Número 194 - Zaragoza - Febrero 2017
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POSTOPERATORIO: 2º ACTO DE TRISTAN E ISOLDA EN GRANADA

Tristán e Isolda (2º acto). 55 Festival de Granada. Palacio de Carlos V. Domingo, 9 de julio de 2006, 22:30. Katarina Dalayman (Isolde), Michelle de Young (Brangäne), Ben Heppner (Tristan), René Pape (rey Marke), Stephan Rügamer (Melot). Staatskapelle Berlin. Director: Daniel Barenboim.

Había expectación por comprobar lo que la Staatskapelle y su director vitalicio harían en este concierto de clausura del 55 Festival de Granada, después de dos veladas decepcionantes, con sendos Mahler (Primera y Novena) deslavazados y de pobre respuesta orquestal, un Entwartung de Schoenberg con una inadecuada Angela Denoke (hay quien ve en esta mujer a una estrella del canto) y un 23 de Mozart que puso en evidencia que los dedos se niegan a obedecer a quien apenas practica, por mucha clase que tenga, clase indiscutible que se apreció en el sublime Adagio .

El reparto fue prácticamente insuperable hoy día, muy superior en conjunto al de hace seis años en Madrid y al que vi en Berlín en el Festtage 2003. Heppner venía de cantar Turandot en el Covent Garden dos días antes. Llegó cansado. Entró en el escenario con el tiempo justo (pensé que no llegaba nunca) para colocar un imponente “Isolde! Geliebte!” y abrir parsimoniosamente la partitura sobre el atril. Estuvo sensacional... hasta que, en un momento dado, se despistó. Ocurrió en parte por su culpa, en parte porque Barenboim no le dio la entrada. Y como éste dirige de memoria, no le ayudó, siguió a lo suyo, y el tenor canadiense se puso nervioso porque transcurrieron unos segundos de indecisión, que se hicieron eternos, durante los cuales calló hasta que logró encontrarse y volver a conectar con la orquesta. El fallo pasó factura. Cuando se sentó durante una larga intervención de Isolda, antes del “O sink hernieder”, estaba visiblemente molesto consigo mismo. Barenboim le dedicó un gesto cariñoso para tranquilizarlo, pero ya no fue lo mismo. Empezó dubitativo el “O sink hernieder”, falló clamorosamente el piano de “Nacht der Liebe” (Heppner tuvo problemas constantes para apianar) y aunque se recuperó y tuvo grandes momentos en la segunda mitad del dúo y cantó muy bien el “O König, das kann ich dir nicht sagen”, queda la sensación de que hubo un antes y un después del despiste. Pese a todo, desdijo a quienes opinan que está en decadencia y que su voz no es la apropiada para Tristán. ¿Tienen alguna mejor?

Me sorprendió gratamente la Isolda de Katarina Dalayman, de voz muy bella, oscura (más que la de Brangäne) y volumen descomunal. Algo justa de matices y estridente en el agudo (al menos desde mi localidad, en la fila 7 del patio de butacas), fue una Isolda poderosa, sin fisuras. Una voz muy a tener en cuenta. Su paso a la cuerda de soprano ha sido todo un acierto (*).

La voluptuosa Michelle DeYoung (muy guapa, cerca de 190 cm de estatura y aspecto de hermana pepona de Nicole Kidman) fue una estimable Brangäne. No lució todo lo que podría haberlo hecho en la advertencia desde la atalaya por su colocación detrás de la orquesta. Quizá desde el primer piso, donde la acústica del recinto, el patio circular del palacio, mejora apreciablemente, se la oyó bien, pero en el patio de butacas la voz quedó totalmente sepultada por la masa orquestal.

La aparición repentina de Melot y Marke en el primer piso del palacio de Carlos V fue un buen golpe de efecto. El todoterreno Stephan Rügamer (¡cuánto ha envejecido este hombre!) cumplió sobradamente como Melot. Bien por el tiempo transcurrido, bien por la ausencia de escena, el infalible René Pape ha atemperado su superlativo rey Marke. Aunque sigue pareciendo demasiado joven para el papel, ha abandonado el “Marke zumosol” que le vimos en el Real, irascible, violento, que zarandea a Tristán, y ha adoptado el tono apesadumbrado que uno espera del engañado rey. Abrasado por el inclemente foco (acabado el concierto, después de abroncar a una señora que se acercó para pedirle un autógrafo gritando “¡Pape! ¡Pape!”, se quejó del calor) adoptó una posición más retrasada, refugiándose en la penumbra, lo que contribuyó a aumentar el impacto de su aparición en lo alto. La voz de más calidad de un elenco sobresaliente tuvo una intervención incontestable; un Marke cantado y sentido con inhumana perfección.

Sin duda Barenboim y la Staatskapelle Berlin le tienen cogida la medida a Tristán e Isolda. El director argentino-israelí-español adora la obra (con ella debutó en el Festival de Bayreuth en 1982), que conoce al dedillo (la dirige sin partitura), y la ha dirigido en su Staatsoper unter den Linden en multitud de ocasiones. Con Wagner se transmutaron y dieron lo mejor de sí mismos, que es mucho. Atrás quedaron los fallos estrepitosos de los metales, el fraseo alicorto, los tempi erráticos, arbitrarios, del cuestionado Mahler de los dos conciertos precedentes. En su lugar, ofrecieron un Wagner intenso, sin llegar al paroxismo (Barenboim ata corto a la orquesta impidiendo los excesos), de sonoridades compactas, respirado, fraseado, fluido. Por fin orquesta y director hablaban un lenguaje familiar, y eso se notó.

© Miguel Ángel González Barrio

(*) D. Claudio Briones, de Estocolmo, viejo conocido de los usuarios veteranos de Wagnermanía, me señala con razón en un correo-e que Dalayman siempre ha sido soprano. Para su examen, nada más terminar sus estudios, cantó Sieglinde en el primer acto de La Walkyria, y su debut profesional fue como Amelia en "Simon Boccanegra". Y, en efecto, repasando su carrera, el único papel de mezzo que encontramos es el de Brangäne en la MET (hay grabación en DVD). La verdad es que Dalayman es un portento, ¡lo canta todo y muy bien!: Brangäne, Kundry, Sieglinde, Brünnhilde, Isolde, Marie-Marietta (Die tote Stadt), Marie  (Wozzeck), Salomé... Agradezco desde aquí a D. Claudio su amable correo y el haberme sacado de mi error, por el que pido disculpas a los lectores.

Septiembre 2006