Número 164. Zaragoza - Agosto 2014
INTERPRETES 

LOS MAESTROS CANTORES DE NUREMBERG A LO LARGO DEL TIEMPO

Parte 3ª: Eva, Magdalene, David y Kothner

Concluimos finalmente el estudio que estábamos haciendo de los personajes en "Los Maestros Cantores de Nuremberg" añadiendo a la lista de los ya comentados a Eva, y a la pareja cómica formada por Magdalene y David.

Eva, ciertamente, no es un personaje tan enormemente interesante como puede ser Sachs o Beckmesser. La principal característica de su forma de actuar a lo largo de la obra es que se deja llevar por las decisiones de los personajes masculinos. Sin embargo, no es tan solo una "niña buena" que obedece en todo lo que se le dice, sino que tiene una voluntad firme y resuelta, además de una fina inteligencia y un cierto toque de picardía.

Su mano es el premio que ha ofrecido su padre, el orfebre Pogner, al ganador del concurso de canto que se celebrará el día de San Juan en la pradera a las afueras de Nuremberg. Por supuesto, ella es inconsciente del alcance que tiene la decisión de su padre: podrá rechazar al ganador, pero nunca casarse con otro.

Al principio de la obra la vemos intercambiando señas con Walther, que ha llegado muy recientemente a Nuremberg, y que es además protegido de su padre. En su diálogo con él, llega a una decisión sobre a quién elegirá como esposo en el concurso:

"A vos... o a ninguno."

Ya en el segundo acto, se muestra incluso dispuesta a evitar la decisión de los Maestros y huir desesperadamente con Walther de la ciudad. Para ello cambia de vestidos con Magdalene y sitúa a ésta en la ventana para ser el objeto de la serenata nocturna de Beckmesser. Como ya es sabido, Sachs impide esta huida, "tira de los hilos de la ilusión" y se organiza la pelea ya comentada en artículos anteriores. En medio del revuelo, Sachs empuja a la "falsa Magdalene" dentro de la casa de Pogner.

En el tercer acto, entra en casa de Hans Sachs fingiendo que los zapatos que le ha hecho el maestro para la ocasión no le están bien. Tras un breve diálogo con el zapatero, aparece en la escalera la verdadera razón de su visita: Walther von Stolzing vestido con sus mejores galas, cantando la canción con la que ganará el ansiado premio.

Pero en ese momento, Eva recapacita y se da cuenta de que por el amor de Walther va a dejar de lado a ese otro hombre que la ama y que la ha visto crecer. En unas encendidas palabras afirma lo siguiente:

"¡Sí, maestro amado, regañadme!
Pero yo estaba en la vía cierta:
pues, si yo tuviera la elección,
sólo a ti te eligiera para mí;
tú fueras mi esposo,
sólo a ti te ofreciera yo el premio"

Sachs, como ya hemos comentado, renuncia a ella por no querer correr la misma suerte que el Rey Marke.

Eva es en este momento la protagonista absoluta, liderando el bellísimo quinteto que cierra esta cuarta escena.

En la pradera preside el concurso de canto, con los resultados ya sabidos, concluyendo su intervención en la obra tras la Canción del Premio, con la siguiente frase:

"¡Nadie sabe pretender tan divino como tú!"

La vocalidad requerida para afrontar el personaje de Eva es la de una soprano lírica, con timbre brillante y claro que le otorguen cierta juventud a la voz. El papel está escrito en una tesitura no demasiado comprometida: Do 3 al Si 4, nota extrema que tan solo tiene que alcanzar en una ocasión en su pasaje más largo en toda la obra, en el tercer acto, "Oh, Sachs! Mein Freund!".

Es un personaje que requiere, prácticamente, las mismas cualidades que Elsa y Elisabeth (de Lohengrin y Tannhäuser, respectivamente), principalmente una fluida línea de canto sin asperezas de ningún tipo.

Sin embargo, frente a las relativamente pocas exigencias estrictamente vocales del papel, una soprano que cante Eva ha de poseer un gran refinamiento y estilo. Debe saber dar al personaje la picardía necesaria para hacerlo creíble.

Sus intervenciones a lo largo del desarrollo de la obra no son demasiado extensas, sin embargo el quinteto de la cuarta escena del tercer acto es su más importante aportación, siendo la página más bella dentro de toda la belleza que se despliega en "Los Maestros Cantores". Finalmente tiene un momento sublime en la última frase que pronuncia y que hemos comentado más arriba: ha de desarrollar un etéreo trino sobre un Si 3.

Elisabeth Grümmer caracterizada como Eva

Dentro de las muchas intérpretes que han destacado como Eva, resaltaría muy especialmente a la gran Elisabeth Grümmer, cuya voz cristalina es capaz de conmover a las piedras. Descubrió relativamente tarde su valía para el teatro lírico, en 1940, cuando ya contaba 29 años y era feliz madre y esposa. Es curioso que su descubridor fuera Herbert von Karajan, quien la había oído cantar en su casa después de alguna fiesta. Debutó ese año como una de las muchachas-flor solistas en Parsifal, comenzando a partir de entonces una imparable carrera hacia la fama mundial.

Se puede escuchar su incomparable Eva en dos grabaciones principales de la obra: la de Kempe de 1956 (de estudio) y la del Festival de Bayreuth de 1960 dirigida por Hans Knappertsbusch. En esta última, el quinteto es el más maravilloso nunca registrado. Contaba la Grümmer que Greindl (Sachs en aquella ocasión) rompió a llorar de emoción, contagiando a los demás, que dieron lo mejor de sí mismos en ese sublime momento.

La suiza Lisa della Casa, gran Eva con Knappertsbusch

Otra grandísima Eva fue Lisa della Casa, voz enormemente juvenil y bella, paradigma de la soprano straussiana (enorme Arabella, Mariscala, Chrysothemis, Ariadne). La podemos escuchar en dos magníficas interpretaciones grabadas en vivo en 1952 y 1955 (Bayreuth y Munich, respectivamente),  dirigidas por Knappertsbusch.

De Hilde Güden tenemos una grabación en estudio para Decca de 1950, dirigida, una vez más, por Kna. De la gran mozartiana que fue Irmgard Seefried tenemos un registro radiofónico de 1944 a cargo de Karl Böhm, aunque entonces estuviera bastante "verde", vocalmente hablando.

Eleanor Steber y Elisabeth Rethberg, grandes divas del Met

De un pasado inmediatamente anterior al tiempo de las anteriores, recordamos a un puñado de verdaderas especialistas: Maria Jeritza (la gran diva straussiana, que estrenó papeles como la Ariadne),  Tiana Lemnitz, Elisabeth Rethberg, Eleanor Steber, Maria Reining (de quien conservamos unos deteriorados "Maestros" con Toscanini en el Festival de Salzburgo de 1937) y Maria Müller.

Del presente podemos nombrar a Karita Mattila, si bien no posee la voz idónea (que no la presencia física, que es apabullante) y a Eva Johansson. De la primera tenemos los últimos "Maestros" de Sir Georg Solti grabados por Decca en 1995. De la segunda tenemos un vídeo (editado recientemente en soporte DVD) carente de todo interés si no es por la Johansson: dirige Rafael Frühbeck de Burgos... con eso les digo todo (los aficionados de Madrid le llevamos sufriendo en silencio muchos años como director emérito de la Orquesta Nacional de España).

 

Ya sólo nos queda hablar brevemente de la pareja cómica formada por la doncella entrada en años, Magdalene, y su joven y amante aprendiz, David.

Incluir una pareja de estas características es todo un acierto dramático. Contraponen su amor cotidiano y desenfadado al amor trascendente entre Eva y Walther, la pareja de héroes protagonistas.

Entre ambos hay una diferencia de edad de unos diez o quince años, pero Magdalene no es vieja tampoco: rondará los treinta y tantos.

Magdalene es el ama a cargo de Eva en casa de Pogner. Cuida de la niña y de su querido David, a quien tiene seducido prácticamente por el estómago.

David es el aprendiz de Hans Sachs y vive en su taller aprendiendo el oficio de zapatero y de maestro cantor. En el tercer acto, Sachs le nombrará oficial, propinándole el tradicional cachete en la mejilla.

Vocalmente el papel de Magdalene no es nada complicado. Requiere una mezzosoprano no excesivamente oscura, o una soprano con un centro ancho. Tiene por fuerza que tener un timbre que se distinga bien del de Eva, para no caer en la monotonía o la confusión. La tesitura abarca desde el Do 3 al La 4, nota que se tiene que hacer oír por encima del tumulto de la pelea del segundo acto.

Si bien los requerimientos vocales no son muy estrictos, una buena Magdalene tiene que ser dotada de encanto, de chispeante vivacidad, de gracia.

Fueron buenas intérpretes del personaje grandes mezzosopranos wagnerianas como Kerstin Thorborg (por ejemplo, en los "Maestros" de Toscanini ya comentados) o Margarete Klose.

Margarete Klose, contralto alemana de los años cuarenta y cincuenta

Otras intérpretes relevantes fueron Hertha Töpper, Elisabeth SchärtelBrigitte Fassbänder o la mismísima Christa Ludwig. Últimamente hemos oído a Brigitta Svendén.

La parte de David es la de un tenor lírico puro, en la línea de los tenores mozartianos (Tamino, Belmonte, Ottavio). La tesitura abarca desde el Do 2 al Si 3, y debe moverse muy bien por la zona alta del registro, alcanzando con mucha facilidad el La 3. Su relato de los tonos utilizados por los maestros requiere además una gran maestría canora, controlando los trinos y la coloratura.

Como en el caso de Magdalene, el personaje sólo puede hacerse creíble si se le dota de vida y personalidad.

Grandes traductores de David fueron Gerhard Unger, Gerhard Stolze y Paul Kuën, todos ellos grandes cantantes-actores. Este último, Kuën, tenía una enorme potencia vocal. Hay una divertida anécdota sobre una función dirigida por Kna: habían contratado a un Walther bastante endeble, y el gran director impuso a Günther Treptow, porque decía que si no, Paul Kuën taparía irremisiblemente a Walther.

En la línea de canto puro encontramos a Antón Dermota, ese magnífico mozartiano, que hizo una verdadera recreación del personaje. Le encontramos en la versión de estudio de Knappertsbusch en Decca de 1950. 

Otro gran David fue Peter Schreier. Escúchese la grabación para EMI de Herbert von Karajan.

Fotografía de los decorados para las funciones del Festival de Bayreuth de 1951 creados por Rudolf Hartmann

Nos faltaría tan sólo hablar brevemente del resto de la corporación de maestros. Es un conjunto homogéneo de tenores y bajos, entre los que destaca Kothner, el panadero, secretario de la corporación. Tan sólo merece mencionar de pasada su bella intervención al exponer las Leges Tabulaturae en el primer acto. Para recordar es el Kothner de Ludwig Weber, que cantó en Bayreuth en 1960.

El último papel que reseñaremos es el del Sereno, un bajo o un barítono que tiene dos brevísimas aunque muy bellas intervenciones en el segundo acto. De lujo fueron los serenos de Hermann Prey ("Maestros" de Kempe de 1956) o René Pape ("Maestros" de Sawallisch).

Bien, con esto concluye el estudio que venimos haciendo de los distintos personajes que intervienen en "Los Maestros Cantores de Nuremberg" y que nos ha ocupado unos dilatados tres meses.