Número 163. Zaragoza - Julio 2014
INTERPRETES 

INTERPRETACIÓN ACTUAL: UNA INTRODUCCIÓN

Esta es la introducción a una serie de artículos que tengo preparados para analizar el panorama actual de la interpretación wagneriana.

Siempre estamos hablando de cantantes y directores del pasado, la mayoría sólo conocidos por el poco fiable soporte del disco, y frecuentemente nos olvidamos de los que tenemos disponibles en los teatros de todo el mundo.

Sin menospreciar las horas de disfrute que cada cual nos procuramos en casa con nuestros discos favoritos, nada es comparable a una buena función en directo: la magia del teatro es algo colosal.

La música se crea en el momento de su ejecución y se destruye inmediatamente, quedando sólo en el recuerdo de los presentes. Cualquier intento de contenerla en un soporte artificial es un ideal inalcanzable. Lo que tenemos en disco es una representación de cómo pudo ser un concierto o una ópera, un elemento de recuerdo o de acercamiento a una obra, pero nunca podrá recrear de forma exacta el momento de su creación.

Sin embargo, es enormemente enriquecedor conocer el trabajo de los intérpretes de los tiempos anteriores, no para compararlos exactamente con los del presente y adherirse al famoso tópico de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, sino para ser conscientes de diferentes estilos de canto y actuación, y para ver la evolución –o no– del estilo interpretativo a lo largo de las décadas.

En la actualidad, es cierto, hay una escasez alarmante de buenos cantantes profesionales. Muchos abandonan sus estudios mucho antes de estar preparados, tal vez siguiendo la tentación de hacer dinero rápido y fácil. Muchos inician unas carreras meteóricas, a menudo prometedoras, pero arruinan sus jóvenes voces en poco tiempo al acometer papeles demasiado pesados o nada convenientes a su vocalidad. Muchos están guiados por representantes irresponsables que, conscientes o no, son culpables del fracaso de estos jóvenes cantantes.

Otro factor a tener en cuenta es la escasez de verdaderos maestros del canto que enseñen una técnica sólida y duradera. Los conservatorios están llenos de profesores incompetentes que llevan años y años arruinando voces. No es una opinión mía, sino un dato que me han comentado un buen número de cantantes profesionales.

Un gran cantante no es, en general, un buen maestro. La mayoría de los grandes tienden a pensar que su técnica es la buena, que sus costumbres son las verdaderas y únicas. Así tenemos hoy en día un buen puñado de “clónicos” de Dietrisch Fischer-Dieskau, por ejemplo. Qué duda cabe de que Fischer-Dieskau ha sido uno de los más grandes liederistas del siglo XX, pese a que su estilo sea a veces discutible: en sus interpretaciones todo está calculado al milímetro, no hay espacio para la improvisación ni para el sentimiento espontáneo.

No dudo que como profesor haya sido eficiente, pero el resultado es que todos los jóvenes barítonos que han estudiado con él querrían ser él. Intentan copiar sus maneras, sus movimientos, sus inflexiones en la voz, y muy frecuentemente su color y timbre, que deberían ser cualidades absolutamente personales. Ejemplos clarísimos: Andreas Schmidt y Matthias Görne.

El caso de Schwarzkopf es muy similar. Sobre ello es curioso conocer una anécdota que contaba Renée Fleming, insigne soprano straussiana de nuestro tiempo. Fleming abandonó su país natal, Estados Unidos, en dirección a Europa para atender a las clases de la Schwarzkopf. Una vez allí, en su primera lección, la maestra le dijo símplemente que se dedicara a otra cosa, que cantar no era lo suyo. René Fleming, según contaba, volvió a casa desmoralizada, decidida a dejar el canto para siempre. Por suerte para todos los aficionados a la música del mundo, Fleming no ha dejado de cantar, y les aseguro que su voz y su estilo son magníficos.

Pero volvamos al tema de partida. En esta serie de artículos, como es natural en un portal como este, me dedicaré exclusivamente al análisis de intérpretes wagnerianos de la actualidad.

La división de los artículos se hará por cuerdas: sopranos, mezzosopranos y contraltos; tenores, barítonos y bajos. Prestaremos especial atención a tres tipos específicos de cantantes especialmente wagnerianos: las sopranos dramáticas, los tenores heroicos y los barítonos-bajos.

También me he propuesto analizar con cierto detalle el panorama actual del Festival de Bayreuth, donde la crisis vocal es aún más alarmante que en el resto de grandes teatros del mundo. Es un hecho indiscutible que los verdaderos grandes de hoy en día no cantan ya en Bayreuth. Aunque sigue manteniendo algo del prestigio de antaño, hoy en día cantar en Bayreuth ya no es lo que era. Antiguamente se iba a Bayreuth por el prestigio y por participar en el enriquecedor proceso de recreación de las obras de Wagner. Hoy en día eso no es tanto así.

Además el sueldo pagado a los intérpretes es muy pequeño en comparación con el de otros teatros, y a muchos no les compensa pasar dos o tres meses en un mismo teatro cuando podrían cobrar mucho más cantando en varios sitios.

Como ya comentaremos, gente como René Pape o Ben Heppner, excelsos wagnerianos de hoy en día, no van a Bayreuth. El primero fue pero no quiere volver por problemas con la dirección del Festival. El segundo prefiere pasar, al parecer, el verano con su familia.

Además me propongo analizar con algún detalle el panorama directorial wagneriano. Pese a dirigir un amplio abanico de obras de muchos otros compositores, han existido siempre un grupo de directores musicales que destacan por su dedicación reiterada al repertorio wagneriano. Nuestro tiempo no es una excepción. Existen hoy en día un número de directores que son capaces de ofrecernos la música de Wagner a la altura que merecen.

Esto es solo una brevísima introducción al material que expondremos en los próximos meses. Esta serie pretende ser tan solo una reflexión sobre los medios humanos que poseemos hoy en día para la interpretación de las obras de Maestro, fruto de unos cuantos años de asiduidad al teatro, y observación. Como todo artículo de opinión, la subjetividad estará presente, pero intentaré que los textos sean lo más objetivos posible.