirección es de un lirismo exquisito (pista 2, 4’08’’ a 5’00’’). El Maestro emplea el final de concierto de Engelbert Humperdink, que este firmante considera de un gusto pésimo. La orquesta es disciplinada, pero en ningún momento parece de primera fila. Sólo a partir de 1950 comenzó a sonar como una orquesta de gran categoría, de sonido refinado y con empaste.

La escena de la Inmolación de Brunilda es lo mejor del concierto, una de las más grandes jamás grabadas (5). Además de cantar maravillosamente, aquí sobresale ante todo la capacidad de penetración vocal de Traubel en los personajes, todo un prodigio. Nótese la expresividad de los versos “lautrer als Er / leibte kein Andrer” (pista 9, 4’21’’) y la explosión subsiguiente. En la pista 10, comienza con un “Wißt ihr, wie das ward?” a media voz, con un halo de misterio que poco a poco se torna en desafío. Toscanini acompaña a la perfección, con un  poderoso crescendo hasta 1’48’’. El pasaje desde “Alles, Alles, Alles weiß ich” (2’28’’) hasta “Ruhe, ruhe, du Gott!” es sublime; cantante y director están a la altura del momento, de la revelación, del fin necesario deseado por Wotan, y cuyo sentido al fin comprende Brunilda. Cuando menciona a los cuervos de Wotan la orquesta parece entonar las últimas campanadas. El final es grandioso. En su última aparición, el motivo de la redención irrumpe con gran serenidad y lirismo.

Como complemento, Guild ha tenido el acierto de incluir 20 minutos de ensayos orquestales de la Tercera Escena del Primer Acto de La Walkyria, con excelente sonido. Durante la preparación del concierto del 6 de abril de 1947 (Preludio y ‘Encantamientos del Viernes Santo’ de Parsifal y Tercera Escena del Primer Acto de La Walkyria, con Set Svanholm y Rose Bampton) se grabaron tres horas y media de ensayos de los días 2 y 3. En 1990 el sello Myto editó un álbum impagable de dos CDs (2 MCD 903.16), con más de dos horas de ensayos, con y sin cantantes, y el ensayo general completo del día 5. Los fragmentos ofrecidos por Guild, correspondientes a “Der Männer Sippe” (desde poco antes de “O fänd’ ich ihn heut’” hasta el “Winterstürme”) y el final (desde que Sigmundo extrae la espada del tronco) no fueron incluidos en el álbum de Myto. Aún sin entender todos los comentarios del director, en una mezcla de inglés e italiano con fuerte acento de Parma, contemplamos como, entre risas, gritos, broncas  y arranques de furia (“Corpo del vostro Dio!”), Toscanini va moldeando el sonido de su orquesta, reajustando continuamente tempo y dinámicas. La ausencia de voces permite apreciar la complejidad y riqueza de la orquestación wagneriana, además de servir para una improvisada sesión de karaoke. El único que canta es el Maestro, que con ochenta años cumplidos  desborda vitalidad, y lo canta todo, con su característica voz quebrada.

El comentario que encabeza la reseña se refería, claro, a Arturo Toscanini, en concreto a la impresión de Mahler tras presenciar una función de Tristán e Isolda en Nueva York en 1909. Con los discos de la Toscanini Collection de RCA descatalogados y convertidos en objeto de coleccionista, y el álbum doble de la fallida serie Immortal Toscanini (BMG-RCA 74321-59482) de difícil localización, este álbum que ahora ofrece Guild con sonido variable pero bastante aceptable es el mejor modo de acercarse al Wagner de este genial y controvertido (6) director, que dirigía “diferente”, favoreciendo las texturas transparentes frente a las densidades que suelen asociarse con este repertorio, con un instinto dramático y un dinamismo extraordinarios. A la espera de que Diverdi se decida a importarlo y distribuirlo en nuestro país, puede adquirirse directamente a través de la web del sello Guild (www.guildmusic.com), donde se pueden escuchar algunos fragmentos. También puede adquirirse a través de tiendas  que operan en internet, como www.jpc.de. Sería también deseable que algún sello reeditase el último concierto del Maestro (7), su despedida como músico en activo tras una carrera de sesenta y ocho años, celebrado el 4 de abril de 1954. Si bien debido a la tensión del momento los resultados artísticos fueron inferiores a los de otras ocasiones, la grabación esteorofónica, de gran calidad técnica para la época, permite disfrutar del “sonido Toscanini”, famoso en su época, y no siempre llevado correctamente al disco. 

 

Discografía wagneriana completa de Arturo Toscanini (430 KB)

 

NOTAS

(Fotografías de Toscanini por Robert Hupka, del libro This was Toscanini, de Samuel Antek y Robert Hupka. Vanguard Press, Nueva York, 1962.)

(1)   Las cintas de Richard Gardner, fuente de esta edición Guild, contienen algunos, pero no todos los esquemáticos comentarios del locutor.
(2)   No se aprecian fallos importantes, ni de la solista ni de la orquesta, en la toma en vivo que se recoge en este doble álbum, mucho más excitante y dramática que la grabación de estudio.
(3)   La palma se la llevan la incandescentes lecturas del 7 de marzo de 1953 en el Carnegie Hall (Arkadia CDHP 539.1) y del concierto a beneficio de la Cruz Roja del 25 de mayo de 1944 en el Madison Square Garden, con una formación compuesta por profesores de la Orquesta Sinfónica de la NBC y la Filarmónica de Nueva York (Radio Years RY 71.2). La última grabación de estudio del Preludio, de 1952 (BMG-RCA 74321-59482-2) es decepcionante, primorosamente tocada pero gélida. En los tres casos citados se tocó la versión que coloca la ‘Liebestod’ a continuación del Preludio.
(4)   En su autobiografía, Una mujer de San Luis (Duell, Sloane and Pierce, Nueva York, 1959), Helen Traubel comenta que, al llegar a una de esas notas que Melchior solía alargar interminablemente, la batuta de Toscanini silbaba en el aire, en un gesto con el que simulaba rebanarle el cuello, y el tenor se veía obligado a cortar.
(5)   “¡Tienes que oír la ‘Inmolación’ con Traubel! ¡Ah, che bella voce, che bella voce!”, le dijo el Maestro al crítico B.H. Haggin.
(6)   Hoy está de moda denostar a Arturo Toscanini, muchas veces sin conocer sus discos. Parece que, para ensalzar las virtudes de algunos artistas recientes, algunos encuentran necesario echar por tierra la reputación de los artistas del pasado. Quizá Gustav Mahler, Siegfried Wagner, Alexander Kipnis, George Szell y tantos otros que alabaron la manera de dirigir del parmesano no tenían ni idea. Hemos tenido que esperar más de cincuenta años para que algún crítico nos revele que, en realidad, Toscanini era un mal director. ¡Qué cosas hay que leer!
(7)   Hoy es una pieza de coleccionista, pero ha estado disponible en dos sellos Music & Arts CD-3008, Arkadia CDMP 414.1.