Número 160. Zaragoza - Abril 2014
INTERPRETES 

LOS MAESTROS CANTORES DE NUREMBERG A LO LARGO DEL TIEMPO
Parte 1ª: HANS SACHS

            Los siguientes meses, dedicaremos esta sección "Intérpretes" a hacer un estudio sobre los diferentes tipos de voces requeridos en la ejecución de "Los Maestros Cantores de Nuremberg", y de quiénes y en qué circunstancias interpretaron la obra a lo largo de todo el siglo XX.

Este estudio se enmarca en el Especial que Wagnermanía dedica a la obra como preparación  para las tres funciones que se ofrecerán en el Teatro Real de Madrid a finales del mes de junio.

Esta idea de los números especiales es realmente muy buena, y procuraremos repetirla en futuras ocasiones, como por ejemplo con motivo del "Tristán" en el Liceu de Barcelona, o el "Oro del Rin" o el "Lohengrin" del Teatro Real, el año próximo.

"Los Maestros Cantores" requiere un reparto de personajes realmente amplio, tanto en número como en diversidad de tipos vocales.

El reparto según se indica en la partitura es el siguiente:

Maestros Cantores
 

Hans Sachs, zapatero
Veit Pogner, orfebre
Kunz Vogelgesang, peletero
Konrad Nachtigal, hojalatero
Sixtus Beckmesser, escribano
Fritz Kothner, panadero
Baltasar Zorn, estañero
Ulrich Eisslinger, abacero
Augustin Moser, sastre
Hermann Ortel, jabonero
Hans Schwarz, calcetero
Hans Foltz, calderero
 


Bajo
Bajo
Tenor
Bajo
Bajo
Bajo
Tenor
Tenor
Tenor
Bajo
Bajo
Bajo

     

Walther von Stolzing, joven caballero de Franconia
David, aprendiz de Sachs
Eva, hija de Pogner
Magdalene, ama de Eva
Un sereno

 

Tenor
Tenor
Soprano
Soprano
Bajo

 

Pero las indicaciones en la partitura son muy generales y poco indicativas de los tipos vocales que realmente se necesitan. Por ejemplo, la única diferenciación en la voz masculina está hecha entre "tenor" y "bajo", y a los dos personajes femeninos están catalogados simplemente de "sopranos".

De todos modos, sólo el papel de Sachs es típico del fresco vocal wagneriano: un auténtico barítono-bajo. Faltan aquí el tenor heroico (del tipo de Siegfried o Tannhäuser) y la soprano dramática (Brünnhilde o Isolde), tan típicos y necesarios en la mayoría de las obras de Wagner.

Este mes estudiaremos solamente un "Maestro", el protagonista de nuestra historia: Hans Sachs. Lo he querido así porque es un personaje sobre el que merece la pena extenderse ampliamente.

Dejaremos, por tanto, el resto de la Corporación, Walther, David, Eva, Magdalene y el Sereno para los próximos meses.



El personaje protagonista de la obra es sin duda alguna el zapatero Hans Sachs. Creo que ningún personaje wagneriano alcanza tal nivel de complejidad como Sachs (con la excepción, tal vez, de la misteriosa Kundry de "Parsifal"), siendo uno de los personajes mejor delineados de la obra wagneriana como conjunto.

Es el único personaje verdaderamente histórico de Meistersinger. Hans Sachs nació, vivió y murió realmente en Nuremberg entre los años 1494 y 1576, y fue el zapatero-poeta sobre el que Wagner nos habla. Es autor, por ejemplo, de un canto ensalzador de la figura de Martín Lutero, titulado "El ruiseñor de Witemberg".

En esta obra se nos presenta ya maduro, viudo y a cargo de un joven aprendiz, David, que está aprendiendo de él el oficio de zapatero y a la vez el arte del canto. De corazón grande y generoso, es cabeza indiscutible de la corporación de Maestros Cantores de la ciudad de Nuremberg.

Idolatrado por el pueblo que lo reconoce como su líder espiritual, y de quien es único defensor dentro de la burguesa corporación de Maestros.

Pero a la vez, es astuto, muy ingenioso y algo malicioso, como demostrará a lo largo del segundo acto, donde hace de "marcador" con la suela y el martillo mientras Beckmesser canta su amor a una Eva que no es otra que Magdalene.

Su evidente mérito final, y lo que le da la enorme dimensión humana al personaje, es el de renunciar a la mano de Eva en favor de Walther. Como afirma dirigiéndose a Eva:

                        "Niña mía, de Tristán e Isolda conozco una triste historia:
                        Hans Sachs fue prudente y nada quiso de la suerte del Rey Marke".  (1)

El papel requiere a un auténtico barítono-bajo wagneriano, en la línea de Wotan o el Holandés Errante. Tiene que cantar durante un tiempo muy prolongado (el bajo Giorgio Tozzi calculó una vez que el papel requería cantar durante unos cincuenta minutos), manteniendo en todo momento la línea vocal.

Se pide aquí un cantante verdaderamente excepcional, con un centro muy sólido, unos graves bien apoyados y un registro agudo amplio y de fácil acceso. Por ello, un barítono podrá solventar las notas agudas con no demasiada dificultad, pero quedará muy corto en el grave. Un bajo demasiado profundo, no resistirá el ataque de agudos y acabará por fracasar.

Realmente es un papel muy problemático, teniendo en cuenta además que la tesitura requerida se extiende desde el Fa 1 hasta el Sol 3.  (2)

El gran Hans Hotter vestido como Hans Sachs, el papel que parecía hecho a su medida

En general, todos los grandes intérpretes de Wotan han sido magníficos Sachs. Aunque existe la grave excepción del enorme Hans Hotter, el barítono-bajo por definición, que, aún pareciendo predestinado a ello, frecuentó el personaje con poca asiduidad, por razones que ni el mismo ha conseguido explicar convincentemente.

Existen, de todos modos, dos excelentes grabaciones del Sachs de Hotter:

La primera datada en 1949 dirigida por Eugen Jochum (los primeros Maestros tras la guerra en Munich recuérdese que esta obra sube al escenario de la Ópera de Baviera todos los años ). La segunda, del Festival de Bayreuth de 1956, dirigida por André Cluytens, en la segunda producción de la obra tras la guerra en la Colina Verde, muy polémica por la escenografía de Wieland Wagner (llegó a decirse que eran "Los Maestros Cantores SIN Nuremberg"). Véase la fotografía de la escena del segundo acto.

En ambas da cuenta de sus excepcionales dotes canoras e interpretativas, si bien la primera, de 1949, conserva el testimonio de un Hotter menos cansado vocalmente. No hay que olvidar que Hotter padecía fiebre del heno, una enfermedad respiratoria similar al asma, que le dificultaba tremendamente la inspiración de aire (lo que es audible incluso en grabaciones de los años sesenta).

El resto de los grandes traductores de Sachs se comentan a continuación:

Se dice que Friedrich Schorr ha sido el más grande Sachs de principios del siglo. Es probable que sea cierto, pero no hay que olvidar que a partir de mediados de los treinta se resintió muy gravemente en el agudo. Nos han quedado, que yo conozca, dos tomas de su Sachs, ambas del Met: una con Bodanzky en 1936 y otra con Leinsdorf en 1939. Ambas versiones están muy cortadas, costumbre habitual en el Wagner de la "Edad de Oro" del Met. En la segunda, por ejemplo, está ausente una estrofa entera de la "Canción del Premio" y digamos el sesenta por ciento de la "Arenga de Sachs" al final de la obra.

 
El gran Friedrich Schorr caracterizado como Sachs en la zapatería  
Otra fotografía de Schorr como Hans Sachs, leyendo la Biblia en la mañana del día de San Juan

Sin embargo, y pese a todo, Schorr fue un Sachs de categoría, que creo supo comprender la psicología del personaje en buena medida.

Paul Schöffler, de voz tersa con un color extremadamente bello, ha sido uno de los grandes Sachs del siglo XX, afortunadamente documentado en disco en varios registros. Siempre tuvo dificultad con el agudo, aunque ello no merma la calidad de su visión de Sachs.

Es protagonista de la versión de estudio firmada por el insustituible Knappertsbusch del año 1950-51 (DECCA), y de las de Hermann Abendroth y Karl Böhm, de 1943 y 1944, respectivamente.

Escúchese, a modo de ejemplo, el inicio de su Fliedermonologe en la versión de Kna ("Was duftet doch der Flieder", disco 2º, corte 5 de la edición disponible en DECCA Historic). Es de una belleza y calidez apabullante. Es una verdadera lástima que luego falle en los agudos, en algún caso apenas sugerido.

Ya de paso, me permitiré una pequeña recomendación no wagneriana: escúchese su Barak en Die Frau Ohne Schatten ("La mujer sin sombra") de Richard Strauss (grabación de DECCA firmada por un reparto impresionante, encabezado en la dirección por Karl Böhm, aquí inusualmente eléctrico y vivaz). Es realmente sorprendente que el papel del tintorero parezca enteramente hecho a medida de la voz de Schöffler.

Otro de los grandes que merece un comentario aparte es Ferdinand Frantz, buen Wotan (recuérdese la Walkyria de Furtwängler en EMI) y magnífico Marke con Kna (producción de la Ópera de Baviera de 1950, editada por Orfeo D’Or en soporte compacto), marido de la soprano Helena Braun (Isolde en aquella producción, para más señas), con la que cantó habitualmente.

Es, casualmente, el Sachs de las seguramente dos mejores versiones en disco: la de Knappertsbusch de 1955 (en vivo, en la Ópera del Estado de Baviera) y la de Rudolf Kempe (de estudio, de 1956).

Ambas están comentadas por Miguel Ángel González en su artículo de este mes en la sección "DISCOS", así que no me extenderé más. Lean, escuchen y comparen.

Fotografía de Hans Hermann Nissen, gran Sachs de la primera mitad del siglo

Otros Sachs histórico a tener en cuenta es Hans-Hermann Nissen,  protagonista de los raros Maestros de Arturo Toscanini del Festival de Salzburgo de 1937, que concibe un personaje algo a la antigua (lo que no es en absoluto negativo), muy preocupado de cantar con buena potencia y convicción. Magnífico sin duda alguna, y sobrado en el agudo.

Los Maestros de Toscanini salieron hace bastantes años en LP, y  han sido editados en compact disc en varios sellos. El que escribe, de todas formas, sólo posee la edición en LP. El sonido no es demasiado bueno, pero conserva testimonio del gran wagneriano que era Toscanini, y de grandes bazas vocales, no disponibles en otras grabaciones, a saber: la Eva de la maravillosa Maria Reining y el ya comentado Sachs de Nissen.

Además podemos escuchar a Nissen en un registro del Tercer Acto, grabado en 1939, por HMV con Karl Böhm, recientemente reeditado por el sello Pearl (además el doble CD se completa con unos lujosos "bonus" de rarezas wagnerianas de los años 10, 20 y 30 del siglo pasado, es decir, de las primeras generaciones de cantantes dedicados casi enteramente a Wagner).

Otro grande fue Rudolf Bockelmann, que debió ser realmente impresionante, y del que sólo conservamos un registro de cierta extensión del año 1938 de la Ópera de Viena, dirigido por Furtwängler, acompañado por Tiana Lemnitz, Eugen Fuchs, Josef von Manowarda y Georg Hahn.

Mencionaremos también al enorme bajo este sí, bajo puro Josef Greindl, que hizo el esfuerzo de salir de su cuerda para cantar Sachs en Bayreuth en la producción de Wieland estrenada por Hotter en el 56 y de la que ya hablamos (en esa producción, el gran Wieland se hizo un pequeño lío con los repartos, llegando a programar al gran Gustav Neidlinger, el Alberich del siglo, como Sachs). Es realmente maravilloso en lo interpretativo y muy considerable en lo vocal.

Es protagonista de otro de los registros excepcionales de Maestros, el de Knappertsbusch de 1960, acompañado lujosamente por la excelsa Elisabeth Grümmer, el injustamente ninguneado Wolfgang Windgassen, Karl Schmitt Walter (excepcional Beckmesser, como veremos en próximos artículos), Theo Adam (aquí como un joven Pogner), Gerhard Stolze y el inimitable Ludwig Weber (inusual e hilarante Kothner, ya en sus últimos años como cantante activo). La toma sonora es buena, pero la edición de Golden Melodram es francamente mejorable.

Greindl es un Sachs absolutamente destacable. Un artista de pies a cabeza que demuestra aquí su faceta de excepcional liederista (muy recomendable su Winterreise de Schubert), componiendo un Sachs lírico y atento a los matices. Es cierto que se debate con alguna dificultad en el agudo, pero hay que recordar que estamos ante uno de los grandes Hagen o Hunding, un bajo grave y robusto. De todos modos acierta incluso a cantar con gran potencia la terrible "Arenga" final, que es donde terminan de despeñarse los malos intérpretes de Sachs.

Escúchese, a modo de ilustración, el Fliedermonologe (CD 2, track 7 de la edición Golden Melodram). Es de un absoluto lirismo, y salva los agudos sobradamente. Además recomendaría una audición exhaustiva de toda la escena con Beckmesser en el segundo acto, hasta la escena de la pelea. Siempre me ha parecido una escena de un humor desbordante, pero aquí se nota además la magia del teatro, de lo "vivo", de unos intérpretes entregados a sus personajes (carcajadas de Elisabeth Grümmer incluidas). Nótese la intención que pone Greindl en todo lo que dice. Realmente grande y emotivo.

Un gran Sachs podría haber sido George London, otro de los mayores barítonos-bajos de la historia del canto. De él sólo conservamos los dos monólogos principales (el Monólogo del Saúco y el Monólogo de la Ilusión), grabados para DECCA con Hans Knappertsbusch a la batuta. Escucharlos es un verdadero deleite.

Escena del acto segundo de la muy controvertida producción bayreuthiana de Wieland Wagner de 1956. Nótese el enorme seto circular, que simboliza el saúco, sobre la casa de Sachs, colgando sobre el mismo Sachs, que está sentado en su silla (aquí creo que es Hans Hotter), y el banco frente a él, con otro arbusto de menor tamaño detrás (¿la casa de Pogner y el tilo?)

 

Evidentemente me dejo algunos en el tintero: Michael Bohnen (un grande de principios de siglo), Theo Adam (protagonista de uno de los registros de Karajan), Jaro Prohaska (Sachs en los Maestros de Furtwängler de Bayreuth de 1943), Otto Edelmann (el rudo Sachs de la primera producción de Bayreuth tras la guerra en 1951), Karl Ridderbusch y alguno más.

En tiempos recientes hemos escuchado a Bernd Weikl (algo tosco y poco matizado; solución en tiempos de escasez), Wolfgang Brendel (estrella fugaz; no mal Papageno, de todas formas), Robert Holl (muy vetusto, pero bastante convincente en la producción actual de Bayreuth) y Falk Struckmann (un "chico Barenboim", aunque no sé qué demonios ha visto el argentino en él: su voz es fea y su estilo "patanesco", si me permiten la expresión. Su Kurwenal y su Amfortas ya eran una tortura para los oídos. Tal vez en vivo gane, pero eso lo comprobaremos en junio en el Teatro Real).

 

Escena de la pradera del acto tercero, en la misma producción de Wieland en el año 56. El pueblo con los brazos levantados ensalzando a Hans Sachs; delante de él, la figura de Walther y Eva


Y el próximo mes, más y mejor, como se suele decir.

Antes de terminar este artículo, me gustaría comentarles que estoy a su entera disposición para cualquier duda, sugerencia o consulta en mi dirección de e-mail particular, que aparece si "pinchan" con el ratón sobre mi nombre al final de la página. La dirección, en todo caso, es: niblungen@wagnermania.com

(1) En ese momento se escuchan dos motivos de Tristán e Isolda, una auto-cita evidente y genial.La versión española utilizada es la siguiente: Los Maestros Cantores de Nuremberg, Ángel-Fernando Mayo Antoñanzas, 1999. Edición privada.   
(2) Los datos de la tesitura de cada personaje están extraídos del libro del profesor Ramón Regidor, Tristán e Isolde, Maestros Cantores, Parsifal, publicado por Real Musical, Madrid, 1982.