Número 202 - Zaragoza - Octubre 2017
DISCOS 

SORPRENDENTE WAGNER ANTIPODAL

LA WALKYRIA

Stuart Skelton (Siegmund), Deborah Riedel (Sieglinde), Richard Green (Hunding), John Bröcheler (Wotan), Lisa Gasteen (Brünnhilde), Elisabeth Campbell (Fricka), Elisabeth Stannard (Gerhilde), Lisa Harper-Brown (Ortlinde), Liane Keegan (Waltraute), Zan McKendree-Wright (Schwertleite), Kate Ladner (Helmwige), Gaye MacFarlane (Siegrune), Jennifer Barnes (Grimgerde), Donna-Maree Dunlop (Rossweise).

Adelaide Symphony OrchestraDirector: Asher Fisch4 SACDs Surround Sound MELBA MR 301091-94 (Libreto en alemán e inglés)

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Ya lo dijo Balzac, “sans génie, je suis flambé”, y lo mismo han debido pensar los responsables del sello Melba y de la Ópera del Sur de Australia. Los anglosajones tienen talento para vender (1), y en la grabación que nos concierne, ante todo –vender otra cosa hoy se ha puesto difícil– se vende tecnología, se vende sonido. Estamos ante la entrega inicial de un Anillo completo, grabado en vivo en Adelaida, y editado en SACD (compatible con reproductores de CD) de 6 canales y sonido envolvente. De entrada, a mí todo esto del surround no me impresiona; menos aún si se trata de que me griten en la nuca. De los 27 cantantes principales, todos menos tres son australianos (an all-Australian cast), y la dirección corre a cargo del joven y para mí desconocido director Asher Fisch, discípulo de Daniel Barenboim (ha sido titular de la Volksoper de Viena). Se da la circunstancia  de que Fisch es de Israel, un país donde, como todo el mundo sabe, Wagner está prohibido. Por todo ello, confieso que cuando recibí esta Walkyria, mi primera reacción fue, no de estupor, pero sí de desconfianza.

La desconfianza se tornó en curiosidad desde las primeras notas del preludio, y pronto dio paso a la sorpresa y la admiración. El sonido es extraordinario. Uno tiene la sensación de encontrarse dentro de la orquesta. Todo se oye con gran nitidez, distinguiéndose cada familia, casi cada instrumento. Pero, además del impacto sonoro, se nota enseguida que Fisch no pesca en río revuelto. Sabe perfectamente lo que se trae entre manos y obtiene una respuesta superlativa de una Sinfónica de Adelaida que, oír para creer, se desempeña con un nivel a priori impensable en esta formación (¡qué maderas!), esplendorosamente captada por los micrófonos de Melba. Los tiempos, moderados (223' = 63' + 91' + 69'), son casi idénticos a los de Knappertsbusch en 1956 (225' = 64' + 93' + 68'). Sorprenden por lo inesperado la calidad del fraseo, el sentido de la línea, de la estructura a gran escala, el control permanente (escúchese el fuego mágico), sin altibajos. La dirección de Fisch, alejada de personalismos –¡no neutra, ojo!–, sin estridencias, atenta al detalle, ciñéndose a los cantantes cuando corresponde, soltando a la orquesta cuando puede hacerlo, es mucho más interesante y rica que la de conocidos “especialistas” que son en realidad simples routiniers que sólo saben sacarle partido a una orquesta de relumbrón. (¿Nombres? Hagan sus apuestas. La solución, quizá, otro día.) Una muestra: nótese cómo Fisch hace cantar a los chelos y a las maderas, soportados por una trompa impecable, justo antes de la entrada de Hunding (CD 1, pista 5, 2:18-3:09). Un director a seguir.

¿Y qué hay de las voces? Por una vez no me referiré al pasado, pues en comparación con él –y muy especialmente en Wagner– todo es ocaso y tierra baldía. Cuando no se espera nada, algo es mucho, pero es que este algo no es poca cosa. Lo mejor del sólido reparto es la pareja de wälsungos, de gran calidad. Stuart Skelton (Siegmund) cantó Merlín en el Teatro Real de Madrid. No le vi, ni tampoco el DVD de aquellas representaciones, pero mis informadores me cuentan que no causó impresión alguna. Algo así como Klaus Florian-Vogt en el König Kandaules de Zemlinsky, y mírenle ahora. En tiempos como éstos, en los que el tipo vocal viene determinado, no por la partitura, sino por quien la canta, Skelton puede llevar con dignidad la etiqueta de Heldentenor. No es la voz idónea para la parte, pero sabe cómo colorearla, ensombrecerla, y compone un Siegmund convincente y muy seguro, sin fisuras. En el comienzo de la tercera escena del primer acto me recuerda ligeramente a Domingo, sin la anchura del centro de éste. Con gran arrojo, se marca dos estupendos “Wälse!”, muy largos (13 y 11 segundos). Deborah Riedel es una Sieglinde lírica, de acentos juveniles, espléndidamente cantada e interpretada. Negocia con cuidado “Der Männer Sippe”, mucho mejor “Du bist der Lenz”, más segura y entregada.

A pesar del timbre no muy grato, los cambios de color, zonas en las que la voz se aclara, graves endebles, John Bröcheler no me parece peor Wotan que Falk Struckmann o Alan Titus, que lo han cantado en Bayreuth en las dos últimas producciones. Más convincente en el tercer acto donde, arropado gloriosamente por Fisch, se canta unos adioses muy potables (la grabación es en vivo, no se olvide), con correcta utilización de la media voz, que en el segundo, donde su monólogo no termina de despegar. La entrada de Brünnhilde en el segundo acto es penosa, con agudos (ya el Si es demasiado para ella) destemplados, cuando no gritados. Una lástima, porque allí donde no tiene que poner a prueba sus notas altas, Lisa Gasteen es una Brünnhilde muy estimable, de voz cálida, expresiva, con un centro ancho y buenos graves, magnífica dicción y sentido del texto. En la escena del anuncio de la muerte del segundo acto, o la tercera escena del último, por ejemplo, su canto es perfectamente “homologable” a los cánones que todos tenemos en mente. 

Cumplidores Richard Green, Hunding rocoso, de voz fea, corto por arriba y graves de compromiso, con inflexiones greindlianas –sin el material de Greindl, claro– y Elisabeth Campbell, Fricka de voz pequeña y chillona. El octeto de Walkyrias es muy competente, y los efectos que se consiguen en la cabalgata jugando con la colocación de las voces (alguna, lejana, se me antoja amplificada) contribuyen al realismo y a la espectacularidad de la escena.

A lo expuesto añádase una presentación ejemplar, de lujo, en formato discolibro, con ensayo de Mike Ashman, biografías y álbum fotográfico de los artistas, libreto en alemán e inglés (2). Espero impaciente en mi Walhall particular, no el inminente fin, como Wotan, sino las próximas entregas de este Anillo. Veremos si son capaces de mantener el nivel. Mientras llegan, seguiré disfrutando con esta sorprendente Walkyria.

 

(1)     Mientras redacto esta reseña, me llega la noticia de que la MET va a retransmitir ópera en directo en cines de EE.UU. (The Multiplex as Opera House: Will They Serve Popcorn?).
(2)     La afamada traducción adaptada al canto de Andrew Porter. Puede descargarse traducción francesa, de Alfred Ernst, en:
http://www.melbarecordings.com.au/images/stories/walkurelibretto_fr.pdf. En agosto pasado tuve el placer de escuchar esta grabación en compañía de José Alberto Pérez, redactor de WM, quien puso a mi disposición su estupendo equipo de home-cinema y, anglófilo empedernido él, me cantó el Winterstürme siguiendo la traducción de Porter. Lástima que no le escuchase el gerente de la English National Opera. Quizá un día no muy lejano tenga que ceder su sección de intérpretes para que otro glose su incipiente carrera como tenor heroico.

Dos muestras:
CD1: 19. Siegmund – so nenn ich dich! (Sieglinde): http://www.melbarecordings.com.au/mp3s/WalkureCD1Tr19.mp3
CD4: 1. Cabalgata de las Walkyrias http://www.melbarecordings.com.au/mp3s/WalkureCD4Tr1.mp3