Número 165. Zaragoza - Septiembre 2014
INTERPRETES 

"LADIES FIRST": LAS VOCES FEMENINAS EN EL CANTO WAGNERIANO ACTUAL.

En esta primera entrega sobre intérpretes wagnerianos actuales intentaremos ver cómo se presenta el panorama en cuestión de voces femeninas.

Como ya dijimos, la situación actual no es muy alentadora y no parece susceptible de mejorar en los próximos años. La enorme crisis arrastrada desde los años setenta del siglo pasado hasta nuestros días es evidente. Hasta los años cincuenta, y todavía hasta bien entrados los sesenta, era posible reunir un reparto “completo” para cualquier obra de Wagner. Desde entonces algunas estrellas brillantes han dado luz al firmamento wagneriano, pero siempre de la misma forma: una sola figura rodeada de mediocridad. Esto mismo ocurre hoy en día, cuando disponemos de un puñado de impresionantes artistas capaces de recrear convincentemente cualquier personaje wagneriano a un nivel vocal altísimo.

Si miramos, por ejemplo, las sopranos dramáticas en nómina actualmente, la decepción se hace clara. Encontramos nombres como Gabrielle Schnaut, Luana De Vol o Evelyn Herlitzius, por mencionar a las tres últimas Brünnhildes de Bayreuth. En vivo no he tenido aún la ocasión (no creo poder decir suerte) de verlas, y tal vez sean grandes actrices en escena, pero el testimonio fonográfico es desangelado: terribles vibrattos en la voz y grito en lugar de canto.

En el Met de Nueva York el papel de la hija de Wotan en todos los ciclos del “Anillo” del año pasado (tres consecutivos, si la memoria no me falla) fueron acometidos por Jane Eaglen, soprano británica de presencia escénica escasa (sino fuera por su volumen corporal) y poseedora de un voz grande pero terriblemente fea, monótona y descontrolada.

En Berlín Brünnhilde es casi siempre Deborah Polaski, de gran presencia en el escenario y gran inteligencia dramática, pero con una voz abrasada por el abuso que ha hecho de ella en estos años. El agudo es prácticamente inexistente, con un vibratto excesivo en el resto del registro.

Claro que mucho más grave es el uso de voces agotadas del pasado reciente. Casos como Eva Marton o Hildegard Behrens, que siguen paseando sus destruidas voces por los escenarios de medio mundo de forma patética. A Behrens se le llegó a abuchear el año pasado en la Ópera de Viena después de la función inaugural de “La Walkyria”, donde apareció como Brünnhilde, como los mosqueteros de Dumas, “veinte años después”.

En la nómina de Isoldes no encontramos tampoco mucha variedad. La citada Eaglen ejecutó (los comentarios sobran) el papel recientemente en el Met con Ben Heppner como pareja y el siempre aletargado James Levine al frente de la orquesta.

Deborah Voigt

De vez en cuando encontramos a Elisabeth Connell, que fuera una muy interesante Ortrud en Bayreuth en 1982 (ingrata grabación en vídeo por lo demás), y que ahora se dedica a Isolde, Brünnhilde y Elektra, si no de manera excepcional, sí con profesionalidad y solvencia.

De lo mejorcito disponible es Deborah Voigt, soprano estadounidense en plena madurez artística, poseedora de una voz amplia y bastante bella, y una técnica muy sólida. Debuta como Isolde en la Wiener Staatsoper en mayo de este año 2003 bajo la dirección musical de Christian Thielemann. Parece que está planeando su carrera con bastante inteligencia, y no se ha lanzado a cantar papeles demasiado dramáticos: nunca ha hecho Brünnhilde, nunca ha cantado el papel principal de Elektra de Strauss, ha cantado la Emperatriz de “La mujer sin sombra” (pero no el abrasador papel de la mujer del tintorero)... Personalmente tuve ocasión de verla como Leonore en Fidelio de Beethoven, y me pareció realmente muy a tener en cuenta.

Sus recreaciones de papeles straussianos como Chrysothemis, Ariadne y la Emperatriz, están disponibles en CD, todos bajo la muy competente dirección del difunto Giuseppe Sinopoli, y acompañada en los dos últimos por el gran Ben Heppner (El tenor/Baco y el Emperador).

Para más información sobre Voigt, visiten su excelente web oficial: www.deborahvoigt.com

Si buscamos entre las sopranos líricas, capaces de acometer lo que Astrid Varnay llama “las tres E’s” –Eva, Elisabeth y Elsa-, encontramos algo más de interés. Nombres tan resplandecientes como Renée Fleming o Karita Mattila, si bien es cierto que ninguna de las dos están dedicadas plenamente a Wagner y se decantan más bien por otros repertorios.

Renée Fleming

Renée Fleming es la gran soprano straussiana de nuestra era, capaz de emocionar como la Mariscala del “Rosenkavalier”, que cantó hace pocos años en el Covent Garden de Londres bajo dirección de Christian Thielemann. El único papel wagneriano que ha hecho hasta ahora en escena es la Eva de Meistersinger, en 1996 en Bayreuth, con Barenboim. Es una verdadera lástima que no haya ampliado su repertorio wagneriano. Se ha dedicado al belcanto (Bellini y Donizetti) y algunas óperas de Mozart (“Cosí fan tutte” y “Don Giovanni”) y Verdi (“La Traviata”), grabando además obras poco trilladas como “Thaïs” de Massenet o “Rusalka” de Dvořak. Además ha estrenado la ópera de André Previn “Un tranvía llamado Deseo”, como Blanche DuBois, basada en la obra teatral homónima de Tennesse Williams.

Karita Mattila

La finlandesa Karita Mattila ha dejado ya una bella interpretación de Eva en Meistersinger con el gran Solti y un reparto de campanillas (Van Dam, Pape, Opie) en una muy recomendable grabación para DECCA, y ha cantado Elsa en escena. Según dijo recientemente en una rueda de prensa, Mattila trabaja solamente de 45 a 60 noches al año, reservando el resto del tiempo para descansar, y posibilitando una evolución pausada y no abrasiva de su voz. En sus propias palabras: “Mi agente me preguntó si no querría hacer dinero en todo ese tiempo libre. Yo le respondí que no. Le dije a mi marido que no se haría rico viviendo conmigo, pero que tendríamos una vida agradable.”

Veremos si en un futuro podemos disfrutar de alguna otra buena interpretación wagneriana de Karita Mattila. Tal vez podría ser una gran Sieglinde, además de una bella Freia o Elsa.

Otras sopranos líricas solventes disponibles en la actualidad son Eva Johansson y Emily Magee, de voz ya algo decaída tras terminar la producción de “Maestros” de Bayreuth que concluyó el año pasado.

En cuestión de mezzos capaces de afrontar papeles como Fricka o Brangäne no encontramos mucho más. Nombres que se han hecho frecuentes son los de Rosemarie Lang, miembro de la Berlin Staatsoper Unter den Linden, Ljoba Braun, ya en su ocaso,  la alemana Iris Vermillion o la japonesa Mihoko Fujimura, debutante en Bayreuth en 2002. Ninguna de ellas puede calificarse de sobresaliente, pero todas son solventes artistas con experiencia en estos papeles wagnerianos.

Marjana Lipovsek

Un nombre más a añadir a esta lista es la excepcional mezzosoprano eslovena Marjana Lipovsek, ya en sus últimos años de andadura artística, pero que ha sido una de las más grandes Frickas de tiempos muy recientes. Inicialmente una contralto auténtica, ha sabido evolucionar hacia un repertorio muy extenso. Su dominio de idiomas tan dispares como el ruso, el alemán, el francés o el italiano le ha llevado a triunfar en una enorme gama de papeles como el de Marina Mnishek en Boris Godunov de Mussorgsky, o el de la fatal Dalila de Samson et Dalila de Camille Saint-Saëns. También en papeles netamente verdianos como Azucena en Il Trovatore o la Princesa de Éboli en Don Carlo, o grandes peronajes straussianos como el Ama en “La mujer sin sombra” o Klytämnestra en Elektra. Llegó incluso a cantar, tiempo atrás, el dramático papel de Marie en Wozzek de Alban Berg.

Ha sido además una estupenda Brangäne, inmortalizada en la intachable grabación de Daniel Barenboim de Tristan und Isolde para su habitual Teldec, y en el horrendo DVD de la producción de la Bayerische Staatsoper de Munich con Zubin Mehta (con un reparto encabezado por grandes figuras, todo fracasa bajo una absurda dirección musical del maestro indio, y una terrorífica producción del innombrable Peter Konwitschny, responsable del último Lohengrin del Liceu).

Tengamos en cuenta ahora a dos excepcionales artistas, mezzosopranos en origen, que han ido evolucionando progresivamente hacia el repertorio de soprano dramática. Me refiero a Waltraud Meier y Violeta Urmana, por ese orden.

Waltraud Meier lleva con nosotros como profesional desde los años ochenta, construyendo una carrera artística sobresaliente. Durante años ha sido, y tal vez es, la mayor wagneriana de su generación. Ha cantado prácticamente todos los papeles a su alcance: desde Fricka, debutado en el Colón de Buenos Aires en 1980 en su natural tesitura de mezzo, a su extraordinaria Isolde, ya como soprano dramática. Ha sido una grandísima Kundry, sensual y derrotada, y una magnífica Venus. Su camino ha sido muy parecido al de Martha Mödl (ver artículos anteriores), abarcando un repertorio muy similar al suyo, con papeles comunes como la Leonore de, Marie en Wozzek, o incluso la Carmen de Bizet. Sin embargo hay un dato muy importante que las separa: Waltraud Meier nunca ha cantado Brünnhilde en el “Anillo”, y nunca se lo ha planteado. En alguna entrevista ha dicho que símplemente no le interesa el papel.

Waltraud Meier

Bien es sabido que su talento dramático es excelso: es una consumada actriz. Si alguien no se siente seducido por su personalísima voz, no puede negar al menos su enorme presencia escénica.

¿Qué más se puede decir de semejante talento? Solamente que hemos tenido suerte de verla en nuestros días.

Para más información sobre su planificación anual y demás detalles, ver su estupenda página web oficial, que incluye algunas fotos: www.waltraud-meier.com

Violeta Urmana es un joven talento en plena evolución. Comenzó cantando como mezzosoprano, para evolucionar, según los consejos de Astrid Varnay, a la tesitura de soprano dramática. Fue la “Inalcanzable” Varnay la que descubrió su talento durante unas clases en la escuela de la Bayerische Staatsoper, dedicando gran parte de uno de los capítulos de su autobiografía a hablar de este descubrimiento. Traduzco aquí un extracto para que el lector se haga una idea:

Violeta Urmana

“ Era ya a  última hora de la tarde, tras un agotador día de trabajo, y ya habíamos oído a una gran cantidad de aspirantes, dos de los cuales había cantado muy estimablemente (...) Había una mezzo aún,  suspiré letárgicamente y me senté para escuchar otra voz más. En el mismo instante que la mujer comenzó a cantar, me incorporé, dándome cuenta instantáneamente que su timbre, su expresión, su personalidad, su apariencia y su musicalidad evocaban un talento creativo muy importante, una de esas voces exquisitas que aparecen quizá una vez cada cien años. Por supuesto, había lugar para el perfeccionamiento. Sus notas agudas extremas no eran completamente libres, pero el resto de su voz, y todo lo que en ella se incluye, era tan recomendable que decidimos inmediatamente incluirla en el Estudio. (...) Inmediatamente después de completar su compromiso con el Estudio, fue contratada para cantar en varios lugares, incluyendo el Festival de Bayreuth de 1994, donde cantó el difícil papel de la Segunda Norna en Götterdämmerung. (...) Su carrera está ahora firmemente establecida en el más alto nivel internacional, y, a medida que va de triunfo en triunfo, la calidad óptima de sus interpretaciones continúan reflejando gloria hacia las personas que tuvieron la excelente fortuna de descubrirla y figurar en su aprendizaje profesional.

Aunque el Estudio (de la Bayerische Staatsoper) no ha sido continuado por la actual administración del Teatro, es aún posible para los amantes de la música en todo el mundo emocionarse con el canto de Violeta Urmana. ¡Qué alegría recordar que nosotros la oímos primero!” (1)

Su repertorio wagneriano actualmente incluye papeles tradicionales de mezzo como Fricka y Waltraute en Götterdämmerung, pasando por un papel para soprano netamente lírica como Sieglinde, un papel tan híbrido vocalmente como Kundry (su mayor logro hasta el momento), y seguramente progrese en breve tiempo hacia la tesitura de soprano puramente dramática: tal vez sea la Brünnhilde que todos esperamos desde hace décadas.

Recientemente ha grabado el prólogo del “Ocaso” con Plácido Domingo y Antonio Pappano para EMI, exhibiendo una gloriosa voz incluso en el terrible Do sobreagudo con que concluye el fragmento (el resto del disco es poco interesante o recomendable: la dirección es lenta y desarticulada, y Domingo es un Siegfried, en mi opinión, imposible).

Posiblemente llegue a ser una magnífica Ortrud en Lohengrin y, por carácter, temperamento y maneras vocales, sea la heredera natural de su maestra Astrid Varnay.

El tiempo lo dirá.

 

Bibliografía

(1) Astrid Varnay (con Donald Arthur), 55 Years in Five Acts. My Life in Opera Northeastern University Press, Boston, EEUU 2000