Número 167. Zaragoza - Noviembre 2014
INTERPRETES 

ASTRID VARNAY: TRIBUTO A LA INALCANZABLE (I)

Quién les iba a decir a los oyentes de radio aquella tarde que la desconocida soprano que estaban a punto de oír en el papel de Sieglinde llegaría a ser una de las más grandes sopranos dramáticas wagnerianas de todos los tiempos.

Era el día 6 de diciembre de 1941. Como era habitual los sábados en el Metropolitan Opera de Nueva York, la matinée de las dos de la tarde iba a ser retransmitida en directo por radio. La obra programada para aquella tarde era Die Walküre, con un reparto estelar compuesto por la flor y la nata del canto wagneriano de la llamada "Edad de Oro": Lauritz Melchior (Siegmund), Alexander Kipnis (Hunding), Friedrich Schorr (Wotan), Kerstin Thorborg (Fricka) y Helen Traubel (debutando como Brünnhilde). Para Sieglinde estaba programada la aparición de Lotte Lehmann, pero un azar del destino quiso que aquella tarde Madame Lehmann estuviera resfriada. Las cabezas pensantes de la gerencia del Met no encontraron otra solución que encomendarle la tarea a una jovencísima soprano (23 años) recientemente contratada para iniciar su carrera y cuyo debut estaba planeado para el mes de enero siguiente como Elsa en Lohengrin. El nombre de esta desconocida era Astrid Varnay.

 

Astrid Varnay en su camerino tras su debut como Sieglinde en 1941. Nótense las fotos dedicadas de Kirsten Flagstad, su heroína hasta hoy, sobre el tocador.

 


Hija del tenor Alexander Várnay y la soprano coloratura Mária Jávor, ambos húngaros, había nacido en Estocolmo (Suecia) el 25 de abril de 1918, tomando el nombre de Ibolyka Astrid Mária Várnay. El nombre Ibolyka significa en húngaro "pequeña violeta", y le fue dado por su padre al que le impresionaron los ojos violáceos de la niña (más tarde, los americanos que, como es bien sabido, son gente práctica, la llamaban Violet). Al ser sus padres cantantes itinerantes (Astrid nació en Estocolmo porque estaban contratados para cantar allí), se trasladaron a Kristiania (Noruega), donde el padre se ocupó de la gerencia de un pequeño teatro de ópera.
En ese teatro, el Opéra Comique, se organizaron grandes representaciones, incluyendo, por ejemplo, un Otello de Verdi cantado por Leo Slezak y la entonces jovencísima Kirsten Flagstad. Aquí me siento obligado a insertar una pequeña anécdota que relata Astrid Varnay en sus memorias, de las que hablaré algo más tarde:

"Después de una vida en la carretera, Madame Jávor estaba encantada de asentarse con su familia en Kristiania, disfrutando del doble placer del estrellato y la maternidad.
Este doble placer se convertía frecuentemente en un doble dilema, porque en seguida se encontró frente al problema de qué hacer con el bebé durante las representaciones. Un día se le ocurrió una idea: ¿por qué no hacer una pequeña cuna en uno de los cajones inferiores del tocador de su camerino? Desafortunadamente, el más bajo de los cajones era aún un poco alto para la seguridad del bebé, así que, poco antes de una representación de Un Ballo in Maschera, madre envolvió al bebé, y las dos nos fuimos al camerino de al lado, donde la soprano que había sido contratada como Amelia estaba preparándose para salir a escena.
Resultó que la otra señora tenía un cajón lo suficientemente cercano al suelo como para que no me hiciera ningún daño en caso de caída, y las dos sopranos procedieron a meterme en la cuna para la duración de la ópera. Yo era tan solo un renacuajo entonces. Fue mi primer encuentro con Kirsten Flagstad."

Cuando la etapa en Kristiania terminó, tras tres años de éxitos, la familia Várnay emigró a Buenos Aires, y más tarde a Nueva York, a donde llegaron en noviembre de 1923. Alexander Várnay murió al poco tiempo y Mária Jávor se casó con un italiano llamado Fortunato de Angelis.
Tras algunos años en la ciudad, Astrid inició sus estudios vocales con su madre y más tarde con el Maestro Hermann Weigert, quien les fue recomendado por la mismísima Kirsten Flagstad.
Estudió todo el repertorio wagneriano para soprano en tan solo 18 meses. Y se presentó para una audición en el Met ante el General Manager Edward Johnson, siendo contratada posteriormente como miembro de la compañía.
Su debut como Sieglinde fue un terremoto, haciendo palidecer el de Helen Traubel de aquella misma noche. Seis días después, el 12 de diciembre, Traubel canceló su segunda aparición como Brünnhilde, siendo reemplazada por Varnay. En sus propias palabras:

"Acababa de terminar un personaje en Walküre cuando tuve que añadir alas para otro. Me llamaban la "Brünnhilde de siete meses"."

Continuó una imparable carrera en el Met, siendo miembro permanente de la Compañía hasta el año 1955, cuando ciertos desacuerdos con el nuevo gerente Rudolf Bing hicieron que se decidiera a marchar definitivamente a Europa. Este Rudolf Bing fue el mismo que, en el año 1950, había obligado a Lauritz Melchior a abandonar la Compañía (después se dedicaría al musical, pero de eso hablaremos en otros artículos); el mismo que ofreció en 1954 a Hans Hotter cantar "esos maravillosos papeles secundarios" (Hunding y demás) en vez de Wotan, porque, según el buen señor, tendría mucho más éxito en ellos (de hecho existe una rara grabación de un Primer Acto de Die Walküre con Hotter como Hunding y Varnay como Sieglinde, en 1954, cuando ambos triunfaban ya en Bayreuth como Wotan y Brünnhilde).
También triunfó en roles no-wagnerianos como, por ejemplo, Leonore en Fidelio de Beethoven, Santuzza en Cavalleria Rusticana de Mascagni, Lady Macbeth en Macbeth de Verdi y, sobre todo, encarnando las criaturas operísticas de Richard Strauss: la Mariscala en Der Rosenkavalier, Salome y, por encima de todo, Elektra (que merecería un estudio aparte por la enorme calidad de su interpretación).

 

Con su marido y maestro Hermann Weigert tras la premier de Lohengrin en 1954.

 

Entretanto, Varnay, que se había casado en 1944 con su mentor Hermann Weigert, enviudó tras la enfermedad coronaria de su marido. Pero decidió seguir el consejo de un médico de Waco que había tratado a su marido: "lo mejor que puede hacer por su marido es seguir cantando".

En el verano de 1951 Astrid Varnay comenzó sus apariciones anuales en el Festival de Bayreuth. Wieland Wagner necesitaba una soprano dramática para su "Nuevo Bayreuth" después de la guerra, y le ofreció el puesto a Kirsten Flagstad, quien lo rechazó, recomendando a una joven soprano llamada Varnay que hacía entonces carrera en el Met. Al no haber tiempo para audiciones, Wieland la contrató basándose en las opiniones de otros artistas que habían trabajado con ella. Se convirtió así en la única cantante de la historia en ser aceptada para el Festival de Bayreuth sin audición previa.

Mantuvo su colaboración con el Festival todos los veranos durante 17 años, hasta 1968. Cantó en Bayreuth la mayoría de los papeles wagnerianos de su repertorio (excepto lo que llama las "tres Es" -Elsa, Elisabeth y Eva-, Freia y Gutrune): Brünnhilde, Ortrud, Senta, Kundry, la Tercera Norna, Sieglinde e Isolde.
En el artículo del próximo mes analizaremos sus creaciones wagnerianas una por una, dando las pertinentes indicaciones discográficas.

 

  
 

Varnay como Brünnhilde

Su etapa en Bayreuth es, como ella misma reconoce, su época más satisfactoria como artista. En ella tuvo la oportunidad de enriquecer sus interpretaciones de las heroínas wagnerianas gracias al contacto con artistas tan enormes como Hans Hotter, Wolfgang Windgassen y Hans Knappertsbusch, y a ese genio de la escena que fue Wieland Wagner, quien dijo una ya famosa frase sobre Varnay:

"Para qué quiero un árbol en escena cuando tengo una Astrid Varnay".

Simultáneamente, Varnay continuó cantando por Europa, especialmente en Alemania, donde visitó teatros como el de Düsseldorf y Stuttgard, y sobre todo el Bayerische Staatsoper de Munich, donde permaneció activa muchos años, primero como cantante y más tarde como profesora de canto en el Opera Studio, la escuela para jóvenes talentos vocales del teatro -actualmente extinta- (En el Opera Studio fue donde hace unos años Varnay descubrió el talento en alza de Violeta Urmana, la actual Kundry en Bayreuth).

A finales de los años sesenta, Varnay se dio cuenta de que su registro agudo no era tan bueno como antes y que, en cambio, su voz había ensanchado en graves y profundidad. Cantó su última Brünnhilde en Götterdämmerung en 1971.

Inició entonces una muy satisfactoria "Segunda Carrera" (Varnay dixit), donde interpretó con gran éxito papeles de mezzosoprano.

En esta categoría se incluyen Herodias de Salome (su record personal: 213 representaciones), Klytämnestra en Elektra y el Ama en Die Frau Ohne Schatten ("La mujer sin sombra"), todas de Strauss. También Mamma Lucia en Cavalleria Rusticana, la Kostelnicka en Jenufa de Leoš Janácek, la viuda Leokadja Begbick en Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny ("Auge y Caída de la ciudad de Mahagonny") de Kurt Weill (el personaje con el que volvió, en 1974, al Met 18 años después de abandonarlo) y la Condesa en Pique Dame ("La dama de picas") de Tchaikovsky. Como curiosidad apuntaremos también que cantó dos papeles wagnerianos más: Mary en Der Fliegende Holländer y la Primera Norna en Götterdämmerung, con los que cumplió el total de 17 roles wagnerianos, un record no superado, creo, por ningún intérprete en este repertorio.

Hizo su última aparición en escena en el Bayerische Staatsoper de Munich en 1996 como el Ama del Zar en Boris Godunov de Modest Mussorgsky, cerrando así una larguísima y exitosa carrera que había durado más de medio siglo.

Actualmente Astrid Varnay vive en Munich.

  

Esta foto no era planeada. Pertenece a un tour del Met de 1940.
 

Hace unos años le fue propuesto escribir un libro con sus memorias, lo que hizo en colaboración con el neoyorquino Donald Arthur, en inglés. Al ir a publicarlo, la editorial alemana a la que acudieron se negó a imprimirlas en el idioma original, por lo que tuvieron que ser traducidas al alemán, saliendo finalmente al mercado con el título de "Hab mir's gelobt. 55 Jahre in Fünf Akten". Un tiempo después, se decidió (es una historia demasiado larga para explicarla aquí) que el libro debía ser publicado en su versión original, proyecto que vio finalmente la luz hace tan sólo dos meses, en noviembre de 2000, bajo el título de "55 Years in Five Acts: My Life in Opera", con prefacio del venerable Wolfgang Wagner.

Así concluyo la primera parte de este homenaje a Astrid Varnay, a quien el gran Knappertsbusch llamó "La Inalcanzable".