Número 200 - Zaragoza - Agosto 2017
IN FERNEM LAND... 

EL SUEÑO DE GUDRÚN
 

La vida es un baile en el cráter de un volcán que en algún momento hará erupción. Y. Mishima. Introducción a la filosofía de la acción.


Waltraute y Brünnhilde. A. Rackham

Durante el interludio orquestal que abre paso a la Tercera Escena del Primer Acto del Ocaso de los dioses, la que ha sido, durante toda la obra, una trágica resonancia, pasa a convertirse en la más tierna de las evocaciones: en la mano de Brünnhilde, el Anillo y su tema parecen liberados del viejo maleficio. Pero un trueno y el estallido de la cabalgada rompen el encantamiento. Waltraute no trae el perdón del Padre de las Batallas (que ya sólo espera el fin en el majestuoso silencio del Walhall); en un último y desesperado intento, insta a su hermana a devolver la joya maldita a las ondinas. Es en vano. La walkyria no puede entregar la prenda del amor y la fidelidad de Siegfried. Poco después, éste volverá a cruzar la muralla de fuego, pero, esta vez gracias al Tarnhelm, bajo la apariencia de Gunther. En un forcejeo, rendirá a la hija de Wotan y le arrancará el anillo; aunque, fiel al juramento de sangre, esa noche Nothung se interpondrá entre los dos.

Con el Segundo Acto, volvemos al palacio de los hijos de Gibich, la atmósfera es oscura y pesada. Hagen duerme abrazado a su lanza. Un repentino rayo de luna descubre a  Alberich agazapado a sus pies y, en uno de los pasajes más impresionantes de la Tetralogía (Schläfst du, Hagen, mein Sohn?), el enano exige a su hijo la venganza y la recuperación del anillo.

Siegfried, de vuelta al palacio, sólo desea encontrarse con Gutrune.

La disputa de las reinas

El sueño de Gudrún. F. Piloty

Tanto en los poemas éddicos como en el Nibelungenlied también está a punto de consumarse la tragedia; como ya hemos visto (La estirpe de Gibich), la desencadenará un altercado entre Gudrún y Brýnhild. Incidiendo, una vez más, en el conocimiento, aceptación y cumplimiento consciente del destino, que caracteriza al héroe nórdico, en la Völsunga Saga, un sueño de Gudrún, que interpreta la misma Brýnhild, resume y anticipa lo que, inevitablemente, ha de ser: Te revelaré tu porvenir: a ti vendrá Sígurd, el hombre por mí elegido. Grímhild le ofrecerá aguamiel envenenado y surgirán graves disputas entre todos nosotros. Lo tendrás para perderlo poco después. Te casarás con el rey Atli. Perderás a tus hermanos y matarás a Atli.

Ya volveremos al final de esta predicción; de momento, vamos a recordar (Promesas) que en el Nibelungenlied, Sigfrid conquista (en el sentido militar del término) a la belicosa reina de Islandia para Gunter y, así, poder casarse con hermana de éste, Kriemhild. Por lo tanto, a diferencia de los textos escandinavos, en el cantar austriaco no hay ningún lazo amoroso entre ambos personajes; sin embargo, este último conservará el tema común de la disputa, será durante el Canto XIV: De cómo las reinas se agraviaron. Aunque, aquí, es sólo el honor el que debe ser vengado, no el juramento de amor incumplido por obra del filtro de Grímhild, que sólo aparece en la tradición éddica.

Al volverse a encontrar, después de diez años de sus bodas, las dos reinas discuten agriamente sobre la nobleza, fama y gallardía de sus respectivos esposos. Kriemhild señala que Sigfrid es superior a Gunther, ya que fue él quien verdaderamente conquistó a Brünhild, y lo demuestra con el anillo y el cinturón de seda de Nínive y piedras preciosas que, durante aquel incidente, el héroe arrebató a reina de Islandia. El caballero Hagen de Trónege, al verla tan atribulada, decide vengar el ultraje. Gunter actuará como cómplice. En esta versión germánica, Sigfrid no será quemado sino sepultado y Brünhild no volverá a aparecer en el poema. Pero todo el dramatismo de su inmolación escandinava será sustituido por el dolor de Kriemhild que hace romper la tapa del ataúd para besar una última vez al héroe, mientras llora lágrimas de sangre.

Kriemhild

La walkyria desaparecerá, junto con Sígurd, de las antiguas historias éddicas arrojándose, como en la Völsunga Saga  y El anillo del Nibelungo, a la pira en la que arde el cadáver de aquél a quien ella misma llevó a la muerte para vengar su inconsciente deslealtad. En varios poemas de la Edda Mayor, pero especialmente en el Sigurdharkvidha hin skamma (Breve Canto de Sígurd), la risa de Brýnhild, en el momento en el que conoce la muerte del héroe, sobrecoge al lector tanto como el meticuloso reparto de sus bienes y la preparación del túmulo funerario en el que, finalmente, arderá junto a él, por propia voluntad. Snorri parece quitarle importancia a la autoinmolación de la walkyria; en su Edda Menor sólo indica que se quita la vida con una espada y que es quemada en la misma pira que Sígurd. Sin embargo, un curioso poema éddico: el Helreid Brýnhildar (Viaje al Hel de Brýnhild) nos la presenta, después de su muerte, camino del Otro Mundo, para reencontrarse con el hijo de Sígmund. Una giganta le cierra el paso recriminándole el perseguir al esposo de otra mujer. Entonces, la walkyria evoca el castigo de Odín y cómo el héroe sin miedo traspasó una muralla de llamas para despertarla, antes de que el engaño se interpusiera entre ambos. Sus sentimientos aflorarán en los últimos versos del poema: ¡Nunca debimos Sígurd y yo vivir separados!

También en el momento en el que Sígurd es asesinado, todo el interés de los  antiguos textos se centra en Gudrún. Su personaje (que es el principal protagonista del Nibelungenlied, con el nombre de Kriemhild, no lo olvidemos) nada le tiene que envidiar al de los demás héroes, ni en grandeza, ni en valor. Es, por lo tanto, muy diferente del que se nos presenta en la Tetralogía de Wagner, al igual que ocurrirá con sus hermanos Gúnnar (Gunther) y Högni (Hagen).

Gudrún y Atli

Con la muerte de Sígurd se cierra el segundo de los cuatro ciclos que componen el antiguo mito de los Niflungar (Nibelungos). Ya ha pasado ante nosotros el ciclo de las mocedades del héroe y el de su final; quedan, por lo tanto, el del final de los burgundios y la muerte de Atli (el Etzel alemán que nosotros conocemos como Atila), precisamente el segundo marido de Gudrún y, además, según algunos cantos éddicos y la Völsunga Saga, el hermano de Brýnhild.                 

Gudrún, Atli y Gúnnar. F. Staffen

En distintos poemas de la Edda Mayor dedicados a Gudrún, pero muy especialmente en uno aristocrático y refinado: el Atlakvidha (Canto de Atli), y otro bastante más realista, personal (el autor anónimo nos da su propia interpretación de los hechos) y probablemente también más cercano a las tradiciones germánicas del sur: los Atlamál (Dichos de Atli), se nos cuenta el destino de Gudrún, sus hermanos y su segundo marido, materia que recogerá, unificádola, la Völsunga Saga. Allí, vemos cómo Grímhild vuelve a usar de sus artes, preparando un filtro para que su hija olvide, en un instante, todas sus penas, y la insta a casarse con el poderoso rey Atli. Sin embargo, su dolor es más fuerte que la magia y nunca alejará de su pensamiento a Sígurd ni a su hijo Sígmund (todavía niño y asesinado junto a él) aunque, a  regañadientes, acceda a una nueva boda. Un tiempo después, presagios siniestros se presentan en los sueños del rey, que desea poseer el tesoro de los Niflungar, ahora, en manos de Gúnnar y Högni. Idea, pues, una treta para asesinarlos invitándoles a un gran banquete; pero Gudrún descubre sus intenciones y previene a sus hermanos de la traición, enviándoles un anillo envuelto en pelo de lobo -según la Dráp niflunga (Muerte de los Niflungos) de la Edda Mayor, este anillo es precisamente el de Andvari, antecedente mítico de nuestro anillo del nibelungo-. También las mujeres de ambos, después de interpretar runas y sueños premonitorios, les ruegan no acudir a la traicionera llamada de Atli; pero de nada sirve: el héroe del Gran Norte nunca intenta esquivar al destino, se esfuerza en apurar su copa hasta la última gota, por muy amarga que sea.

El corazón de un valiente

Gúnnar en el foso de las serpientes. Arte vikingo.

Cuando Gúnnar y Högni se acercan al palacio de Atli, éste les reclama el tesoro de los Niflungar y, ante su negativa, se entabla una gran batalla. La reina se acerca a sus hermanos para intentar una reconciliación, pero, al no conseguirla, se viste con una armadura, empuña una espada y lucha junto a ellos como el más valeroso de los guerreros. Pese a todos los esfuerzos, ambos son, finalmente, apresados y encadenados por el rey de los hunos. Cuando Atli le vuelve a preguntar al rey Gúnnar dónde se encuentra escondido el oro, éste pone como condición ver antes el corazón sangrante de su hermano Högni. Los consejeros del reino matan a un esclavo, le arrancan el corazón y se lo presentan; pero la treta no surte efecto: Lo que veo es el corazón del cobarde de Hjalli, muy distinto del corazón del valeroso Högni, pues aún palpita fuertemente, aunque ni la mitad de lo que palpitaba cuando aún estaba dentro de su pecho. Entonces el rey da orden de arrancar el corazón de Högni que, al oír la sentencia lanza una carcajada, demostrando, por última vez, su valor. Gúnnar no duda: Veo el corazón del valeroso Högni, muy distinto del corazón del cobarde Hjalli, pues late despacio, y latía aún más despacio cuando aún estaba dentro de su pecho. Ahora el hermano de Gudrún tiene la seguridad de que sólo él sabe donde está el tesoro de los Niflungar y, por lo tanto, de que nunca llegará a manos de los hunos, de que nunca saldrá de entre las aguas del Rin. Atli manda arrojarlo a una fosa llena de serpientes a donde Gudrún le lanza un arpa que él consigue tocar, rascando las cuerdas con sus dientes, ya que estaba atado de pies y manos; y lo hace con tal maestría y dulzura que consigue adormecer a todas las serpientes, excepto a una enorme culebra que, introduciéndose por la nariz del héroe, le devora el corazón. Según el Oddrúnargrátr (Lamento de Oddrun, hermana de Atli y enamorada de Gúnnar) de la Edda Mayor es la propia madre del rey de los hunos, la que, convertida en serpiente, asesina a Gúnnar.

Como podemos ver, estos personajes distan mucho del Gunther y el Hagen wagnerianos. Pero aún no hemos contado cómo acaba la historia de su hermana Gudrún.

El festín de Atli

Festín (Nibelungos). B. Brüggemann

El rey de los hunos intentó compensar con oro la muerte de los hermanos de Gudrún, pero ella no lo aceptó. Sólo quiso celebrar sus funerales con un gran banquete en el que, sin saberlo, Atli comió los corazones de los dos hijos que había tenido con la reina y bebió su sangre, mezclada con vino, utilizando sus cráneos como jarra. Previamente Gudrún los había degollado con sus propias manos (lo que nos recuerda al festín de Atreo, de la mitología griega, que mata a los hijos de su hermano Tiestes, los despedaza y se los sirve en un convite). Al conocer la verdad, Atli desea que Gudrún sea lapidada (la muerte más vergonzosa para la mujer en Escandinavia), pero ella, acompañada de un hijo de Högni y aprovechando su sueño, atraviesa con una espada el pecho del rey, le prepara un gran funeral y prende fuego a su palacio con todas sus pertenencias. De esta manera quedaban vengados sus hermanos.

Gudrún ya no quería seguir viviendo, pero aún no era tiempo de cumplir la totalidad de su destino. De su matrimonio con Sígurd había tenido una hija, a la que dio por nombre Svandir (Batalla del Cisne) y que había heredado la penetrante mirada de su padre. Creció en la corte del rey Jónark (que se convertiría en el tercer marido de Gudrún), donde las olas llevaron a su madre al intentar quitarse la vida en el mar. Cuando la hija de Sígurd se había convertido en la más hermosa de las mujeres y estaba en edad de casarse, fue injustamente acusada de amar al hijo de su futuro esposo y condenada a una muerte indigna: pateada por caballos. Pero, para que se cumpliera la sentencia, tuvieron que encapuchar a los animales porque, al mirarlos fijamente, reconocían en ella el brillo de los ojos de los völsungos y no osaban acercarse. Este fue el último dolor de Gudrún. Después de mandar a sus otros hijos a la batalla para vengar a Svandir pudo, al fin, descansar: ¿Recuerdas Sígurd, lo que me decías cuando yacíamos juntos? Que me esperarías o vendrías por mí desde el infierno. Y aquí terminaron sus lamentos...

 

Bibliografía

Cantar de los Nibelungos; Madrid, Cátedra, 1998.
Edda Mayor; Madrid, Alianza Editorial, 2000.
L’Edda poétique (Textos presentados y traducidos por Régis Boyer); París, Fayard, 1992.
Saga de los Volsungos; Madrid, Gredos, 1998.
Sturluson, S.; Edda Menor. Madrid, Alianza Editorial, 2000.
Wagner, R.; El ocaso de los dioses. Madrid, Turner Música, 1986.