Wagnermania
 


 LIBRETTO ESPAÑOL


PRELUDIO

ACTO I

Escena primera

(La escena tiene lugar en el interior de la Iglesia de Sta. Catalina en Nuremberg. Sólo se ven las últimas filas de asientos. Eva y Magdalena están sentadas. De pie a un lado, está Walther von Stolzing quien, intercambia miradas con Eva durante el servicio).

Congregación
Cuando el Salvador vino a ti,
aceptó con agrado tu bautismo
y se ofreció a una muerte de sacrificio,
lo hizo por nuestra salvación,
para que nosotros pudiéramos consagrarnos
a través de su bautismo
y así ser merecedores de su sacrificio.

Walther
!Quedaos! ¡Una palabra! ¡Una sola palabra!

Eva
(A Magdalena)
¡Mi pañuelo! ¡Mira!
Seguramente nos lo hemos olvidado en el asiento.
Magdalena
¡Muchacha olvidadiza! Ahora he de ir a buscarlo.
(Vuelve al banco donde estaban sentadas)

Walther
¡Joven Dama! Perdonadme que haya roto el protocolo,
más para saber una cosa, para preguntar una cosa
¿qué no me atrevería a romper?
Si se trata de vivir o morir,
de una bendición o una maldición:
dejad que lo sepa tan sólo con una palabra:
Decidme, joven dama

Magdalena
Aquí está el pañuelo.

Eva
¡Oh Dios mío! ¿Y el broche?

Magdalena
¿Se te ha caído?
(Vuelve otra vez al banco)

Walther
(Con suavidad, pero ardiente se dirige a Eva)
Se trata de luz y alegría, o bien de oscuridad y muerte?
Si he de saber lo que deseo saber,
si he de oír lo que tanto temo oír.
Decidme, joven dama

Magdalena
(Volviendo otra vez)
Aquí también está el broche.
¡Vamos, niña! Ahora ya tenéis el broche y el pañuelo.
¡Oh Dios mío! ¡Ahora me he dejado mi libro!
(Vuelve a irse una vez más)

Walther
Esta sola palabra, no la dirás.
La sílaba que dictará mi sentencia.
¡Si o no!: un breve sonido:
joven dama, decidme, ¿ya estáis prometida?

Magdalena
(Quién ha vuelto de nuevo, haciendo una reverencia a Walther)
¡Mirad! El Caballero.
¡Cuánto nos honra su presencia:
¿Acaso os preocupa la protección de la joven Eva?
¿Quizás sería mejor que anunciara la visita de este héroe
al Maestro Pogner?

Walther
(Dolido)
¡Oh, yo nunca habría entrado en su casa!

Magdalena
¡Mi Señor! ¿Qué estáis diciendo?
¿Acaso no habéis sido recibido con hospitalidad
aquí en Nuremberg donde acabáis de llegar?
Lo que os han ofrecido de las cocinas y bodegas, cofres y armarios:
¿no creéis que deberíais dar las gracias por ello?

Eva
¡Buena Lena! ¡Ay! Eso no es lo que quiere decir.
Quiere que yo le diga
¿cómo podría decirlo con pocas palabras,
pues a penas lo entiendo yo misma!
me siento como si estuviera viviendo un sueño
El me ha preguntado si estoy prometida.

Magdalena
¡Dios mío! ¡No habléis tan alto!
Vámonos a casa.
¡Si la gente nos viera aquí!

Walther
¡No os vayáis sin decírmelo!

Eva
La iglesia está vacía. La gente ya se ha ido.

Magdalena
¡Eso es lo que me está quemando por dentro!
Caballero, quizás en otro lugar.

(David entra desde la sacristía y se pone a correr las oscuras cortinas que ya están colocadas para separar el primer plano del escenario de la nave de la iglesia)

Walther
¡No! ¡Antes, esta palabra!

Eva
(Con urgencia)
¿Esta palabra?

Magdalena
(Ve a David, se para y lo llama a parte con ternura)
¿David? ¡David aquí!

Eva
(Con urgencia)
¿Qué le digo? Dímelo

Magdalena
(Distraída y sin dejar de mirar a David)
Caballero, lo que preguntáis a la doncella
no se contesta con facilidad:
es verdad que Eva Pogner está prometida

Eva
(Interrumpiéndole rápidamente)
Pero nadie ha visto todavía al novio.

Magdalena
Y nadie sabe quien es el novio
hasta que el Juez lo nombre mañana.
Aquél al que se le otorgue el premio de Maestro Cantor.

Eva
Y la misma novia le pone la guirnalda

Walther
¿El Maestro Cantor?

Eva
(Tímidamente)
¿Acaso no sois uno?

Walther
¿Una canción de galanteo?

Magdalena
Ante los Jueces del Concurso

Walther
¿Y gana el premio?

Magdalena
Aquél que los Maestros creen merecedor

Walther
¿Y entonces la novia puede escoger?

Eva
(Dejándose llevar)
¡Vos y ningún otro!

(Walther perturbado, se da media vuelta y empieza a caminar arriba y abajo)

Magdalena
(Escandalizada)
¿Qué? ¡Eva! ¡Eva! ¿Te has vuelta loca?

Eva
¡Buena Lena! ¡Deja que consiga al caballero!

Magdalena
Pero si tan sólo ayer lo visteis por primera vez.

Eva
Precisamente lo que me provocó esta angustia repentina,
fue el hecho de que ya lo había visto mucho antes en un cuadro:
dime ¿no se acercó igual que David?

Magdalena
¿Estás loca? ¿Cómo David?

Eva
Como el David del cuadro.

Magdalena
¡Ah! ¿Os referís al rey que lleva el arpa
y la larga barba en el escudo de armas del Maestro?

Eva
¡No! Aquél cuyas piedras
lograron tumbar a Goliat;
con la espada en su cinturón,
con el tirador en la mano,
su cabeza radiante por los rubios mechones
tal como el Maestro Dürer nos lo ha pintado.

Magdalena
(Casi gritando)
¡Ay! ¡David, David!

David
(El cual había salido y ahora vuelve con una regla en el cinturón y agitando un trozo grande de tiza atado a una cuerda).
¡Aquí estoy! ¿Quién me llama?

Magdalena
¡Ay David! ¡Cuánta infidelidad has causado!
(A parte)
¡El querido bribón! ¿Todavía no lo sabe?
(En voz alta)
¡Ay mirad! ¿No nos ha encerrado dentro?

David
(Con ternura, a Magdalena)
Sí, a ti sola, pero en mi corazón.

Magdalena
(A parte)
¡Esa cara tan honesta!
(En voz alta)
¡Ay, dime! ¿Qué tonterías estás haciendo aquí?

David
¡Salvadme! ¿Tonterías? ¡Un asunto muy serio!
Estoy preparando la tarima para los Maestros.

Magdalena
¿Qué? ¿Es que van a cantar?

David
Hoy es sólo una prueba:
el aprendiz que no cometa ninguna infracción contra el código de reglas será declarado libre;
aquel que no se arrepienta de la prueba
se convertirá en Maestro.

Magdalena
Así que el caballero se halla en el lugar apropiado.
Ahora Eva, venga, debemos irnos.

Walther
(Volviéndose a ellos)
Dejad que os acompañe a casa del Maestro Pogner.

Magdalena
Esperadle aquí, pronto llegará.
Si queréis ganar la mano de Eva
el momento y el lugar apropiado os traerá fortuna.
(Dos aprendices entran trayendo bancos)
Ahora, vámonos, rápido.

Walther
¿Qué debo hacer?

Magdalena
Dejad que David os enseñe
como tomar parte en la prueba.
¡David mío! Escucha, querido amigo,
cuida de este caballero por mí.
Te traeré algo bueno de la cocina,
y mañana te dejaré pedirme más
si este caballero se convierte en Maestro hoy.
(Empuja a Eva hacia la puerta)

Eva
(A Walther)
¿Os volveré a ver?

Walther
(Con pasión)
¡Seguro que me veréis esta misma noche!
¿Cómo podría expresar
lo que estaría dispuesto a hacer?
Mi corazón es nuevo, mi mente es nueva,
todo lo que hago es nuevo.
Sólo sé una cosa;
y sólo una cosa entiendo:
que con todos mis sentidos
intentaré ganaros.
Si no puedo hacerlo con la espada,
entonces debo vencer,
incluso si he de ganarte cantando como un Maestro.
¡Para ti son lo que poseo y mi propia sangre!
¡Para ti la sagrada decisión del poeta!

Eva
(Con ternura)
Mi corazón, resplandor bendito
es lo único que protege tu amor.

Magdalena
¡Rápido, a casa! ¡Rápido, a casa!
¡Sino no saldrá bien!
¡Sino no saldrá bien!

David
(Agarrando a Walther)
¿Maestro en seguida? ¡Cuánto coraje!

(Magdalena y Eva salen rápidamente y Walther se deja caer en una silla de iglesia que los aprendices acaban de colocar en medio del escenario)

Escena segunda

(Llegan más aprendices que empiezan a cambiar las sillas y los bancos de sitio para preparar la llegada de los Maestros)

Segundo aprendiz
David ¿Qué haces ahí de pie?

Primer aprendiz
¡Ponte a trabajar!

Segundo aprendiz
¡Ayúdanos a preparar el lugar del Puntuador!

David
Yo trabajé mucho mejor que todos vosotros;
ahora haced vuestro trabajo;
yo ya tengo otras cosas más placenteras que hacer.

Aprendices
¡Qué creído que es! ¡El aprendiz modelo!
¡Y eso porque su Maestro es zapatero!
Por fin puede centrarse con la pluma en la mano
mientras escribe poesía con el hilo y el punzón,
y escribir sus versos sobre la piel
que, según creemos, nosotros le curtimos.

(Se ponen a trabajar, entre risas)

David
(Después de observar durante un rato al pensativo caballero grita)
"¡Empezad!"

Walther
(Alzando la mirada, sorprendido)
¿Qué es eso?

David
(Gritando)
"¡Empezad!": eso es lo que te dice el "Puntuador"
para que empieces a cantar.
¿No sabes que ahora tienes que cantar?

Walther
¿Quién es el Puntuador?

David
¿No lo sabéis? ¿Acaso nunca habéis estado
en un concurso de canto?

Walther
Nunca he estado en ninguno donde los jueces
fueran artesanos.

David
¿Sois "Poeta"?

Walther
¡Ojalá lo fuera!

David
¿Sois "Cantor"?

Walther
¿Cómo puedo saberlo?

David
¿Pero seguro que habéis sido simpatizante
de la Escuela de Canto
y antes de eso fuisteis "Alumno"?

Walther
Todo eso me suena muy raro

David
¿Y sin embargo queréis convertiros
a Maestro en seguida?

Walther
¿Qué es lo que lo hace tan difícil?

David
¡Oh Lena, Lena!

Walther
¿Qué haces?

David
¡Oh Magdalena!

Walther
¡Aconsejadme bien!

David
Señor, el toque que os convierte en Maestro Cantor
no se adquiere en un día.
A mí me está enseñando ese arte
el más grande Maestro de Nuremberg, Hans Sachs:
durante todo un año me ha estado enseñando
para que pueda convertirme en "Alumno".
El arte de zapatero y del poeta
estoy aprendiendo a la vez:
cuando ya he dejado la piel lisa,
entonces aprendo a pronunciar vocales y consonantes;
cuando ya he encerado el hijo hasta que está duro y firme
entonces puedo entender lo que hace
el ritmo de una canción;
moviendo el punzón, cosiendo con la lezna,
aprendo lo que significa el pespunte
y a golpes de martillo
lo que son la medida y el número de un verso
Con un delantal de zapatero puesto,
he aprendido con mucho cuidado
lo que es largo, lo que es corto,
lo que duro, lo que es suave,
brillante o mate,
lo que son huérfanos y niños,
afijos, pausas, granos de maiz,
flores, espinas
¡creéis que he llegado muy lejos?

Walther
¿Has aprendido a hacer buenos zapatos?

David
Si ¡y me ha llevado bastante llegar hasta aquí!
Una canción tiene varias secciones y estrofas,
¿quién podría al primer intento,
encontrar la regla apropiada,
la costura apropiada,
el hilo apropiado con los que coser bien la canción
y dejarla con estancias que se acoplen
las unas a las otras?
Y después, hay que escribir la "Estrofa Final",
y procurar que no sea corta ni larga,
y procurar que contenga una Rima
que no haya sido utilizada en las demás estancias.
Cualquiera que observe estas normas,
las conozca y esté familiarizado con ellas
no es llamado aún Maestro.

Walther
¡Qué el Cielo me asista!
¿Acaso quiero ser zapatero?
Prefiero que me introduzcas en el arte del canto.

David
¡Lo haría, si ya hubiera llegado
a la categoría de "Cantor"
¿Quién podría creerse todo el trabajo que ellos supone?
Los tonos y melodías de los Maestros
tan numerosos en nombre y número,
las fuertes y las suaves
¿quién podría aprenderse todo esto en un momento?
Los tonos "corto", "largo" y "superlargo",
las melodías "escritas en papel" y "con tinta negra";
los tonos "rojos", "azules" y "verdes";
las melodías "flor de espino", "hoja de paja"
e "hinojo"; los tonos "tierno", "dulce", "rosa";
los tonos "amor no duradero" y "olvidado";
las melodías "romero" y "alhelí";
las melodías "arco iris" y "ruiseñor";
las melodías "acero Inglés" y "canela en rama";
las melodías "naranjas frescas", "flor de limonero",
las melodías "ranas", "ternera" y "jilguero";
la melodía "el difunto glotón";
los tonos "alondra", "caracol", "pregonero";
las melodías "pequeña menta balsámica", "mejorana";
las melodías "piel rojiza del león",
"verdadero pelícano";
la melodía "resplandeciente hilo brillante"

Walther
¡Que el cielo nos asista!
¡Qué interminable lista de tonos!

David
Esos son sólo los nombres:
¡ahora tenéis que aprender a cantarlos
tal como los Maestros me ha enseñando a mi!
Cada palabra cada tono debe oírse con claridad
y cada tono más alto o más bajo
al que pueda llegar la voz:
hay que ahorrarse el aire
para no quedarse sin él y desafinar.
No hagáis sonar la voz
antes de pronunciar las palabras,
y no las alarguéis mucho cuando las hayáis cantando;
no cambiéis la "flor" por la coloración":
dejad que cada adorno se asiente bien
en el camino del Maestro;
si cambiarais algo os podríais desorientar,
perder el verbo y haceros un lío.
Incluso si todo lo demás lo hubierais cantando bien, echaríais a perder vuestra oportunidad.
A pesar de haberlo intentado de valiente,
no he llegado tan lejos.
Cada vez que lo intento y no me sale bien,
mi Maestro me canta la melodía
"Rodilla-golpe con la tira".
Y si mi amada Lena no me ayuda,
entonces yo canto la melodía
"pan solo y agua".
¡Que esto os sirva de ejemplo, y olvidaros
ya de vuestro sueño de ser Maestro!
Pues primero tenéis que convertiros en "Cantor y Poeta",
antes de alcanzar la categoría de "Maestro".

Aprendices
¡David!

Walther
¿Qué es un "Poeta"?

Aprendices
(Trabajando)
¡David! ¿vienes?

David
Esperad, sólo es un momento
(A Walther)
¿Qué puede ser un "Poeta"?
Cuando ya has ascendido a la categoría de "Cantor",
y cantando los tonos de los Maestros correctamente,
y tú mismo has añadido rimas y palabras
que se adaptan como es debido
a los tonos de los Maestros
entonces quizás puedas llevarte
el premio de ser poeta.

Aprendices
¡Hei, David! ¿Quieres que nos quejemos a tu Maestro
o ya has acabado de hablar?

David
¡Oh, oh! ¡Por supuesto que he acabado,
ya que si no os ayudo lo hacéis todo mal!

Walther
(A David)
Sólo una cosa más.
¿Quién recibe el nombre de "Maestro"?

David
Mi Señor Caballero, así es como ocurre:
el poeta que con méritos propios,
compone una nueva melodía con los tonos de los Maestros
pero con sus propias palabras y rimas,
es reconocido como "Maestro Cantor".

Walther
(Ràpidamente)
¡Entonces el premio de Maestro será mío!
Si he de cantar, sólo podré vencer si encuentro
el tono apropiado para mi verso.

David
(Volviéndose a los aprendices)
¿Qué estáis haciendo?
Sí, ya veo que si no os ayudo,
ponéis la silla y el entarimado mal.
¿Acaso se trata de una representación
de la escuela de música?
Yo os diré como va: la tarima pequeña
sólo se trata de una prueba.

Aprendices
(Mientras trabajan)
¡No hay duda de que David
es el más listo de todos!
Sin duda aspira a altos honores:
si hoy hay aquí una prueba,
seguro que tomará parte en ella,
pues ya se enorgullece de ser buen cantor.
Se sabe de dedillo las rimas "soplo" y
canta muy bien la melodía "pobre y hambriento";
pero la melodía que mejor conoce
es la del "golpe fuerte", ya que esa
se la ha enseñado muy bien su Maestro a golpes.
(Se ríen)

David
¡Sí, reíros! Hoy no seré yo
sino otro el que se enfrentará a los jueces:
nunca fue "Alumno"; no es "Cantor";
dice que no quiere la categoría de "Poeta".
Puesto que es un caballero, cree que de un salto,
y sin ninguna dificultad, hoy y aquí se
convertirá en Maestro. Así que
¡ponedle la tarima como es debido!
Así, así, la pizarra contra la pared
para que el Puntuador pueda escribir
en ella fácilmente.
(A Walther)
¡Sí, sí! "El Puntuador"
¿No te estás poniendo nervioso?
Ante él, muchos concursantes
han perdido su oportunidad.
Te permite 7 errores que marca allí, en la pizarra
¿Aquél que comete más de 7 faltas,
ha perdido su oportunidad para siempre!
Ahora ¡id con cuidado!
El Puntuador está vigilando.
¡Buena suerte con el concurso!
¡Qué ganes la guirnalda!
¿Ganará el caballero la guirnalda de flores
hecha con fina seda?

Aprendices
(Después de acabar la tarima del Puntuador,
se dan las manos y bailan alrededor es ésta)
¿Ganará el caballero la guirnalda de flores
hecha con fina seda?

(A la derecha, hay una ristra de asientos junto a la tarima del Puntuador que se halla situada en el centro del escenario; a la izquierda, y de cara a la asamblea, se halla la silla eclesiástica: la silla del Cantor. Los aprendices empiezan a correr alarmados cuando Pogner y Beckmesser entran por la sacristía, conversando; poco a poco los otros Maestros van entrando, los aprendices ocupan sus sitios y esperan, respectivamente, junto a sus bancos. Walther, enfadado por las bromas de los muchachos, se deja caer en el primer banco).

Escena Tercera

Pogner
(A Beckmesser)
Podeís estar seguro de mi lealtad;
lo que he ordenado es para vuestro propio provecho:
ahora debéis ganar la competición.
¿Quién podría venceros en Maestría?

Beckmesser
Pero, no me aseguráis nada
sobre el único asunto que me preocupa:
si Eva puede negarse a casarse con el que la pretenda
¿de qué me servirá la gloria de mi Maestría?

Pogner
¡Pero qué decís!
De todas las cosas que hay por las que preocuparse
¿por qué tenéis que preocuparos por eso?
Si no sois capaz de hacer que mi hija
os desee como esposo, entonces
¿cómo podríais hacerle la corte?

Beckmesser
¡Oh, sí! ¡Por supuesto!
Por eso precisamente os estoy pidiendo
que le habléis a vuestra hija por mí.
Explicadle con cuanta ternura y modestia
le he hecho la corte, y cuanto Beckmesser
os parece el hombre apropiado.

Pogner
Eso lo haré con mucho gusto

Beckmesser
(A parte)
¡No me ayudará!
¿Cómo puedo evitar el desastre?

Walther
(Quién, al ver a Pogner, se ha levantado e ido a presentarse, y ahora se inclina ante él)
¿Permitidme, Maestro!

Pogner
¡Qué! ¡Señor Caballero!
¿Me buscáis en esta Escuela de Música?
(Se saludan mutuamente)

Beckmesser
(Todavía hablando consigo mismo)
¡Ay, si las mujeres comprendieran!
Pero para ellas vale más el brillo sin valor
que toda la poesía.

Walther
Este es el lugar apropiado para mí.
He de admitir que lo que me trajo desde
mis tierras hasta Nuremberg fue sólo
mi amor por el arte.
Si ayer me olvidé de decíroslo,
hoy debo atreverme a deciros
la verdad en voz alta:
me gustaría llegar a ser un Maestro Cantor.
¡Maestro, admitidme en vuestro gremio!

(Entran Vogelgesang y Nachtigall)

Pogner
(A los recién llegados)
¡Kunz Vogelgesang! ¡Amigo Nachtigall!
¡Escuchad qué cosa tan extraña!
A este Caballero, al que yo conozco bien,
ahora le gusta el Arte de los Maestros.

(Saludos y presentaciones)

Beckmesser
(Todavía hablando a parte)
Aún así lo intentaré y lo evitaré.
Pero si aún así no funciona,
intentaré ganarme el corazón de la muchacha
con canciones: en el silencio de la noche,
sabré si valora mi canto que sólo ella escuchará.
(Se gira)
¿Quién es ese?

Pogner
(A Walther)
Creedme, ¡estoy tan contento!
Los días pasados parecen renovarse.

Beckmesser
(A parte)
¡No me gusta!

Pogner
(Prosiguiendo)
lo que deseáis por lo que a mi respecto,
ya lo tenéis.

Beckmesser
¿Qué ha venido a buscar aquí?
¡Cuánta sonrisa!

Pogner
Con mucho gusto os ayudé con la venta
de vuestras tierras, y con el mismo gusto
ahora os recibiré en el gremio.

Beckmesser
¡Hola Sütus! ¡Cuidado con él!

Walther
(A Pogner)
¡Os agradezco vuestra amabilidad
desde lo más profundo de mi corazón!
Y quizás pueda esperar, si hoy se me permite,
competir por el premio otorgado:
recibir el título de Maestro Cantor?

Beckmesser
¡Oh, oh! ¡Cuidado!
¡No queráis correr tanto!

Pogner
Señor Caballero, todos deben seguir
las reglas establecidas,
pero como hoy hay una Prueba:
yo os propondré como candidato.
Los Maestros me escucharán.

(Los Maestros Cantores ya están todos reunidos; Sachs el último)

Sachs
¡Que Dios esté con vosotros, Maestros!

Volgelgesang
¿Ya estamos todos?

Beckmesser
¡Sachs ya está aquí!

Nachtigall
¡Leed los nombres!

Kothner
(Sacando una lista, se separa de los demás y empieza a leer)
Se enviaron invitaciones a los Maestros
para una Prueba y una Reunión del Gremio:
para ver si todos han venido,
los llamaré por sus nombres.
Ahora los llamaré: como último invitado
me llamo a mí mismo:
soy Fritz Kothner.
¿Estáis aquí Veit Pogner?

Pogner
(Sentándose)
Aquí estoy

Kothner
¿Kunz Vogelgesang?

Volgelgesang
(Sentándose)
Ya ha llegado

Kothner
¿Hermann Ortel?

Ortel
(Sentándose)
Siempre presente

Kothner
¿Balthasar Zorn?

Zorn
(Sentándose)
Nunca falta

Kothner
¿Konrad Nachtigall?

Nachtigall
(Sentándose)
Atento a su llamada

Kothner
¿Augustín Moser?

Moser
(Sentándose)
No le gusta estar ausente nunca

Kothner
¿Niklaus Vogel? - ¿No dice nada?

Aprendiz
(Asomándose por el final de la iglesia)
Está enfermo.

Kothner
¡Que el Maestro se recupere pronto!

Todos los maestros
¡Qué Dios lo oiga!

Aprendiz
¡Muchas gracias!
(Vuelve a sentarse)

Kothner
¿Hans Sachs?

David
¡Ahí está!

Sachs
(Amenazando a David)
¿Acaso te pica algo?
¡Perdonadme Maestros!
¡Sachs está presente!
(Se sienta)

Kothner
¿Sixtus Beckmesser?

Beckmesser
Siempre cerca de Sachs
para poder aprender la rima "flor" y "cera"

(Sachs se ríe)

Kothner
¿Ulrich Eisslinger?

Eisslinger
(Sentándose)
¡Aquí!

Kothner
¿Hans Foltz?

Foltz
(Sentándose)
Estoy aquí.

Kothner
¿Hans Schwarz?

Schwarz
(Sentándose)
¡El último por deseo de Dios!

Kothner
Para nuestra sesión el número de Maestros
nos bata y nos sobra.
Si os parece bien,
¿elegimos ahora al Puntuador?

Vogelgesang
Mejor después del festival

Beckmesser
(A Kothner)
¿Acaso el caballero tiene prisa?
Con mucho gusto le daría mi puesto

Pogner
¿No, no, Maestros! Dejad eso ahora.
Quiero pedir permiso para proponeros algo importante.

(Todos los Maestros se levantan, asientan con la cabeza a Kothner, y se vuelven a sentar)

Kothner
Os concedemos el permiso, Maesto ¡hablad!

Pogner
Escuchadme, e intentad comprenderme.
Mañana, como ya sabéis,
celebramos la maravillosa fiesta
del día de San Juan.
En la verdadera pradera, junto al bosquecillo de flores,
con juegos y danzas, llenos de alegría
y olvidándose de los problemas,
todo el mundo se divierte.
Incluso los Maestros se olvidan
de su solemne Escuela de Música de la Iglesia
y con música alegre abren la verja
y salen a la pradera, en medio de la brillante fiesta,
y permiten que la gente escuche canciones,
cantadas libremente.
Se entregan premios a los
ganadores de la Prueba y el Concurso de Canto,
y tanto el premio como la melodía son muy alabados.
Ahora, Dios me ha hecho rico,
y todo el mundo me da lo que puede,
así que yo he de pensar con mucho cuidado
lo que puedo dar para que no caiga en deshonor:
así que escuchad lo que he decidido.
En mis numerosos viajes por tierras alemanas
muchas veces me ha molestado
que la gente honore tan poco al burgués,
y lo llame gruñón y tacaño;
en cortes de reyes y en lugares de menor
categoría me cansé de escuchar el reproche
de que el burgués sólo está interesado en
usura y dinero.
Bien, poco decían que de todo el imperio alemán,
nosotros somos los únicos que adoran el Arte.
Pues yo tomé la decisión de enseñarle al mundo que,
para nuestro honor, nosotros guardamos como
un tesoro aquello que es hermoso y bueno,
el valor del Arte,
y todo lo que tiene valor.
Así que, escuchad Maestros.
Este es el regalo que entregaré como premio al vendedor:
al cantor que en el Arte del Canto,
ante todo los presentes, gane el premio
el día de San Juan,
a él será a quién yo un amigo del Arte,
Veit Pogner de Nuremberg,
entregaré junto a todos mis bienes,
a Eva, mi única hija, en matrimonio.

Maestros
(Animadamente, los unos a los otros)
¡Eso sí que es una promesa!
¡El hombre ha dado su palabra!
¡Ahora verán lo que un hombre de Nuremberg
es capaz de hacer!
¡la gente te alabará en todas partes,
a ti, el noble burgués Veit Pogner!

Vogelgesang
¡Y quién nos preferiría quedarse soltero!

Aprendices
(Saltando de alegría)
Por siempre y por todas partes: ¡Pogner Veit!

Sachs
¡Muchos darían a cambio a su propia esposa!

Kothner
¡Arriba solteros! ¡Ahora, a trabajar!

Pogner
Pero antes, escuchadme porque
lo he dicho muy en serio:
No creáis que os doy un objeto como premio,
pues una muchacha joven también
tiene derecho a su opinión.
El Gremio de los Maestros reconoce el premio,
pero en cuestión de matrimonio,
la razón exige que el voto de la novia
cuente más que el de los Maestros.

Beckmesser
(A Kothner)
¿Creéis que eso es inteligente?

Kothner
(En voz alta)
Si lo he entendido bien,
nos ponéis a voluntad de la muchacha

Beckmesser
¡Eso es muy peligroso!

Kothner
Y si ella no está de acuerdo,
¿cómo puede considerarse como libre
la opinión de los Maestros?

Beckmesser
¡Dejad que escoja como le dicte el corazón,
y dejad el Arte del Canto al margen!

Pogner
¡Ah no! ¿Y por qué?
¡Entendedme bien!
La doncella puede rechazar a aquél
al que los Maestros otorguen el premio,
pero nunca podrá casarse con otro:
sólo podrá tomar como esposo al hombre
que vosotros coronéis como vencedor.

Sachs
¡Perdonadme!
Me parece que has ido demasiado lejos,
pues el corazón de una muchacha
y el Arte de los Maestros no siempre
brillan con el mismo ardor,
la opinión de una mujer, no muy educada,
parece estar más de acuerdo con la opinión popular.
Si quieres demostrar a la gente cuanto honoras el Arte,
y si permites que la muchacha escoja, entonces
no querrás que si opinión se contradiga
con la de los Maestros; así que deja
que la gente juzgue también: seguro que
ellos estarán de acuerdo con la muchacha.

Maestros
(Excepto Sachs y Pogner)
¡Oh, oh! ¿la gente?
Sí, eso estaría bien:
¡adiós al Arte y a los tonos de los Maestros!

Kothner
No Sachs. Eso no tiene ningún sentido.
¿Acaso dejaríais las reglas
en manos de la gente?

Sachs
Entendedme bien. ¡Qué jaleo!
Tendréis que admitir que conozco bien las reglas,
y que durante muchos años me he ocupado
de asegurar de que el Gremio conserve esas reglas.
Pero, considero inteligente que una vez al año
pongamos esas reglas a prueba para ver si por fuerza
de costumbre su fuerza se debilita;
y para saber si todavía seguimos
el curso normal de las cosas,
tendremos que comprobarlo con alguien
que no sepa nada de la tabladura.

(Los aprendices saltan y se restriegan las manos)

Beckmesser
¡Ja! ¡Cómo se alegran los muchachos!

Sachs
(Prosiguiendo animadamente)
Por esa razón, quizás nunca os arrepintáis
de que cada año, el día de San Juan,
en lugar de dejar que la gente venga a vosotros,
vosotros deberíais bajar,
desde vuestras sagradas nubes,
hasta la gente.
Queréis agradar a las gentes;
bien, entonces creo que resultaría interesante
dejarles a ellos deciros si les habéis agradado,
para que la gente y el arte puedan
florecer y crecer por igual.
Hacedlo así, os lo digo yo, Hans Sachs.

Vogelgesang
Tenéis buenas intenciones.

Kothner
Y sin embargo, equivocadas

Nachtigall
Cuando la gente habla, yo me callo.

Kothner
El Arte se ve siempre amenazado por el olvido
y el deshonor si busca el favor de la gente.

Beckmesser
Este sinvergüenza ha ido demasiado lejos:
él escribe sobre todo canciones de la calle.

Pogner
Amigo Sachs, mi idea ya es bastante nueva:
demasiadas cosas al mismo tiempo puede
llevarnos a arrepentirnos.
Así que ahora les pregunto a los Maestros
si están contentos con el regalo y
las reglas que yo he dicho.

(Los Maestros se levantan y asienten)

Sachs
A mí me parece bien el voto de la muchacha

Beckmesser
(A parte)
Ese zapatero siempre me hace enfadar

Kothner
¿Quién tomará parte en la competición?
Ha de ser soltero.

Beckmesser
¿Y quizás también viudo?
Preguntadle a Sachs.

Sachs
Oh no, Señor Puntuador.
El pretendiente ha de ser más joven que vos y yo
si Eva ha de entregarle el premio.

Beckmesser
¿Más joven que yo también? Impertinente!

Kothner
Si alguien quiere participar en la Prueba,
que se acerque.
¿Ya se ha dado a conocer alguien
que desee tomar parte en la prueba?

Pogner
¡Bien Maestros!
Volvamos al asunto que nos ocupa hoy.
Y escuchadme cuando yo, de acuerdo
a las obligaciones de un Maestro,
os recomiendo un joven caballero que desea
ser elegido, y en el día de hoy
quiere convertirse en Maestro Cantor:
Noble Stolzing, venid aquí!
(Walther se acerca y hace una reverencia)

Beckmesser
(A parte)
¡Tal como pensaba!
¿Así es cómo ha de ir todo, Veit?
(En voz alta)
Maestros, me parece que ya es demasiado tarde.

Maestros
Esto es algo nuevo.
¿Es de verdad un Caballero?
¿Deberíamos alegrarnos?
Oh ¿esconde todo esto algún peligro?
En cualquier caso, dice mucho
que el Maestro Pogner hable por él.

Kothner
Si hemos de darle la bienvenida,
primero tendremos que escucharle.

Pogner
¡Escuchadme bien!
Aunque le deseo suerte,
no paso por alto las reglas.
Maestros, ¡Hacedle las preguntas!

Kothner
Entonces, el Caballero puede decirnos:
¿ha nacido libre y honorable?

Pogner
Esa pregunta no tiene ningún sentido,
pues yo mismo soy testigo de que nació libre
y de un noble matrimonio:
von Stolzing, Walther, de Franconia,
muy conocido por mí por cartas y diversos documentos,
el último de su estirpe,
hace poco que dejó sus tierras y su castillo
y vino aquí, a Nuremberg
para convertirse en burgués.

Beckmesser
(A su vecino)
¡Una mala hierba advenediza!
¡No es bueno!

Nachtigall
(En voz alta)
La palabra de nuestro amigo
Pogner es suficiente

Sachs
Hace mucho tiempo, aquí mismo se decidió
que no importaba si se trataba de señor o campesino,
que sólo importaba el Arte cuando alguien
quisiera convertirse en Maestro Cantor.

Kothner
Por lo tanto ahora os pregunto:
¿quién es vuestro Maestro?

Walther
En los días de invierno, sentado tranquilamente
junto al hogar mientras my castillo y el patio
se cubrían de nieve, tal como la Primavera sonríe
dulcemente al invierno antes de volver a nacer,
un libro que me dejó mi antepasado
Herr Walther von der Vogelwerde
fue mi maestro.

Sachs
Un buen maestro.

Beckmesser
Pero, si llevaba muerto tanto tiempo,
¿cómo pudo enseñarle las reglas?

Kothner
Pero ¿en qué escuela aprendisteis el arte del canto?

Walther
Cuando la pradera se veía libre de la nieve
y volvían los días de verano,
lo que el antiguo libro me había enseñado
durante las largas noches de invierno,
ahora resonaba entre el esplendor del bosque,
ahora lo podía oír:
en el bosque de Vogelweide aprendí
también a cantar.

Beckmesser
¡Oh, oh!
¿De los pinzones y los paros aprendisteis
las melodías de los Maestros?
Entonces ¿vuestras canciones serán
todas sobre este tema?

Volgelgesang
Aquí ya ha compuesto las bonitas estancias

Beckmesser
¿Le alabas, Maestro Vogelgesang, porque
ha aprendido a cantar de los pájaros?

Kothner
(A parte, a los Maestros)
¿Qué opináis, Maestros?
¿Sigo haciéndole preguntas?
A mí me parece que el caballero
se ha equivocado de lugar.

Sachs
Eso pronto lo aclararemos:
si posee el verdadero arte y es un buen
guardián de éste, ¿qué importancia
tiene quién le enseñó?

Kothner
(A Walther)
¿Estás preparado a demostrarnos si has sido
capaz de componer una canción cuyos poemas
y melodía sean de tu propia creación?

Walther
Aquello que las noches de invierno,
lo que el esplendor del bosque,
lo que el libro y la arboleda,
lo que el maravilloso poder de la canción del poeta
intentaron en secreto mostrarme;
aquello que el trote de mi caballo
en la lucha con armas,
lo que el corro de la danza durante
las alegres fiestas, me hizo pensar:
si he de cambiar el premio más alto
de la vida por el canto,
entonces habré de hacerlo con mis propias
palabras u mi propia melodía
que me convertirán en Maestro Cantor,
si la canto ante los Maestros.

Beckmesser
¿Habéis entendido algo de este
torrente de palabras?

Vogelgesang
Bueno, ¡es muy valiente!

Nachtigall
¡Es un caso curioso!

Kothner
Ahora Maestros, si os parece bien,
que preparen la tarima del Puntuador
¿El caballero eligirá un tema sagrado?

Walther
Algo que para mí es sagrado:
la bandera del amor llevaré,
y cantaré con gran esperanza.

Kothner
Eso lo consideramos profano.
Por lo tanto, Maestro Beckmesser encerraros
en el puesto del Puntuador.

Beckmesser
(Levantándose, se dirige poco a poco al lugar del Puntuador)
Una tarea desagradable, y sobre todo hoy:
habrá mucha angustia en esta tiza
Señor Caballero, sabed que:
Sixtus Beckmesser es el Puntuador;
aquí en este puesto, en silencio
lleva a cabo su dura labor.
Os permite cometer 7 errores,
que marca en la pizarra;
si marca más de 7 errores, ello significa
que el caballero ha echado a perder su oportunidad.
El Puntuador escucha atentamente,
pero para no desanimaros,
como podría ocurrir si lo vierais,
os deja tranquilo y se encierra aquí
¡Qué Dios os acompañe!

(Se ha sentado y al pronunciar las últimas palabras asiente con la cabeza, y después corre la cortina para no ser visto. Entonces lee el "Leges Tabulaturae" que dos aprendices han bajado de la pared).

Kothner
Aprended de la Tabladura los principios
que os han de guiar en vuestra canción
(Empieza a leer)
"Cada unidad de una canción maestra,
presentará un balance apropiado de las diferentes
secciones, y ninguna de estas secciones
se saldrá de las reglas.
Cada sección consiste de dos estancias
que deberán tener la misma melodía;
la estancia es un grupo de líneas
que rimas al final.
Después sigue el "Aftersong" que
también ha de tener un número determinado
de líneas y su propia melodía diferente
a la de las estancias.
Cada canción maestra tendrá varias unidades,
y aquel que componga una nueva canción
que por más de cuatro sílabas
no vaya en contra de las melodías de los Maestros,
su canción podrá ganar el premio".
¡Ahora sentaos en la silla del Cantor!

Walther
¿En esta silla?

Kothner
Tal como indica la norma de la escuela

Walther
(Sentándose, no con mucho agrado)
Por ti, amada, lo haré

Kothner
(En voz alta)
El cantor ya ha tomado asiento

Beckmesser
(Desde su puesto, y muy secamente)
"¡Empezad!"

Walther
(Tras considerarlo durante unos instantes9
"¡Empezad!"
Y la primavera gritó con fuerza al bosque
para que su voz resonara:
y como portado por lejanas olas,
el sonido llega volando desde lejos y
va creciendo a medida que se acerca;
crece y resuena, y el bosque
suena con ese ejército de hermosas voces;
ahora, ya cerca, se oye fuerte y resplandeciente:
¡cómo crece el sonido!
¡como un repicar de campanas resuena la alegría!!
El bosque pronto responde a la llamada
que trae consigo una nueva vida,
y se pone a cantar la dulce canción de la primavera

(Mientras esto ocurre, se oye al Puntuador refunfuñar y escribir en la pizarra. Walther también lo oye, y tras una pequeña pausa de desconcierto, continúa)

En un lecho de espinos,
consumido por los celos y el dolor,
el invierno, ferozmente armado,
ha tenido que esconderse:
permanece rodeado por hojas secas,
esperando y planeando cómo podría
hacer daño a ese alegre canto.
(Se levanta enfadado)
¡Pero empezad!
Esa era la llamada que sentía
en mi pecho cuando mi corazón aún
no conocía lo que era el amor.
Sentí cómo me subía por dentro,
como si me despertara de un sueño;
el corazón me llenaba el pecho con sus
estremecedores latidos;
y mi sangre corría poderosa por mis venas,
llenándome de esta sensación;
desde una cálida noche y
con una fuerza superior,
este ejército de suspiros
se convirtió en un mar de torbellinos de felicidad.
El corazón.. con cuánta rapidez contesta
a la llamada que le ha traído
una nueva vida, y empieza a cantar
la majestuosa canción del amor.

Beckmesser
(Que se ha puesto aún más nervioso, abre las cortinas)
¿Habéis terminado ya?

Walther
¿Qué me habéis preguntado?

Beckmesser
(Sacando la pizarra completamente cubierta de notas)
Ya no queda más sitio en la pizarra.

(Los Maestros no pueden reprimir la risa)

Walther
¡Escuchadme! Ahora ya llegaba
a la parte donde alabo a mi dama.

Beckmesser
(Saliendo de su puesto)
¡Cantad allá donde queráis!
Aquí ya habéis acabado.
Maestros, mirad la pizarra:
en mi vida he visto algo parecido.
¡Si todos me lo jurarais,
ni así me lo creería!

(Los Maestros están en pleno alboroto)

Walther
¿Maestro, permitiréis que me interrumpa?
¿Acaso nadie me ha escuchado?

Pogner
Dejadme que os diga sólo una palabra.
Señor Puntuador: estáis enfadado

Beckmesser
¡Dejad que se Puntuador
a aquel que codicia serlo!
Pero yo demostraré ante esta asamblea de Maestros
que este caballero ya ha cantado
y echado a perder su oportunidad.
Para asegurarnos, le propondremos
una tarea difícil: que empiece a cantar
otra vez si sabe por donde empezar,
pues lo que cantaba no tenía ni principio ni fin.
No mencionaré ni los errores en métrica, ni estrofas.
¿Quién podría considerar a esto una unidad?
Yo, personalmente, le acusaré
de cantar algo "sin sentido", pues
¿podría algo con sentido
tener menos sentido que esto?

Varios maestros
¡La verdad es que no tenía sentido!
Y hay que admitir que nadie
podía marcar las estrofas

Beckmesser
¡Y no hablemos de la melodía!
Vaya mezcla desenfrenada de las melodías
"Aventura" y "Espuela Azul",
y de los tonos "alto abeto" y "orgullosa juventud"

Kothner
Es verdad, no se entendía nada.

Beckmesser
No había ni una pausa,
ni "coloratura",
ni el más mínimo asomo de melodía.

Varios maestros
(Aún más emocionados)
¿Quién podría llamar a eso canto?
¡Hasta me puse nervioso!
¡No era más que un ruido que me atravesaba el oído!
¡Y sin ningún significado!

Kothner
¡E incluso se levantó de la silla de Cantor!

Beckmesser
¿Queréis que os muestre las pruebas de sus errores?
¿O puedo declarar abiertamente
que ya ha cantado y perdido su oportunidad?

Sachs
(Quien ha escuchado a Walther desde el principio con mucho interés)
¡Un momento Maestros! ¡No tan rápido!
No todo el mundo comparte vuestra opinión.
Yo he encontrado la melodía y la canción
del caballero nuevas, pero no confusas.
Si se salió del camino, después
volvió a tomarlo con paso firme y calmado.
Si queréis juzgar según las reglas
algo que no concuerde con las vuestras,
tendréis que olvidaros
de vuestra manera de hacer las cosas,
y primero de todo ¡buscad nuevas reglas!

Beckmesser
¡Ah! ¡Por supuesto!
Ahora escuchadme:
Sachs está abriendo un agujero
para los ladrones que vienen y
van como les place y
siguen sus frívolos caminos.
Ve a cantarle a la gente
de los mercados y de las calles:
aquí sólo admitimos
a quien cante según las reglas.

Sachs
Señor Puntuador
¿A qué viene ser tan estricto?
¿Por qué tantos nervios?
Tu juicio podría ser más maduro,
si escucharas más atentamente.
Por eso, acabaré diciendo que hemos
de escuchar entera la canción del caballero.

Beckmesser
El Gremio de los Maestros,
la Escuela entera no cuenta
para nada ante Sachs.

Sachs
¡Que Dios no quiera que lo que os pido
vaya en contra de las leyes!
Pero está escrito:
"El Puntuador deberá ser tan objetivo
que ni el odio ni el amor
le afectarán el juicio".
Si él mismo se presenta como pretendiente,
cómo no queréis que no satisfaga
su deseo de deshonrar a su rival
ante toda la Escuela?

(Walther se enciende de rabia)

Nachtigall
¡Vas demasiado lejos!

Kothner
¡Te estás poniendo muy personal!

Pogner
(A los Maestros)
¡Maestros, evitad el desacuerdo y la riña!

Beckmesser
¿Y por qué le importa tanto
al Maestro Sachs, dónde o cómo voy?
Debería importarle más que mis zapatos
no me hagan daño.
Pero, como mi zapatero es un gran poeta,
eso no es bueno para mi calzado.
¡Mirad que anchos me quedan
y cómo se me caen!
Todos sus versos y rimas, historias,
obras de teatro y farsas le pediría
que dejara en casa,
si así mañana me trajera mis zapatos nuevos.

Sachs
Haces bien en recordármelo
pues decidme Maestros,
¿acaso no es junto que si en todas
las suelas de mis zapatos,
incluso en los que le hago al dueño del burro,
escribo un pequeño verso,
no escriba también algo en los zapatos
de nuestro muy sabio concejal?
Sin embargo, yo, con todo mi modesto talento,
aún no he podido encontrar un verso digno de ti.
Más ahora, seguro que algo se me ocurrirá:
así que, dejad que acabe sin interrupciones.

(Walther, descorazonado, vuelve a sentarse en la silla del Cantor)

Los Maestros
¡No más! ¡Qué acabe ya!
¡Ya hemos tenido suficiente! ¡No más!

Sachs
(A Walther)
¡Cantad y olvidaos del Puntuador!

Beckmesser
(En el momento que Walther empieza a Cantar, coge la pizarra y para convencerles la enseña uno a uno a todos los Maestros, que al final acaban haciendo un corro alrededor de Beckmesser, mientras él continúa mostrándoles la pizarra)
¿Cuánto más tendremos que escuchar,
a menos que fuera para engañarnos?
¡En esta pizarra podéis ver todos los errores,
grandes o pequeños, que ha cometido:
"agrupamientos falsos", "palabras impronunciables",
"afijos", y aquí incluso "vicios"!
Equivoca las rimas en el lugar no apropiado,
ha invertido y cambiado toda la unidad de la estancia
¡Una "canción de relleno" entre estancias!
¡Por todas partes "significado oscuro"!
¡Aquí "palabras confusas",
"desacuerdo" y "nubes"!
¡Allí "respiración equivocada",
aquí "sorpresa"!
¡Una melodía bastante incomprensible!
¡Una mezcla confusa de todos
los tonos existentes!
¡Si todo esto no os convence,
Maestros, contad todos los fallos!
Con el octavo error ya no habría
pasado la prueba
¡pero es que nadie lo ha hecho nunca
peor que él!:
¡contando por encime,
se pueden ver más de cincuenta errores!
Decidme, ¿lo nombrareis Maestro?

Maestros
(Los unos a los otros)
¡Tiene toda la razón! ¡Míralo!
¡El caballero lo tiene muy mal!
¡Que Sachs piense de él lo que quiera,
pero aquí en la Escuela de Canto
tendrá que mantener la boca cerrada!
¿Acaso no somos todos libres
de escoger a nuestros amigos?
Si recibiéramos a todos los forasteros
con los brazos abiertos,
¿qué valor tendría ser Maestro?
¡Ja! ¡Cómo se esfuerza el caballero!
Sachs lo ha escogido para que sea alumno suyo.
¡Ja, ja, ja, ja! ¡Es realmente penoso!
¡Haz que pare!
¡En pie, Maestros, votad y levantad la mano!

Pogner
(A parte)
Sí, es verdad lo que veo me desagrada.
Las cosas no parecen irle bien
a mi caballero, pero si cedo por causas superiores,
eso me traería problemas.
¡Cómo me gustaría que lo admitieran,
pues sería un valioso yerno!
Si he de dar la bienvenida al vencedor,
quién sabe si mi hija después
lo aceptará como marido.
He de admitir que me atormenta
la duda de si Eva aceptará al Maestro.

Walther
(Con un entusiasmo desesperado y casi salvaje, de pie junto a la silla del Cantor y mirando a los alterados Maestros)
Desde un espino oscuro salió volando el búho,
y con sus gritos despertó
al ronco coro de cuervos:
como si se tratara de una gran multitud nocturna,
todos ellos (urracas, cuervos, chovas)
empezaron a croar con sus voces huecas.
¿Ahí se alza un pájaro maravilloso
de alas doradas!
¡Su plumaje deslumbrante y brillante
hace resplandecer la luz entre brisas!
¡Con su alegre revoloteo que hace
señales para que le siga y vuele con él!
Mi corazón se llena de un dulce dolor,
pero la necesidad hace que me crezcan alas:
con gran valentía se eleva el pájaro
para así volar por el aire,
desde las tumbas de las ciudades
hasta su colina nativa,
hasta el verde Vogelweide,
donde el Maestro Walther una vez me liberó;
allí canto con voz clara y brillante
en honor a mi más querida dama;
hacia arriba se eleva, y aunque
los Maestros Cuervos están en su contra;
él con orgullo sigue cantando su canción de amor.
¡Adiós, Maestros presentes!

(Con un gesto de orgullo abandona la silla del Cantor y sale del edificio).

Sachs
(Tras la canción de Walther).
¡Ah, qué espíritu!
¡Puro resplandor de inspiración!
¡Vosotros, Maestros, callaos y escuchad!
Maestro Puntuador, por favor,
guarda silencio y deja que los demás escuchen.
¡Hacedme caso! ¡En vano!
¡Mis intentos son en vano!
Ni siquiera puedo oír lo que digo.
Nadie le hace caso al caballero.
¡Que siga cantando!
Tiene lo que se necesita:
¡el corazón de un verdadero poeta-héroe!
Si yo, Hans Sachs, hago versos y zapatos,
él puede ser un caballero y un poeta.

Aprendices
(Que han estado restregándose las manos y saltando de sus asientos, ahora se cogen las manos y forman un corro alrededor de la tarima del Puntuador)
¡Que tengáis suerte con la canción,
si queréis ganar la guirnalda de flores de seda
¿será del caballero?

Beckmesser
¡Ahora, Maestros, hacednos saber su decisión!
(La mayoría de ellos alzan la mano!

Los Maestros
¡Ya ha cantado y ha perdido su oportunidad!

(Confusión general aumentada por los aprendices que se echan a los hombros los bancos y tarima del Puntuador, causando molestia y desorden a los Maestros que se han reunido junto a la puerta. Sachs se queda solo en el escenario, mirando la silla vacía del Cantor pensativo: cuando los muchachos se la llevan, se da la vuelta con un gesto de desánimo, y cae el telón).


ACTO II

Escena primera

(La escena se sitúa en una calle, con dos casas a la izquierda y a la derecha. Entre las dos casas hay un callejón estrecho que llega hasta la parte trasera del escenario. La casa de la izquierda, de estilo sencillo, es la de Sachs; la de la derecha, de estilo más señorial, es la de Pogner. Delante de la casa de Pogner hay un tilo, y delante de la de Sachs un sauco. Es una plácida tarde de verano, y se hace de noche durante la escena. David está cerrando la casa de Sachs y los demás aprendices están haciendo lo mismo en las otras casas que se ven al final del escenario)

Aprendices
(Trabajando)
¡Día de Verano! ¡Día de Verano!
¡Flores y guirnaldas por todas partes!

David
(A parte)
"La guirnalda de flores de seda
quizás pronto me sea concedida".

Magdalena
(Saliendo de la casa de Pogner con un cesto bajo el brazo e intentando acercarse a David sin que la vean)
¡Pst! ¡David!

David
¿Me estáis llamando otra vez?
¡Id a cantar tus estúpidas canciones tú solo!

Aprendices
David ¿qué pasa?
Si no fueras tan orgulloso,
te darías la vuelta y mirarías.
Si no fueras tan estúpido
"Día de Verano! ¡Día de Verano!
Ni siquiera quiere saber
de su Señora Lena!

Magdalena
¡David! ¡Escúchame! ¡Date la vuelta!

David
¡Ah, Señora Lena! ¡Estas ahí!

Magdalena
(Señalando la cesta)
¡Te traigo algo bueno!
¡Mira lo que hay dentro!
¡Es para mi pequeño tesoro!
Pero antes, dime, rápido,
¿cómo le fue al caballero?
¿le diste buenos consejos?
¿ganó la guirnalda?

David
¡Ay, Señora Lena!
¡Qué triste: ya ha cantado
y desaprovechado su oportunidad!

Magdalena
¿Cantado?
¿Desaprovechado su oportunidad?

David
¿Y a ti por qué te importa tanto?

Magdalena
(Quitándole el cesto a David de un tirón)
¡Saca las manos del cesto!
¡Te has quedado sin comer!
¡Que Dios nos ayude!
¡Nuestro caballero ya ha cantado!

(Se va corriendo a casa, agitando las manos con desesperación. David la mira marchar, con la boca abierta).

Aprendices
(Que se habían acercado y lo han oído todo, ahora se acercan aún más a David como si fueran a felicitarle)
¡Hail, hail! ¡Saludad al joven
por su matrimonio!
¡Con cuanto éxito ha hecho la corte!
Todos lo hemos oído, y visto:
ella, a la que él entregó su corazón
y por la que él daría su vida,
no le ha dado el cesto.

David
(Enfadado)
¿Qué hacéis aquí sin hacer nada?
¡Cerrad la boca!

Aprendices
(Bailando alrededor de David)
¡Día de Verano! ¡Día de Verano!
Cada hombre hace la corte como quiere.
¡El Maestro corteja!
¡El aprendiz corteja!
¡Hay mucho cortejo y mucho cariño!
El anciano corteja a la joven doncella,
y el aprendiz a la anciana
¡Hurra, hurra! ¡Día de Verano!

(David está a punto de lanzarse contra los muchachos, cuando Sachs, que ha venido por el callejón, se pone entre ellos, lo aprendices se separan).

Sachs
¿Qué es esto?
¿Te he cogido peleándote otra vez?

David
¡No! ¡Me estaban cantando cosas desagradables!

Sachs
¡No les hagas caso!
¡Compórtate mejor que ellos!
¡A dormir! ¡Entra!
Cierra la puerta con llave y
enciende una lámpara.

David
¿Me daréis la lección de canto?

Sachs
No, hoy como castigo por tu audacia
y atrevimiento te quedarás sin cantar.
¡Ponte los zapatos nuevos!

(Los dos entran en el taller y desaparecen tras una puerta, los aprendices también se han ido).

Escena segunda

(Pogner y Eva, como si vinieran de dar un paseo, aparecen en silencio y pensativos por el callejón; la hija va del brazo del padre).

Pogner
(Aún en el callejón, mirando por una grieta en la persiana del taller de Sachs)
Veamos si el Maestro Sachs está en casa,
pues me gustaría hablar con él.
¿Entro?

(David sale de una de las habitaciones con una luz, y se sienta a trabajar junto a la ventana)

Eva
Parece que está en casa: hay luz.

Pogner
¿Entro? Pero ¿para qué?
No, mejor que no.
(Se da la media vuelta)
Si alguien estuviera a punto
de perder algo raro,
¿qué le aconsejarías?
(Después de reflexionar un momento)
¿Acaso no era él el que decía
que yo había ido muy lejos?
Y si yo cambié ¿no fue gracias a él?
Pero, quizás fue sólo ¿vanidad?
(A Eva)
Y tú, hija mía, ¿no dices nada?

Eva
Un hijo obediente sólo habla
cuando le preguntan.

Pogner
¡Qué inteligente! ¡Qué buena eres!
Ven, siéntate aquí
en este banco conmigo un rato

(Se sienta en el banco de piedra bajo el tilo)

Eva
¿No hará mucho frío?
Hoy ha hecho bastante fresco.

Pogner
No, no, hace un poco de fresco,
pero resulta refrescante.
Ha hecho una tarde maravillosa.
(Eva se sienta, nerviosa)
Todo ello sugiere que mañana
hará un día muy bonito.
¡Oh, hija mía!
¿Acaso los latidos de tu corazón
no te dicen que mañana quizás
consigas la felicidad?
¡Mañana, cuando Nuremberg,
la ciudad entera con sus burgueses y plebeyos,
con los gremios y el consejo
se presenten ante ti
para que puedas entregar el premio,
esa noble guirnalda,
al Maestro que tú elijas!

Eva
Querido Padre ¿ha de ser un Maestro?

Pogner
Escúchame atentamente:
un Maestro que tú hayas elegido.

(Magdalena aparece por la puerta y señala a Eva)

Eva
(Perturbada)
Si que yo elija
pero ahora hemos de entrar.
Ya vamos Lena, ya vamos a cenar.

Pogner
(Levantándose molesto)
¡Pero si no tenemos invitados!

Eva
(Igual que antes)
El caballero ¡pensaba que!

Pogner
(Sorprendido)
¿Qué quieres decir?

Eva
¿No lo habéis visto hoy?

Pogner
(Casi hablando para sí mismo)
No me convenció mucho
Pero, ¡no! ¿Qué me pasa?
¡Ah! ¿Me estoy quedando ciego?

Eva
¡Venid querido papá!
¡Venid y cambiaros de ropa!

Pogner
(Entrando en la casa antes que ella)
¡Él! ¿Qué estoy pensando?

Magdalena
(En secreto)
¿Os ha dicho algo?

Eva
(Igual que Magdalena)
No me ha dicho nada.

Magdalena
David me ha dicho que creía
que ya había perdido su oportunidad.

Eva
¿El Caballero? ¡Dios mío!
¿qué puedo hacer? ¡Ay, Lena!
¡Qué angustia! ¿Dónde puedo saber
lo que ha pasado?

Magdalena
¿Quizás, de Sachs?

Eva
¡Ah, me tiene mucho cariño!
Sí, acudiré a él.

Magdalena
¡No le digas nada!
Tu padre se daría cuenta si
tardáramos en llegar.
Iremos después de cenar,
entonces te diré algo que alguien
me ha dicho en confianza.

Eva
¿Quién? ¿El Caballero?

Magdalena
No, no ¡Beckmesser!

Eva
¡Entonces estará bien!

Escena tercera

(Sachs, en bata de estar por casa, ha vuelto a entrar en su taller. Se vuelve a David que aún está en su banco)

Sachs
¡Enséñamelo! ¡Está bien!
Lleva mi mesa y mi taburete
junto a la puerta.
¡Vete a dormir! Levántate temprano;
procura dormir bien y
levántate más sensato mañana.

David
(Moviendo la mesa y el taburete)
¿Vais a trabajar?

Sachs
¿Te importa?

David
(A parte)
¿Qué le pasaba a Lena? - ¡Dios lo sabrá!
¿Por qué el Maestro se queda
levantado hasta tan tarde?

Sachs
¿Qué estás haciendo ahí de pie?

David
¡Dormid bien, Maestro!

Sachs
¡Buenas noches!

(David se va. Sachs prepara su trabajo, se sienta en el taburete junto a la puerta, y después, dejando las herramientas otra vez, se apoya sobre su espalda, con el brazo en la puerta medio abierta).

¡Qué suave y fuerte es el aroma del sauco!
Me relaja con suavidad,
quiere que le diga algo
¿De qué sirve algo que te pueda decir?
Tan solo soy un hombre pobre y sencillo.
Si mi trabajo no me gusta, quizás quieras,
amigo, librarme de él.
Me iría mejor si trabajara la piel
y dejara de hacer poesía.
(Intenta volver al trabajo, pero lo deja, y empieza a pensar)
Y sin embargo, no puedo dejarlo.
Lo siento, y no puedo entenderlo.
No puedo tenerlo, pero no puedo dejarlo,
y si lo cojo por entero, no puedo medirlo.
Pero ¿cómo puedo desear coger
lo que parece inmensurable?
No parece seguir ninguna regla,
y sin embargo, no tiene fallos.
Parecía antiguo, y sin embargo era tan nuevo,
como el canto que cantan los pájaros
en el dulce Mayo:
aquél que lo oiga, y, llevado por la locura,
lo cantara después del pájaro,
ello sólo le traería mofa y deshonor.
El curso de la primavera,
la dulce necesidad lo pusieron en su pecho:
y él cantó como tenía que cantar;
y como tenía que cantar, así cantó.
De eso me di cuenta.
El pájaro que hoy ha cantado
tenía el pico bien formado,
y si ha molestado a los Maestros,
a Hans Sachs le ha gustado mucho.

Escena cuarta

(Eva sale a la calle y camina tímidamente hacia el taller donde se queda, junto a la puerta, sin que Sachs la vea)

Eva
Buenas noches, Maestro.
¿todavía trabajando?

Sachs
(Mirándola con gran asombro)
¡Ah, niña! ¡Querida Eva!
¿Levantada a estas horas?
Pero ya sé por qué:
¿los zapatos nuevos?

Eva
¡Cómo se equivoca!
Ni siquiera me he probado los zapatos;
están tan adornados y son tan bonitos
que ni siquiera me he atrevido a ponérmelos.

Sachs
¿Pero mañana te los pondrás para tu boda?

Eva
(Sentándose en el banco de piedra junto a Sachs)
¿Quién será, pues, el novio?

Sachs
¿Acaso lo sé?

Eva
¿Cómo sé entonces que mañana me casaré?

Sachs
¡Oh! Toda la ciudad lo sabe.

Eva
Bueno, si toda la ciudad lo sabe,
entonces mi amigo Sachs
sabe lo mismo que ellos.
Yo pensaba que él sabía más,

Sachs
¿Y qué es lo que debería saber?

Eva
Bueno, ¡pensad! ¿Tendré que decírselo?
¿Acaso soy tan tonta?

Sachs
¡Yo no he dicho eso!

Eva
Entonces, ¿quizás podrías ser más perspicaz?

Sachs
No lo sé

Eva
¿No sabéis nada? ¿No decís nada?
Bien, amigo Sachs,
ahora veo con claridad que la resina no es cera.
Pensaba que erais más listo.

Sachs
¡Niña! Sé lo que son la resina y la cera:
con cera bañé los hijos que utilicé
para hacerte los zapatos (pues hoy
he hecho los zapatos con un hilo más grueso),
y en cambio, la resina la utilizo
para clientes más rudos.

Eva
¿Cómo quién? ¿Alguien importante?

Sachs
¡Por supuesto! El orgullo Maestro
que tiene la intención
de hacerte la corte y ser el único
ganador mañana:
He de acabar los zapatos de Beckmesser

Eva
¡Pues procurad ponerles mucha resina,
así se quedará pegado a ellos
y me dejará en paz!

Sachs
Puedes estar segura de que tiene
la esperanza de conseguirte con su canto.

Eva
¿Y por qué él?

Sachs
Un soltero hay muy pocos por aquí.

Eva
(Con mucha ternura)
Quizás gane un viudo

Sachs
Niña mía, un viudo sería
demasiado mayor para ti.

Eva
¿Cómo? ¿demasiado mayor?
Aquí lo que importa es el Arte;
¡que aquél que lo entienda me corteje!

Sachs
Querida Eva,
¿te estás burlando de mi?

Eva
No, usted es quien me está tomando el pelo.
Admitid que sois un inconstante.
¡Sólo Dios sabe quién es
la dueña de vuestro corazón!
Sin embargo, durante mucho tiempo
pensé que era yo.

Sachs
¿Porque me gustaba llevarte en brazos?

Eva
Ya veo, sólo lo hacíais porque no teníais hijos

Sachs
Una vez tuve esposa, e hijos suficientes

Eva
Pues tu esposa murió y yo he crecido

Sachs
Si has crecido mucho,
y te has hecho muy hermosa.

Eva
Entonces yo pensé:
quizás me tome por esposa he hija.

Sachs
y entonces yo tendría una hija,
y también una esposa:
¡eso estaría bien! ¡sí, sí!
Lo has planeado todo muy bien.

Eva
Me parece que el Maestro
se está riendo de mi.
Y al final, con alegría y delante
de todo el mundo, permitirá que Beckmesser
me consiga mañana con su canto.

Sachs
¿Quién podría impedírselo si él
ha de ser el ganador?
Quizás tu padre tenga solución.

Eva
Pero ¿dónde tiene la cabeza
un Maestro como usted?
¿Acaso habría venido si pudiera
hallar la solución en mi propia casa?

Sachs
¡Ah, sí! Tienes razón:
estoy muy confundido;
hoy he tenido muchos problemas,
pero puede ser que algo haya pasado.

Eva
(Acercándose a él)
¿En la escuela de música?
¿Algo ha pasado?

Sachs
¡Sí, niña mía!
¡Ha tenido lugar una prueba
que me ha causado muchos problemas!

Eva
¡Ah, Sachs!
Deberías habérmelo dicho antes,
y no le habría molestado
con preguntas innecesarias.
Decidme, ¿quién ha pedido que se hiciera la prueba?

Sachs
Un noble, niña, que ha aprendido sin Maestro

Eva
¿Un Caballero? ¡Dios mío! Decidme,
¿lo han admitido?

Sachs
No, niña mía. Ha habido mucha discusión.

Eva
Decidme ¿cómo fue?
Si os ha causado problemas,
¿cómo no me iba a preocupar a mi?
¿Así que lo hizo mal y no pasó la prueba?

Sachs
Sin ninguna duda, el caballero
cantó y falló la prueba.

Magdalena
(Se asoma por la puerta y llama a Eva)
¡Psst! ¡Erchen! ¡Psst!

Eva
¿Sin ninguna duda? ¿Qué?
¿No hay manera de ayudarlo?
¿Cantó tan mal, con tantos fallos,
que nada le puede ayudar a convertirse en Maestro?

Sachs
Niña mía, todo está perdido para él,
y no llegará a ser Maestro en ninguna tierra,
ya que él que nació Maestro
tiene el peor lugar entre los Maestros.

Magdalena
(Acercándose)
Tu padre te llama.

Eva
Sólo decidme si ni siquiera consiguió
hacer amistad con ninguno de los Maestros.

Sachs
Eso estaría bien: encima ser amigo suyo
¡Él ante el cual
todo el mundo se sentía tan pequeño!
¡Caballero Orgulloso y Poderoso!
¡Que se vaya!
¡Que se vaya a ganarse un puesto en el mundo;
déjanos saborear tranquilos
lo que con dificultad y trabajo
hemos conseguido; que no se mezcle con nosotros,
y que la fortuna le sonría en alguna otra parte.

Eva
(Levantándose a prisa)
Sí, que le sonría en otro lugar
que no sea entre vosotros,
hombres desagradables, envidiosos y pobres,
allá donde los corazones aún se enternecen
¡a pesar de todos los malvados Maestros Hanses!
¡Sí, Lena! ¡A prisa! ¡Ya voy!
¿Qué consuelo puedo encontrar aquí?
Aquí huele a resina.
¡Qué Dios se compadezca,
y que queme este lugar, pues así,
al menos, las llamas harán
que su corazón se deshaga.

(Cruza la calle corriendo con Magdalena y se queda, intranquila, en la puerta)

Sachs
(Asentando con la cabeza)
Eso es lo que yo creía.
Debemos encontrar la manera

(Después cierra la parte de arriba de la puerta, dejando sólo la de abajo un poco abierta. A él casi ni se le ve)

Magdalena
¡Dios del Cielo! ¿Dónde estabas?
Mira que tarde es.
Tu padre te ha estado llamando.

Eva
Ve y dile que estoy durmiendo
en mi pequeña habitación.

Magdalena
¡No, no! Escúchame.
Tengo que explicarte algo.
Beckmesser me ha encontrado,
y no me deja en paz:
esta noche tienes que salir a tu ventana
pues él quiere contarte y tocarte algo hermoso:
la canción con la que espera conseguirte mañana.
Quiere ver si te gusta.

Eva
¡Eso es justo lo que me faltaba!
¡Ay, si él viniera!

Magdalena
¿Has visto a David?

Eva
¿Y a mi que me importa David?

Magdalena
(Como hablando consigo misma)
Me porté muy mal con él,
y estará preocupado.

Eva
¿No ves nada?

Magdalena
Parece que por allí viene gente.

Eva
¡Ojalá sea él!

Magdalena
¡Vamos entremos dentro!

Eva
¡No sin que antes haya visto
al hombre que amo!

Magdalena
Me he equivocado: no es él.
Vámonos o tu padre saldrá a ver que pasa.

Eva
¡Ah! ¡Que preocupada estoy!

Magdalena
Y tenemos que decidir cómo
nos vamos a librar de Beckmesser

Eva
Tú saldrás a la ventana en mi lugar

Magdalena
¿Qué? ¿Yo?
Eso pondría celoso a David.
Duerme justo ahí,
y su ventana da a al callejón.
¡Ja, ja! ¡Estaría bien!

Eva
Oigo pasos

Magdalena
Debemos irnos

Eva
¡Ya se acercan!

Magdalena
¡Te equivocas!
Me apuesto algo a que no es nada.
¡Oh, venga! Debemos irnos.
Tu padre ya está durmiendo

Pogner
¡Eh! ¡Lena! ¡Eva!

Magdalena
¡Ya es hora de irnos!
¿No oyes? ¡Vámonos!
Tu caballero está muy lejos

Escena quinta

(Walther aparece por el callejón, y gira por la esquina de la casa de Pogner. Magdalena va tirando de Eva para meterla en casa, pero al verlo, Eva se separa de un tirón y corre hacia Walther)

Eva
¡Ahí está!

Magdalena
(Entrando)
¡Ya está! Ahora debemos ir con cuidado

Eva
(Dejándose llevar)
¡Sí, sois vos! ¡No, sois vos!
Lo diré todo, y así vos lo sabréis también;
lo lloraré todo, y así yo lo sabré también,
pues vos sois el héroe que ha de ganar el premio,
y mi mejor amigo.

Walther
(Con tono afligido)
¡Ay, qué equivocada estás!
Solo soy tu amigo, pues aún
no soy digno del premio, no soy un Maestro:
mi inspiración no les agradó,
y ahora no puedo esperar conseguir
la mano de mi amiga.

Eva
¡Tú estás equivocado!
La mano de tu amiga ganará el premio,
pues su corazón ha hallado el coraje,
y sólo a ti entregaré la guirnalda.

Walther
¡Ay, no! ¡Te equivocas!
La mano de mi amiga,
incluso si no fuera para nadie,
tampoco lo sería para mí,
pues así lo ha decretado la voluntad de tu padre:
"¡Sólo el Maestro Cantor
al que tu entregues la corona,
podrá hacerte la corte!".
Así habló ante los demás caballeros,
y no puede volverse atrás,
aunque quisiera.
Y eso es lo que me dio el suficiente coraje.
Aunque todo me resultó muy extraño,
canté lleno de amor y pasión
para conseguir ser Maestro.
¡Pero, esos Maestros!
¡Ay, esos Maestros!
¡Esa naturaleza enganchosa y pegajosa de sus reglas!
¡Me sube la bilis, mi corazón deja
de latir cuando pienso en la trampa en la que caí!
¡Me voy a buscar la libertad!
¡Ahí es donde pertenezco,
cuando soy Dueño de mi casa!
Si he de hacerte la corte hoy,
venga, escapémonos lejos de aquí.
Es nuestra única esperanza.
No tenemos elección.
Por todas partes veo a Maestros,
como espíritus malvados,
reunidos para burlarse de mi,
con sus gremios, desde sus tarimas de Puntuador,
por todas las esquinas,
por todas partes no veo más que
maestros que corren a juntarse,
te miran malhumorados y te rodean
formando círculos a tu alrededor,
exigiéndote como esposa;
entonces te sientan en la silla del Cantor
como esposa de Maestro,
y te alzan, temblorosa.
¿Por qué tengo que sufrir con esto?
¿No debería unirme con valor a esa lucha?
¡Ja!

(Se oye el cuerno del Sereno. Walther echa mano a la espada, y mira quien viene).

Eva
(Cogiéndole la mano con suavidad)
¡Amado, no te pongas así y cálmate.
Sólo era el Sereno.
Escóndete bajo el tilo.
El Sereno ya viene.

Magdalena
(Desde la puerta, en voz baja)
¡Eva! ¡Ya es hora!
¡Entra en casa!

Walther
¿Te vendrás conmigo?

Eva
¿Acaso tengo otra opción?

Walther
¿Escaparás?

Eva
de la casa del Maestro.

(Desaparece dentro de la casa con Magdalena. El Sereno mientras tanto ha aparecido por el callejón. Se acerca cantando, gira por la esquina de la casa de Pogner, y desaparece)

Sereno
"Escuchad, gentes, lo que digo:
el reloj ya ha marcado las diez;
apagad las hogueras y las luces
para que no ocurra ningún daño.
¡Alabad a Dios Nuestro Señor!

Sachs
(Que lo ha escuchado todo desde la puerta de su casa, ahora la abre, después de ocultar la lámpara)
Ya veo que pasan cosas malas:
¡quieren escaparse para casarse!
¡Id con cuidado, pues eso no debe ocurrir!

Walther
(Detrás del tilo)
¿No volverá? ¡Oh, que tormento!
¡Sí! ¡Ahí viene! ¡Ay de mi!
¡No es ella, es la otra!
pero, sí, sí es ella.

Eva
(Vuelve con el vestido de Magdalena puesto y va hacia Walther)
Tonto: aquí la tienes, aquí está

(Se deja caer sobre el pecho de él)

Walther
¡Oh, cielos! Sí, ahora se de verdad
que he ganado el premio de los Maestros.

Eva
¡Pero no tenemos tiempo para pararnos a pensar!
¡Vámonos, vámonos lejos de aquí!
¡Ah, ojalá ya estuviéramos de camino!

Walther
Por aquí, por el callejón:
ahí junto a la puerta encontraremos
mi criado y caballos.

(Cuando empiezan a correr hacia el callejón, Sachs saca su lámpara e ilumina toda la calle de manera que Eva y Walther se encuentran de repente iluminados por esa luz)

Eva
(Empujando a Walther a volver)
¡Oh, Dios mío, el zapatero!
¡Si nos viera! ¡Escóndete!
¡No te acerques a él!

Walther
¿Qué otro camino podemos coger?

Eva
(Señalando a la derecha)
Por esa calle: pero da muchas vueltas
y yo no la conozco muy bien,
y a lo mejor nos encontramos con el Sereno.

Walther
Bueno, entonces, por el callejón

Eva
No hasta que el zapatero
se aleje de la ventana.

Walther
¡Yo haré que se vaya!

Eva
¡Que no te vea: te conoce!

Walther
¿El zapatero?

Eva
¡Es Sachs!

Walther
¿Hans Sachs? ¿Mi amigo?

Eva
¡No lo creas! ¡Sólo habló mal de ti!

Walther
¿Qué? ¿Sachs? ¿Él también?
¡le haré apagar la luz!

Escena sexta

(Beckmesser aparece por el callejón, escondiéndose a cierta distancia del Sereno. Mira a las ventanas de la casa de Pogner, apoyándose en la de Sachs, y empieza a afinar su laúd)

Eva
(Agarrando a Walther)
¡No lo hagas! ¡Escucha!

Walther
¿El sonido de un laúd?

Eva
¡Ay, tenemos problemas!

Walther
¿Qué? ¿Tienes miedo?
Mira, el zapatero está apagando la lámpara.
¡Arriesguémonos!

Eva
¡Dios mío! ¿Es que no lo ves?
Otro ha aparecido y ocupado su lugar.

Walther
Ya lo oigo y lo veo: un músico
¿Qué es lo que quiere ahora tan tarde?

Eva
¡Beckmesser ya ha llegado!

Sachs
(Al oír las primeras notas del laúd, retira su lámpara (como si hubiera tenido una idea), y con suavidad abre la parte de abajo de su taller y saca su banco; entonces oye a Eva)
¡Ah, ah, lo que yo pensaba!

Walther
¿El Puntuador? ¿Él? ¿En mi poder?
¡A él! Acabaré con ese que no sirve para nada.

Eva
¡Por amor de Dios! ¡Escúchame!
¿Es que quieres despertar a mi padre?
Déjalo: cantará una canción y después se irá.
Nosotros nos esconderemos aquí,
entre estos arbustos
¡Cuántos problemas me dan los hombres!

(Se lleva a Walther tras los arbustos que rodean el tilo. Beckmesser, impaciente, empieza a tocar el laúd esperando a que la ventana se abra. Cuando está a punto de empezar a cantar, Sachs vuelve a sacar la luz a la calle y a dar fuertes golpes con su martillo)

Sachs
¡Jesús! ¡Jesús! ¡Hallo hallohe!
¡Oh, oh, trallalei!

Beckmesser
¿Qué es esto?

Sachs
¡Trallalei!

Beckmesser
¡Malditos gritos!

Sachs
¡Oh, oh! Cuando Dios Nuestro Señor
echó a Eva del Paraíso, sus pies descalzos
sintieron el dolor de las piedras
del suelo clavándose en ellos

Beckmesser
¿En qué está pensando ese tosco zapatero?

Sachs
A Nuestro Señor le dio pena

Walther
(A Eva)
¿Qué canción es esa?
¿Cómo es que dice tu nombre?

Sachs
Le gustaban los pequeños pies de Eva,
y por ello llamó a Su ángel

Eva
Ya la he oído antes y no habla de mi;
aunque la canción tiene un doble sentido.

Sachs
"Haz unos zapatos para esta pobre pecadora,
y a Adán, que va dándose golpes contras las piedras,
hazle unas botas para que en el futuro pueda andar bien"

Walther
¡Nos estamos retrasando!
¡Se me está acabando el tiempo!

Beckmesser
(A Sachs)
¿Qué, Maestro, levantado tan tarde?

Sachs
¡Pero si es nuestro Concejal!
¿Qué? ¿Haciendo la guardia?
¿Es que los zapatos os preocupan tanto?
Como veis, los estoy haciendo:
los tendréis mañana.

Beckmesser
¡Qué el diablo se lleve esos zapatos!
¡Quiero silencio!

Sachs
(Siguiendo con su trabajo)
¡Jesús, Jesús! ¡Hallo, hallohe!
¡Oh, oh, trallalei! ¡Trallalei!
¡Ohe! ¡Oh, Eva!
¡Eva, mujer malvada!
Que te pese en la conciencia que por culpa
de tus pies, los ángeles ahora deben hacer de zapateros.

Walther
¿A nosotros o al Puntuador
o a quién está intentando engañar?

Eva
Me temo que a los tres.
¡Dios, que tormento!

Sachs
Cuando estabas en el Paraíso no había piedras:
ahora debido a mi delito, he de trabajar
con la lezna y el hilo,
y debido a que me Señor Adán
es tan lamentablemente débil,
he de poner suelas a los zapatos
y engancharlos con resina.

Eva
Me temo que algo malo pasará

Walther
Mi dulce ángel ¿anímate!

Eva
Esa canción me está poniendo triste

Walther
¡A penas puedo oírla!
Tú estás junto a mi:
¡que sueño tan maravilloso!

Sachs
¡Si yo no fuera un ángel puro
el demonio podría ser zapatero!
Je

(Para de cantar cuando Beckmesser se le acerca con mirada amenazadora)

Beckmesser
¡Para ahora mismo!
¿Intentas engañarme?
¿Acaso el día y la noche son para ti lo mismo?

Sachs
¿Qué más te da que cante?
He de acabar estos zapatos ¿no?

Beckmesser
Pues cállate y no hagas ruido

Sachs
Es muy molesto trabajar de noche.
Si quiero mantenerme despierto,
necesito aire y canciones animadas;
así que escucha el tercer verso.
¡Jerum! ¡Jerum!

Beckmesser
¡Me está volviendo loco!

Sachs
¡Hallo, hallohe!

Beckmesser
¡Qué gritos más espantosos!

Sachs
¡Oh, oh, trallalei! ¡Trallalei! ¡Ohe!

Beckmesser
¡Al final Eva se pensará que soy yo!

Sachs
¡Oh, Eva, escucha mi lamento,
mis problemas y mi terrible aflicción!.
¡El mundo va pisando las obras de arte
que el zapatero ha creado!
Y si el Ángel de los zapateros,
que no me abre a menudo el Paraíso,
no me consolara, con que alegría
dejaría de hacer zapatos y botas.
Pero cuando me abre las Puertas del Cielo,
el mundo se halla a mis pies, y yo estoy en paz.
Yo, Hans Sachs, zapatero y poeta.

Beckmesser
(Mirando hacia la ventana por donde Magdalena, con la ropa de Eva, se asoma)
Se está abriendo la ventana

Eva
(A Walther)
Esa canción me entristece,
y no sé porqué
¡Vámonos, vámonos lejos!

Walther
(Desenvainando la espada)
Bien, vámonos: ¡con la espada por delante!

Eva
¡No, no, para!

Beckmesser
¡Cielos Santos! Es ella.

Walther
¡Ese Beckmesser no vale la pena!

Eva
Exacto, es mejor tener paciencia
Beckmesser ¡Ahora estaré perdido si Sachs
sigue cantando!

Eva
¡Oh, mi más querido!
¡Cuanta aflicción te he causado!

Beckmesser
¡Amigo Sachs! ¡Escucha una cosa!

Walther
(A Eva)
¿Quién está en la ventana?

Beckmesser
¡Con qué afán estás haciéndome los zapatos!
¡Yo ya me había olvidado de ellos!

Eva
Es Magdalena

Walther
(A Eva)
¡Beckmesser se lo merece!

Beckmesser
Os respeto como zapatero, de verdad

Walther
Casi no me puedo aguantar las ganas de reír.

Beckmesser
y aún os venero más como conocedor de las artes.

Eva
¡Cuánto tendremos que esperar
a que esto se acabe y podamos escapar!

Walther
¡Ojalá empezara a cantar de una vez!

(Walther y Eva, desde su escondite, miran a Sachs y Beckmesser con mayor interés)

Beckmesser
Creedme, valoro mucho vuestra opinión;
así que os suplico que escuchéis esta canción
con la que espero ganar mañana,
y que me digáis si os parece bien.

(Dándole la espalda al callejón, empieza a tocar el laúd para atraer la atención de Magdalena y para que no se vaya de la ventana)

Sachs
¡Ah! ¡Me queréis embaucar!
No quiero que abusen de mi otra vez.
Desde que vuestro zapatero
se cree que también es poeta,
las cosas se han puesto muy feas
para vuestros zapatos
¡Ya veo qué grandes te van y cómo se te caen!
Así que, seré sensato y me dejaré
de rimas y versos, de razones,
inteligencia y sabiduría, y me pondré
a hacer vuestros zapatos para mañana.

Beckmesser

¡Dejaros de tonterías!
Eso lo habéis dicho de broma.
¡Mejor que escuchéis lo que tengo que deciros!
La gente te honra, y la hija de Pogner te respeta:
si mañana quiero cortejarla ante todo el mundo,
decidme, ¿no fracasaré si mi canción no le gusta?
Así que escuchadme sin decir nada;
y cuando la haya cantado,
podréis decirme lo que os ha gustado
de ella y lo que no, para que yo
pueda hacer los cambios oportunos.

Sachs
¡Oh, dejadme en paz!
¿Por qué me merezco tal honor?
Sólo he escrito canciones para gente de la calle,
así que para ellos cantaré
mi última canción.
¡Jerum, Jerum! ¡Hallo, hallohe!

(Cuando Sachs empieza a cantar de nuevo, Beckmesser le grita)

Beckmesser
¡Maldito seas!
¡Me haréis perder la razón
con esta canción llena de resina y grasa!
¡Callaos! ¿Acaso queréis despertar a los vecinos?

Sachs
Ya están acostumbrados
y a nadie le importa
"¡Oh Eva! Eva"

Beckmesser
¡Oh, qué odioso sois!
¡Hoy me vais a engañar por última vez!
Si no os calláis ahora mismo,
juro que lo pagaréis.
Aunque os creáis más listo que yo,
yo sé que estáis celoso y nada más,
y os molesta que los demás también cuenten para algo.
¡Creedme, os conozco muy bien!
¡Qué no os eligieran como Puntuador!
eso es lo que corroe a este zapatero amargado
¡Pues bien! Mientras Beckmesser viva
y halla en sus labios una rima,
mientras aún cuenta para algo entre los Maestros,
juro que el Señor Hans nunca será Puntuador
tanto se Nuremberg "crece y florece" como si no.
(Empieza a tocar impaciente)