Número 197 - Zaragoza - Mayo 2017
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"¿QUIEREN USTEDES ESCUCHAR A WAGNER?"

El pasado 7 de julio Daniel Barenboim interpretó el preludio de Tristan und Isolde con su orquesta de la Staatskapelle de Berlín. Esto no sería noticia si la obra no hubiese sido interpretada en Festival de Música de Israel, país en el cual la música de Wagner está vetada, al considerarla manifestación artística del nazismo.

Barenboim, director argentino criado en Israel siempre ha defendido que no interpretar la música de Wagner es darle la razón al propio Hitler, que afirmaba que "los judíos no eran dignos de la música de Wagner". Por eso había planeado ya hacía meses dirigir el drama La Walkyria, con Plácido Domingo como Siegmund, en el Festival de Música de Israel, algo con lo que la dirección del festival estaba de acuerdo.

La música de Wagner estuvo prohibida en Israel por ley hasta hace dos décadas, levantándose el veto al inicio de los 80. A pesar de ello, son pocas las representaciones que del músico de Leipzig se han podido ver en Israel. En 1981, Zubin Metha dirigía una representación de Tristan e Isolda con la Orquesta Filarmónica de Israel cuando un espectador saltó al escenario, se despojó de su camisa y enseñó al público las heridas sufridas en un campo de exterminio nazi. De ahí la valentía del Festival a programar La Walkyria.

No obstante, la presión de las autoridades israelitas no se hizo esperar: el Centro Simón Weisenthal de Los Ángeles apeló al Tribunal Supremo de Israel para que prohibiera tal representación. Su portavoz, Efraím Zuroff, aseguraba que "el mismo Hitler dijo que cualquiera que quisiera entender el Nacional Socialismo no tenía más que escuchar a Wagner". El Festival sucumbió a las presiones y el pasado 11 de mayo se decidió a retirar la obra de cartel y sustituirla por otras "menos molestas" para el pueblo judío.

La polémica hubiera quedado zanjada en ese momento de no ser por el firme propósito de Barenboim de romper prejuicios contra el músico alemán. Tras un concierto con obras "políticamente correctas" (una sinfonía de Schumann y la Consagración de la Primavera de Stravinski), el director se dirigió al público y pronunció una frase que seguro pasará a la historia: "¿Quieren ustedes escuchar a Wagner?".

Tras un momento de confusión, los detractores de la música del alemán empezaron a increpar e insultar a Barenboim, con gritos de "fascista", "vete a casa", y recordando como la música de Wagner sonaba en los campos de concentración nazis. Sin embargo, tres cuartas partes del público empezaron a aplaudir aprobando la decisión del director. El público más intransigente abandonó la sala y el preludio de Tristan pudo escucharse por fin en la sala.

Tras el concierto las reacciones en contra volvieron a aparecer con fuerza. El alcalde de Jerusalén, Ehud Olmert, sugirió revisar los contratos con el director de orquesta, y el pasado 24 de julio la Comisión de Educación y Cultura del Parlamento israelí instó a las instituciones del país a declarar persona non grata a Barenboim, pidiendo a su vez la dimisión de los responsables del Festival de Israel por no haber impedido la interpretación de la música de Wagner. Por su parte el Centro Simón Wiesenthal pidió a las orquestas de Israel que boicotearan a Barenboim porque su actitud fue un "insulto al público israelí y a su presidente, Moshé Katsav".

Agosto 2001